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Gabi juega, Griezmann golea y el Atlético está en octavos

Dos tantos del francés dan el pase a un ambicioso Atlético que ahoga al Galatasaray con una presión asfixiante

Atlético, 2 - Galatasaray, 0
Griezmann hace su primer gol al Galtasaray. Getty

La presión alta ha caracterizado a algunos de los mejores equipos de la historia. El Ajax, el Milan o el Barcelona han marcado y marcan, en el caso de los azulgrana, diferencias con su intención de agobiar la salida del balón del contrario. La ejecución depende lo mismo de una colocación correcta que de la confianza que tengan los jugadores para realizarla. La presión arriba es un signo de fortaleza y el Atlético de Madrid ahora mismo se siente un equipo robusto para desempeñarla. A lomos de ese recurso que también subraya la intención de ir a por los partidos con más acelerador que freno los rojiblancos lograron su pase a los octavos de final. En Lisboa, en el mismo estadio en el que rozó la Copa de Europa hace dos temporadas, tendrá que imponerse al Benfica si quiere terminar como primero del grupo.

Atlético, 2 - Galatasaray, 0

Atlético: Oblack; Gámez, Giménez, Godín, Filipe Luis; Koke, Gabi, Tiago (Saúl, m. 74), Carrasco (Óliver Torres, m. 70); Fernando Torres y Griezmann (Vietto, m. 67). No utilizados: Moyá, Savic, Correa y Juanfran.

Galatasaray: Muslera; Denayr (Adin, m. 24), Chedjou, Kaya, Balta (Gümüs, m. 77); Kisa (Bulut, m. 62) , Karacan; Sarioglu, Sneijder, Öztekin; y Podolski No utilizados: Gönen, José Rodríguez, Günter y Emre Colak.

Goles: 1-0. M. 12. Griezmann, de cabeza, tras un centro de Gabi. 2-0. M. 65. Griezmann, de nuevo a pase de Gabi.

Árbitro: Nicola Rizzoli (ITA), amonestó a Olcan Adin.

Vicente Calderón. Unos 50.000 espectadores.

Con la presión apabulló en su campo al moribundo Galatasaray, que tuvo un espasmo a los diez minutos con un disparo cruzado de Sneijder que cepilló la base y después no pudo más que resignarse a ese ahogo al que le sometió el equipo de Simeone. En esa capacidad para asfixiar al rival han emergido como claves Tiago y Gabi. Los dos dieron un recital de posicionamiento y en el caso del capitán se le vio muy fino con la pelota. Si alguna vez fue mediapunta, y lo fue en edad juvenil, anoche lo rememoró. Primero con una rosca de salón para que Griezmann reventara la red de Muslera. Después con un doble caño y un pase raso para que de nuevo el francés solo tuviera que empujar la pelota, esta vez con la pierna izquierda. Al Atlético siguen sin aparecerle los delanteros puros para embocar, pero de momento le vale con la eficacia de Griezmann. Seis de los goles que lleva este curso han abierto el marcador, lo que habla de su trascendencia como abrelatas y su peso como jugador obligado a desequilibrar los partidos.

Desde la falta de ambición en el once y el bochorno con la pelota en Astana se ha apreciado una notable mejoría en el juego y en la disposición para jugar en campo contrario. El resultado es el crecimiento con la pelota de algunos futbolistas como Koke, que ahora juega más centrado. Ese cambio lo ha originado la irrupción del atrevido Carrasco, que anoche no paró de percutir con desmarques al espacio y con alguna que otra virguería marca de la casa. Fue una amenaza constante. El interino Taffarel sabía que en ese flanco tenía mucho que perder y le puso dos laterales enfrente, Sabri y Denayer. A este primero lo rompió literalmente con una bicicleta a la carrera.

Carrasco, una tortura

Para entonces ya había marcado Griezmann el 1-0. La jugada nació de un robo arriba perpetrado por Gámez. La pelota acabó en el tobillo de Gabi, que le puso el plátano a Griezmann. El cabezazo fue categórico y libre de marcas por el movimiento de arrastre de Torres al primer palo. No le llega el gol 100, pero en trabajo para el equipo y en movimientos no defrauda.

Si Carrasco en la banda izquierda fue una tortura para la defensa del Galatasaray, en la otra banda, Gámez también hizo mucho daño. Primero con esos saques de banda que convierte en córners y después con varias incorporaciones. En ausencia de Juanfran, Gámez ha logrado lo mejor que se le puede pedir a un suplente: que no se note la falta del futbolista al que suple. Suyo fue un centro pasado nada más comenzar el segundo tiempo que Koke empaló en el segundo palo para encontrarse con Muslera.

Nada hizo el Galatasaray más allá de tratar de evitar una goleada. Sneijder, su jugador destinado a encauzar el juego, agota sus últimos días entre algún disparo lejano, los lanzamientos a balón parado y alguna llegada desde la segunda línea. Con el segundo tanto, con esa maravilla de maniobra previa de Gabi, cerró el Atlético un partido que empezó a ganar desde esa presión alta que le da un aire más ambicioso.

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