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El día que el Bernabéu estalló

Algunos aficionados protestan en el Bernabéu el pasado sábado.
Algunos aficionados protestan en el Bernabéu el pasado sábado. EL PAÍS

Hay que ser muy ingenuo para pensar que el único problema del Madrid es su entrenador. O el empequeñecimiento futbolístico de Cristiano, que corre paralelo al engrandecimiento de su masa muscular. O Bale. O Casillas, que ya no está y a ver a quién echamos ahora la mierda encima. O, en fin, cualquiera de los 13 jugadores que el sábado se dejaron cortar la cabeza por un Barça maravilloso, al que Rafa Benítez calificó de “buen equipo”. Hay que ser muy torpe para pensar que el problema del Madrid es táctico, o físico, de gimnasio, de pizarra, de logaritmos, de fuerza, de ganas. Y hay que ser muy, pero que muy corto de vista para no observar que el problema del Madrid nace y muere en la primera fila del palco donde el sábado se solazaba parte del Gobierno, con Mariano Rajoy a la cabeza, a la siniestra de Florentino Pérez, una legión de excelentísimos a quienes ese “buen equipo”, que dice Benítez, arrojó un 0-4 a la cara.

Mayo del presente año. Carlo Ancelotti sabe que ya no es entrenador del Real Madrid. Pero él sigue trabajando con sus futbolistas porque nadie le ha dicho que ya no es entrenador del Real Madrid. Tiene noticias de su inminente despido gracias a las estrellas del periodismo deportivo televisado que, entre exclusiva y exclusiva, le arrean tantos guantazos que ya no se sabe si le queda alguna ceja en su sitio. “Florentino, tienes que echarle”, vociferan al borde de la combustión. No lo entiende el técnico italiano. Y menos, sus jugadores. A él se le fichó para un proyecto de tres años tras dejar Mourinho el vestuario como una pocilga. En el primero logra la Copa del Rey y la décima Copa de Europa. ¡La Décima! En el segundo encadena 22 triunfos consecutivos, lo nunca visto en el fútbol europeo. Pero le echan, ¿por qué coño le echan? Y alguien se lo pregunta al dueño del palco y el dueño del palco balbucea “pues mire usted, realmente no lo sé”, respuesta que merece un sitio de honor en la antología de frases vacías, esa que acapara Rajoy.

Decía Juanma Trueba hace unos días en el diario As: “El Real Madrid no necesita un buen entrenador. Necesita un buen entrenador para el Real Madrid”. Quizá Florentino Pérez, tras el motín de la afición pañuelo en mano, despida a Benítez más pronto que tarde. O quizá despida al director deportivo. ¡Ah, no, que es él mismo! Su problema es que no sabe, ni quiere, pensar a largo plazo. Lo intentó con Mourinho, su favorito, hasta que al portugués se le fue la mano con la piromanía. Antes había pasado por ahí Pellegrini, al que despidió porque al por entonces director de un periódico deportivo le dio por vomitar portadas.

Son malos tiempos para ser el entrenador del Madrid. Y peores para ser su presidente. El próximo miércoles, un juez decidirá si los cambios en los estatutos del club son legales. Cambios que tienen que ver con que se pidan 20 años en vez de 10 de antigüedad para poder aspirar a la presidencia y que, además, se ponga el 15% del presupuesto como aval personal, esto es, que lo certifique un banco, circunstancia que no se maneja en ley alguna. En definitiva: que si usted no tiene 20 años de antigüedad como socio del Madrid y no posee en su cuenta corriente 88 millones de euros, ¿qué pinta aquí? ¿Pero quién no tiene 88 millones en el banco? Informan las agencias de noticias que la empresa ACS, propiedad de Florentino Pérez, ha conseguido en Australia la adjudicación de una autopista por 2.875 millones de euros. El Madrid que preside Florentino Pérez se fue este verano a hacer la pretemporada a Australia, sitio ideal, como es de sobra conocido, para la preparación de una plantilla destinada a quitarle el trono del fútbol mundial a un “buen equipo”.

(Dicho esto, y a la espera de la llegada de la policía, se despide atentamente).

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