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Un error de Giménez castiga al Atlético ante el Deportivo

El equipo gallego empata y casi gana un partido en el que comenzó muy reservón

Giménez, desconsolado tras finalizar el partido.
Giménez, desconsolado tras finalizar el partido. EFE

Al fútbol todavía lo rescata el pillabán, el futbolista de arrabal que destroza cualquier plan táctico; lo matiza el error, que siempre acecha para convertir en aleatorio lo que muchos tratan de controlar. Un fallo de Giménez, un acierto de Lucas Pérez volteó un partido que controlaba el Atlético y que hasta pudo ganar el Deportivo en los instantes finales con un disparo a la madera, un empate al que le faltó fútbol y le sobraron precauciones.

Era de inicio el Deportivo del siglo XXI en Riazor, pero podía haber sido el Pescara o el Catanzaro en los setenta y en la Italia futbolística más gris. Unos llevan la fama y otros la adjetivan, pero desde hace muchos años a la primera parte que escenificó el equipo de Víctor Sánchez del Amo ante su gente se le llama catenaccio. Seguramente la idea no se acabó de matizar, quizás la versión blanquiazul se mostró tan solo a la mitad y al intensivo repliegue debía acompañarle el despliegue para que tras cada recuperación el equipo subiese líneas y agregase compañía a su único delantero. No fue así. El Deportivo defendió con diez hombres y en ataque su plan fue el de hasta luego Lucas, balón largo y que el punta se buscase la vida, un bucle en el que el equipo no ganaba metros y dejaba la pelota al Atlético.

Deportivo, 1 - Atlético, 1

Deportivo: Lux; Laure (Juanfran, m. 75), Lopo, Sidnei, F. Navarro; Fayçal Fajr, Mosquera, Borges; Fede Cartabia, Lucas Pérez y Jonás Gutiérrez (Luis Alberto, m. 68). No utilizados: David Gómez, Arribas, Álex Bergantiños, Medunjanin y Jonathan Rodríguez.

At. Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Filipe Luis; Gabi, Tiago (Fernando Torres, m. 82), Koke; Carrasco (Correa, m. 60), Jackson Martínez (Saúl, m. 71) y Griezmann. No utilizados: Moyá, Jesús Gámez, Savic y Óliver Torres.

Árbitro: Pérez Montero. Amonestó a Fayçal Fajr.

Goles: 0-1, m. 34. Tiago; 1-1, m. 76, Lucas Pérez.

Riazor. 24.608 espectadores.

Ocurrió que a Simeone no acabó de gustarle lo que veía. Se incomodó de inicio porque sus chicos hacían demasiados pases antes de buscar la ruptura. Les hizo ver a voz en grito que en el inicio de las acciones era preciso tener más prestancia para evitar que el Deportivo echase el candado al mar. Se afinó el Atlético en esa suerte, pero se pasó media hora larga sin poner en aprietos a Lux. Si ese era uno de los objetivos iniciales, no cabe duda de que los locales estaban haciendo su trabajo. Mientras tanto, eso sí, el poblado graderío de Riazor se sumió en un desacostumbrado letargo. Hay otro fútbol y a la gente le apasiona a veces incluso tanto como el triunfo.

A la media hora parecía evidente que el Deportivo tenía más problemas de los que dejaba entrever que su portero apenas se hubiese estirado. Sin salida, con cuatro zagueros, tres mediocentros y dos extremos que no habían dado ni una sola carrera hacia delante se le desmontó el teatrillo tras una serie de rebotes en su área que solventó Tiago con un remate a la red desde la frontal. En el inventario de disculpas cabe recurrir a aquella de que el Atlético marcó en su primera llegada. También había sido el único de los dos equipos capaz de mirar hacia la portería del rival, siempre encimado y constreñido a manejarse en espacios casi inexistentes, pero también punzante sobre todo cuando el balón le llegaba a Carrasco, que mostró las cualidades que adornan su eclosión, sobre todo una gran capacidad en la conducción y potencia para no ser derribado.

Marcó el Atlético y pudo repetir antes del descanso tras un córner en el que el Deportivo decidió vaciar el área y Godín remató en el área pequeña al palo. O cuando sobre la bocina Griezmann cabeceó al lateral de la portería. Al Deportivo lo mejor que le pudo pasar fue tomar el camino de la caseta, abrir puertas y ventanas y llamar a ese otro fútbol, al que emociona, que ya se vio que con el otro plan incluso a veces también se pierde. En la derrota encontró la audacia. Subió líneas, viró el partido, siempre con querencia a salir de atrás saltándose la medular. Se replegó entonces el Atlético, pero al contrario que antes el Deportivo supo aliviarse y ganar metros tras las pérdidas del rival.

No había apretado mucho el Dépor, pero en cuanto oteó la primera nubecilla Simeone abrió el paraguas, retiró a Jackson y montó un trivote con la aportación de Saúl. Respondió Víctor cambiando de lateral derecho y al minuto sucedió lo inopinado, lo que no se pinta en la pizarra porque en la calle nunca las hubo: Giménez trató de acunar un balón sobre la línea de fondo y Lucas Pérez lo peleó hasta el último centímetro, se lo llevó, lo gestionó con categoría y firmó el empate. Entró Fernando Torres por Tiago con diez minutos por delante, pero el que no volvió fue el catenaccio porque el Deportivo no sólo se plantó diez metros más arriba que en la primera parte y encontró tantas salidas que hasta pudo llevarse los puntos con una impecable rosca de Fayçal Fajr que se estrelló en la cruceta.

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