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Juanjo Lobato, un gaditano que cree en San Remo

Dos años después de la retirada de Óscar Freire, otro español sueña con ganar la ‘classicissima’

Juanjo Lobato
Juanjo Lobato, tras derrotar a Degenkolb en la etapa de Alhaurín de la última Vuelta a Andalucía. AFP

Sagan, Kristoff, Cancellara, Matthews, Kwiatkowski, Gilbert, Degenkolb, Gallopin…

Lee Juanjo Lobato, de Trebujena, Cádiz, las listas de favoritos que para la Milán-San Remo de hoy publican medios y webs y tuits de aficionados de todo el mundo, y como no ve su nombre entre ellos suspira de satisfacción. “Mejor que no cuenten conmigo, así no me vigilarán tanto”, dice el sprinter del Movistar desde Italia, donde, dice, no hay un segundo en el que no piense en la classicissima, el primer monumento del año, no sueñe con ganar el llamado Mundial de primavera en el que el año pasado, en su debut, un día de frío, lluvia y valor, terminó cuarto. “Me gusta y me encuentro preparado”. Lo dice unos días después del entrenamiento más largo de su vida: 285 kilómetros de Mónaco a San Remo tras coche. En la carrera, el domingo (15.30, Tdp), lucirá el dorsal 154.

“Ya veo que Lobato está motivado, ya”, dice Óscar Freire, a quien le alegra que después de su retirada, y la de Juan Antonio Flecha, los dos últimos ciclistas españoles ganadores con alma de clasicómano, surjan nuevos corredores con la ambición y la voluntad de destacar en las carreras de un día, y que no pasen casi 50 años, como los que transcurrieron entre Poblet y él, para que vuelva a ganar un español junto al Mediterráneo encrespado. “Hizo cuarto su primer año, lo que algo dice, pero no siempre es igual. Es uno de los candidatos. Es joven y valiente, pero entre ganar y no ganar parece que hay un nada, pero la diferencia es grandísima, y uno nunca es el dueño de su destino. Yo la he ganado tres veces, y no siempre cuando mejor estaba. El año que más en forma me veía, más fuerte, por ejemplo, no gané. Parece una lotería, pero el que gana es siempre es un campeón. Y puedes participar 20 años y salir como favorito y ver cómo cada año te gana uno diferente, y no ganar nunca”. Desde 2007, exactamente, ha habido siete ganadores diferentes. Nadie repitió desde Freire, quien se retiró en diciembre de 2012 y disfruta haciendo de ebanista sus horas de jubilado a los 39 años.

La San Remo se corre desde 1907 y no es una lotería, sino un misterio del que nadie conoce los secretos. Es la clásica más larga, casi 300 kilómetros (293 exactamente, desde la Iglesia Roja, a las afueras de Milán, hasta la línea de meta, pintada de nuevo, tras ocho años de ausencia, en la Vía Roma, allí donde Freire logró, en 2004 y 2007, sus dos primeras victorias), y de menores dificultades, que, exceptuando el Turchino oscuro, el monte que separa Lombardía de Liguria, la meseta brumoso de la costa que se espera hoy ventosa y nublada, se concentran en los últimos 30 kilómetros, desde San Lorenzo al Mare, el pueblo donde nace la Cipressa —y donde nació Bonifazio, joven ciclista italiano de talento y velocidad al que le gusta hacer gambas a la plancha en la playa y ganar carreras a lo Freire—, la colina que enlaza poco después con el Poggio, la última subida, el lugar donde nace la duda: ¿los atacantes podrán llegar, salvado el descenso, hasta vía Roma? ¿Los sprinters, sus equipos, resistirán y enlazarán?

“Este año contamos con un arma más que el año pasado, tenemos a Valverde”, dice Lobato, de 26 años y ya tres victorias este año, y dos sobre Degenkolb en Andalucía, quien no dudará en el Poggio, pues sabe que su única esperanza será llegar en grupo. “Para atacar, para contrarrestar ataques, ya estará el Bala. Y yo correré mucho más tranquilo”.

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