Nadal coge impulso

Tras remontar un 1-6 en el 'tie-break' ante Berlocq, el balear jugará su primera final desde Roland Garros 2014

Nadal golpea la pelota en el duelo ante Berlocq.
Nadal golpea la pelota en el duelo ante Berlocq.ALEJANDRO PAGNI (AFP)

Intentar ganar a Rafael Nadal con revés a una mano es como querer subir el Himalaya sin botella de oxígeno: se puede hacer, pero es muy difícil. Carlos Charly Berlocq, el número 74 del mundo, no pudo hacerlo en semifinales del torneo de Buenos Aires (7-6 y 6-2), por mucho que afrontara la montaña con piernas fuertes y pulmones como fuelles. El tenista de Chascomús, corajudo siempre, llegó a adelantarse por 6-1 en el desempate de la primera manga y con break en la segunda, pero acabó inclinándose para dejar paso al español, que disputará ante Juan Mónaco su primera final desde la de Roland Garros 2014 y buscará también su primer título desde aquel lejano de París, que logró en junio.

En una época de sinsabores, marcada por sus problemas físicos (espalda, muñeca y apendicitis en 2014) y la falta de continuidad en el circuito, competir por un trofeo no es poca cosa para el número cuatro mundial, que a los 28 años necesita de buenas noticias que le refuercen en el convencimiento de que el sufrimiento diario merece la pena.

Del torneo de Río al de Buenos Aires, el campeón de 14 grandes ha ganado en movilidad y precisión

El número 74, valiente y decidido en la propuesta, sufrió lo que tantos otros antes que él. El drive alto de Nadal le obligó a buscar la pelota por encima del hombro y eso fue royendo poco a poco sus energías y la precisión general de su juego. La pesada pista en la que se juega en Buenos Aires tiene un doble efecto en el juego del español: le quita filo a sus tiros, que siempre han brillado más en pistas un poco más rápidas, y al mismo tiempo le permiten defenderse con más solidez que en Rio, donde varias veces acabó asfixiado cuando intentó imponer uno de sus contraataques impensables. De un torneo al otro, el campeón de 14 grandes ha ganado en movilidad y precisión. Sigue manejando con dificultades las ventajas, como se vio en las bolas de break desaprovechadas en la primera manga, pero cada vez se encuentra con más frecuencia en situaciones favorables.

El valor de la final está en las formas con las que la ha alcanzado

El despertar de Nadal no se mide por la importancia del torneo, una cita de categoría 250 en la que no han abundado los nombres con pedigrí ni las raquetas de peso. El valor de la final está en las formas con las que la ha alcanzado. A falta de pruebas mayores, se movió mejor que en Río, recuperó algo de seguridad con el revés y su posición en pista no fue tan retrasada, lo que le permitió mandar algo más y dificultar que le dominaran.

Faltan muchas cosas todavía para ver al Nadal que arrollaba a sus contrarios con un tenis inmisericorde. Él, que siempre fue un gran estratega distinguido por saber adaptarse sobre la marcha, ha dejado muestras de malas lecturas de los puntos, incluso en algunos intercambios que ha ganado. Sin embargo, en la comparación con el torneo anterior, la progresión es ascendente. En 2015, este tenista compite desde dos constantes: los altibajos y el convencimiento de que con trabajo mañana será mejor que hoy.

Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción