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Cheryshev y Bruno doblegan a la Real Sociedad y dan ventaja al Villarreal, que siempre quiso más que un tímido conjunto vasco

Gerard Moreno pelea el balón con el Xabi Prieto. Ampliar foto
Gerard Moreno pelea el balón con el Xabi Prieto. EFE

Siempre fue mejor el Villarreal. Siempre quiso más que una Real demasiado tímida, que nunca se estiró, que se limitó a dejar pasar los minutos con el empate a cero, esperando un regalo caído del cielo. No llegó ese tanto afortunado y sí dos cambios de Marcelino que cambiaron la faz de un partido soso. Cheryshev y Bruno le dieron un plus a su equipo, que pudo reflejar en el marcador su acuciado dominio a lo largo de todo el encuentro. Fue un tanto muy a lo Villarreal, con un excelente pase de Bruno a Cheryshev que el ruso cruzó con maestría ante Zubikarai.

VILLARREAL, 1-REAL, 0

Villarreal: Asenjo; Mario, Gabriel, Dorado, Jaume Costa; Rukavina (Cheryshev, m. 62), Pina, Jonathan (Bruno, m. 62), Moi Gómez; Gerard Moreno y Gio (Vietto, m. 74). No utilizados: Juan Carlos; Víctor Ruiz, Espinosa y Uche.

Real Sociedad: Zubikarai; Carlos Martínez, Mikel, Íñigo Martínez, Yuri; Markel (Gorka Elustondo, m. 81), Granero; Xabi Prieto, Rubén Pardo, Hervías (Canales, m. 59); y Finnbogason (Agirretxe, m. 59). No utilizados: Bardají; Aritz Elustondo, Gaztañaga y Castro.

Gol: 1-0. M. 71. Cheryshev, tras un gran pase de Bruno.

Árbitro: Gil Manzano. Amonestó a Jaume Costa, Yuri y Canales.

El Madrigal. Unos 10.000 espectadores.

Faltaban 20 minutos para la conclusión y el equipo local buscó todavía un segundo tanto que pudiera ser definitivo en el desarrollo de la eliminatoria. La Real, en cambio, incluso se conformó con el 1-0. Sin Vela no tiene gol y Finnbogason ni despega ni apunta nada positivo. El Villarreal es favorito, sin duda, para pasar a cuartos, salvo que la Real decida tomarse en serio la vuelta. Da la impresión de que Moyes piensa mucho más en la Liga, donde anda necesitado de puntos.

La Copa se había puesto bonita para Villarreal y Real Sociedad. El vencedor de la eliminatoria se enfrentará al ganador del Almería-Getafe, con lo que las semifinales no son ninguna utopía para dos equipos con capacidad para progresar en el torneo. Se lo tomó más en serio el Villarreal, más dinámico e intenso que una Real demasiado a la expectativa.

El conjunto de Moyes venía de derrotar al Barcelona y apenas mantuvo el espíritu de esa estupenda victoria. Se confió a que pasaran los minutos y a esperar un error del Villarreal. Pudo llegar el regalo en un despiste de Gabriel, a los 11 minutos, pero Finnbogason demostró que no está para muchos trotes. Muy lento, permitió que el defensa se rehiciera con rapidez. A partir de ahí, todo lo que se vio en ataque lo propuso el Villarreal. No es que los de Marcelino bordaran el fútbol con un equipo mezcla de titulares y suplentes, pero sí fueron capaces de ofrecer excelentes pinceladas. En una de ellas, Gerard Moreno abrió a la banda para que Moi Gómez le diera el pase de la muerte a Gio. El mexicano, que formó de inicio junto a su hermano, demostró, una vez más, que tiene mucho más fútbol que gol. Su remate al aire mostró sus complicaciones a la hora de definir. La otra gran ocasión del Villarreal la protagonizó su hermano, Jonathan. De nuevo una estupenda combinación de los locales y disparo peligroso del centrocampista que se marchó fuera por muy poco.

La Real no tiró a la puerta de Asenjo, espectador de lujo. Quiso sacar provecho de la ineficacia de los delanteros del Villarreal, de que su acoso no se convirtiera en gol. Ni la entrada de Canales le ayudó. Hasta que Marcelino dijo basta. Aparecieron Cheryshev y Bruno de una tacada y todo cambió. Bruno avisó con un gran lanzamiento de falta y acertó luego con un medido pase al extremo ruso. Zubikarai no llegó. El toque de Cheryshev, ajustado y preciso, proporcionó una buena ventaja para su equipo.

El Villarreal ganó y no recibió ningún gol en casa. Ingredientes básicos en una eliminatoria que debe dejar resuelta en Anoeta a no ser que la Real espabile. Y no parece que el conjunto de Moyes quiera apelar a la épica. Queda lejos el espíritu de la Real de los 80 en el vetusto estadio de Atocha. Eso sí que era fútbol británico.

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