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Galimatías en Vitoria

El proyecto del Baskonia se instala en la inestabilidad con su quinto entrenador en dos años y un desfile de fichajes: 45 en cinco cursos

Heurtel habla con Ibon Navarro en el partido ante el Gipuzkoa
Heurtel habla con Ibon Navarro en el partido ante el Gipuzkoa EFE

En 32 años de historia de la Liga ACB nadie ha sido capaz de rebatir el bipartidismo de Barça y Madrid mejor que el Baskonia. Desde que a mediados de los 90 se asentara en la élite del baloncesto español, el club vitoriano ha sacado lustre a sus vitrinas con tres Ligas, seis Copas, cuatro Supercopas y una Recopa además de dos subcampeonatos de la Euroliga y cinco presencias en la final four entre otros logros. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el vigor competitivo del equipo languidece al mismo ritmo que mutan sus proyectos y sus plantillas.

El pasado jueves, tras caer 66-86 ante el Estrella Roja en la quinta jornada de la Euroliga, Marco Crespi fue destituido con un pírrico balance de cuatro victorias en 12 partidos al frente del banquillo del Laboral Kutxa. El italiano llegó en verano al Buesa Arena para reemplazar a su paisano Sergio Scariolo con la misión de enderezar el rumbo de un conjunto que, tras una década de fiabilidad, se quedó fuera de las semifinales ligueras en las dos últimas temporadas. Pero no dio con la tecla. “La ilusión de entrenar al Baskonia era como un sueño. La pasión que tiene el mundo baskonista es de calidad, pero las cosas no han salido como quería. Lo siento. Tengo muchas opiniones, pero por respeto no es el momento de hacer más valoraciones”, se despidió Crespi.

Cogió la pizarra Ibon Navarro, ayudante de Spahija, Ivanovic y Scariolo en Vitoria —y también de Olmos en Menorca y Perasovic en Valencia—, con experiencia en categorías inferiores y amplio conocimiento de la casa, pero sin currículo como primero. “Este equipo tiene un problema psicológico”, espetó sin remilgos en su primer análisis. “Hay que tratarlo. Esto no quiere decir que no se haya hecho antes, pero quizá hay que hacerlo ahora de otra forma”. El sábado frenó la cuesta abajo del equipo con una victoria balsámica ante el Gipuzkoa (79-62), pero la sensación de provisionalidad se ha instalado en Vitoria.

Desde 2010, el presupuesto del equipo ha pasado de 17,5 millones de euros a 11

Paradójicamente, el éxito marcó el punto de inflexión. El título de Liga de 2010 (3-0 ante el Barça) dio paso a las estrecheces de la crisis económica y al caos de la planificación deportiva. El presupuesto se redujo progresivamente de los 17,5 millones de euros del curso 2009-10 hasta los 11 de este curso, alejándose de los dos grandes y bajando del podio de la Liga. Se agotó el efecto del látigo de Ivanovic, dueño del banquillo durante nueve temporadas entre 2000 y 2012, y comenzó el baile de entrenadores (Tabak, Scariolo, Crespi), de fichajes inconsistentes y de temporeros fugaces. “El reajuste económico llevó a una apuesta por jugadores jóvenes y eso siempre es un riesgo. La inexperiencia es un hándicap para soportar la presión y con malos resultados siempre se pierde la paciencia”, analizó Scariolo poco antes de su salida.

Desde la temporada 2010-11, 45 jugadores se han puesto la camiseta del Baskonia sin alcanzar ninguno de ellos más de un curso de permanencia en un equipo que, en los últimos años, asiste a un desfile interminable de contrataciones. La pasada campaña llegaron 10 nuevos y el club llegó a inscribir hasta 20 jugadores. En esta, cuando apenas se ha disputado mes y medio de competición, ya han sido cortados cuatro y la suma de fichajes llega a 12. Sólo San Emeterio, capitán con ocho temporadas en el equipo, resiste la volatilidad. El santanderino es el único español de una plantilla sin raíces. Un galimatías.

Vujacic, ante el Gipuzkoa
Vujacic, ante el Gipuzkoa DIARIO AS

Josean Querejeta, arquitecto del proyecto desde que asumiera la presidencia de la entidad en la temporada 1988-89 tras la dimisión del entonces máximo gestor José Emilio Santamaría y la etapa provisional de Emilio Ruiz, ha perdido en este tiempo recursos y, a la vez, su acreditado tino para descubrir joyas en el mercado. Con criterio y anticipación, Querejeta construyó equipos de muchos quilates que consolidaron al club en la cima y lanzaron las carreras de jugadores como Arlauckas, Perasovic, Nicola, Tomasevic, Prigioni, Calderón, Oberto, Nocioni, Scola, Splitter o Teletovic. Pero ahora Vitoria es estación de paso y el Baskonia sólo se gana titulares mediante insustanciales golpes de efecto. En marzo aterrizó Lamar Odom con la escarapela NBA. Estuvo 21 días en Vitoria, con un impacto mediático inversamente proporcional a su productividad en pista: 23 minutos de juego, dos derrotas, dos puntos, cuatro rebotes y dos tapones.

Acostumbrado a exportar talentos a la NBA, el Baskonia patinó en el ensayo a la inversa, pero hace dos semanas volvió a insistir en la fórmula, acotando eso sí los márgenes de riesgo. Fichó al esloveno Sasha Vujacic y dio la baja a Orlando Johnson. Un doble campeón de la NBA con los Lakers, de 30 años y 2,01 metros, que comenzó la temporada con los Clippers y tras un breve paso por Italia recaló en Vitoria para subirse a un barco en mitad de la tormenta. Suma 20 minutos y 10 puntos repartidos en tres partidos de Liga y 72 minutos y 23 puntos en otros tres de Euroliga. El equipo es décimo en la competición nacional (tres victorias y cuatro derrotas) y cuarto en su grupo europeo (2-3). Querejeta sigue tocando teclas en busca del mítico carácter baskonia. Por el momento, cualquier tiempo pasado fue mejor.

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