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Inevitable

El futuro de Orenga quedó escrito el miércoles pasado con la derrota ante Francia y los gritos contra su gestión

Juan Antonio Orenga, en rueda de prensa. Ampliar foto
Juan Antonio Orenga, en rueda de prensa. EFE

Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. El futuro de Orenga quedó escrito el miércoles pasado con la derrota ante Francia y los gritos contra su gestión, que volvieron a ser escuchados el domingo durante la final, por lo que su continuidad como seleccionador era insostenible desde todos los puntos de vista. Primero, porque con todos los peros en forma de un único mal partido, los resultados deportivos no han sido los esperados y, como cualquier entrenador, su calificación es rehén de ellos. Segundo, porque con razón o sin ella, que nadie es poseedor de la verdad absoluta, la afición ha cargado casi unánimemente contra él. Tercero porque las declaraciones de Navarro al terminar el partido, Reyes durante el torneo, Pau o Sito Alonso ayer mismo, sembrando dudas o incidiendo en la sensación general de que el partido clave ante Francia no fue bien preparado, le ha dejado aún más a los pies de los caballos. Seguramente (o igual no) todos ellos hablaban del grupo en general, pero con ellas han desmontado la principal defensa que hizo el ya exseleccionador en sus primeras declaraciones públicas, en las que no se cansó de repetir que fue cuestión de una mala ejecución más que de una deficiente planificación.

Y cuarto por una obviedad. La pieza más prescindible, el eslabón más flojo de toda la cadena era Orenga. Puestos a dar al pueblo una cabeza, todas las papeletas llevaban su nombre. Por tanto, hay que dar por lógica su marcha. Lo siento por él, pues su comportamiento personal ha sido intachable y se habrá tenido que tragar algún que otro sapo, pero la otra posibilidad, su continuidad, además del instaurado debate sobre sus capacitaciones, hubiese introducido un elemento de ruido y polémica en el futuro que no viene bien a nadie.

El eslabón más flojo de la cadena era él. Puestos a dar al pueblo una cabeza, las papeletas llevaban su nombre

Eso no quita para que el anuncio me haya producido cierta sorpresa, pues la premura con la que se ha dado a conocer deja en papel mojado mucho de lo dicho por el presidente de la federación y el propio Orenga en los primeros días post-desastre. Uno habló de tiempo de reflexión, de no tomar las decisiones en caliente, el otro de tener ganas y energía para seguir. Pienso que el seleccionador ha sido de nuevo chivo expiatorio. Quizás lo más sensato por su parte, ya que como suele decir, es sobre todo un empleado de la federación, hubiese sido poner su cargo a disposición de forma inmediata una vez consumado un fracaso de considerables proporciones. Con ello asumía su parte de culpa y dejaba en manos de los mismos que le nombraron la responsabilidad sobre su continuidad. Con su inmolación, voluntaria o forzada, sin duda le hace un favor a su jefe.

Según los rumores que corren sobre su sustituto la opción Scariolo parece la más factible

Según los rumores que corren sobre su posible sustituto, y teniendo en cuenta la absurda norma que impide a un entrenador ACB dirigir la selección, la opción Scariolo parece la más factible. Ni a la selección ni al propio Sergio les ha ido bien la separación que pactaron hace dos años, y conociéndose todas las partes, federación, entrenador y jugadores, el cambio sería menos traumático. Pero la realidad que ha mostrado este campeonato obliga a no dejarlo por zanjado con un cambio de cromos en la dirección técnica. Hubo más, lo intuíamos y empezamos a conocerlo, que atañe a jugadores y al propio modelo de la federación. Saber con quién se puede poder contar para el complicado camino abierto y si al modelo de autogestión casi total hay que darle una vuelta son decisiones que los protagonistas tendrán que meditar. Mientras tanto, el único pecador seguirá siendo Orenga.

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