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Recital de Di María ante Alemania

El exmadridista,autor de tres asistencias de lujo y un golazo, guió a la Albiceleste a propinar una paliza a la campeona del mundo en Dusseldorf (2-4)

Di María celebra su gol, el cuarto del encuentro ante Alemania. Ampliar foto
Di María celebra su gol, el cuarto del encuentro ante Alemania. AFP

Argentina, guiada por un Di María estratosférico, autor de tres asistencias y un golazo de cuchara, se tomó una suave pero anecdótica revancha ante Alemania, su verdugo en la final de la Copa del Mundo en Maracaná, tras ganar el amistoso que enfrentaba este miércoles en Düsseldorf a las dos finalistas del Mundial de Brasil, en un partido que había sido planificado por sus respectivas federaciones meses antes de que ambas selecciones coincidieran en la cita brasileña.

El duelo debía servir de exhibición para la flamante campeona del mundo, que estrenaba ante su público -con un orgullo poco disimulado y entre grandes celebraciones- su camiseta adornada con cuatro estrellas. En realidad, ocurrió todo lo contrario. La Albiceleste dio un recital de buen fútbol, de juego limpio, sencillo, directo y eficaz. Terriblemente eficaz. Lo disfrutó Gerardo Martino, que se estrenaba también en el banquillo tras dejar el Barcelona el pasado curso. El 'Tata' no había convocado a Messi ni a Higuaín, pero sabía que podía contar con un hombre pletórico, que anda actualmente en una nube, en un sitio en el que solo están los grandes, Ángel Di María.

ALEMANIA, 2 - ARGENTINA, 4

Alemania: Neuer (Weidenfeller, m. 46); Grosskreutz, Ginter, Höwedes (Rüdiger, m. 77), Durm; Kramer, Kroos (Rudy, m. 71); Schürrle (Müller, m. 57), Reus, Draxler (Podolski, m. 33); Goméz (Götze, m. 58).

Argentina: Romero (Andújar, m. 80); Zabaleta (Campagnaro, m. 77), Demichelis, Fernández (Pérez, m. 46), Rojo; Biglia, Mascherano, Peréz; Lamela (Gago, m. 68), Agüero (Gaitán, m. 83), Di María (Álvarez, m. 86).

Goles. 0-1. M. 20. Agüero. 0-2. M. 40. Lamela. 0-3. M. 47. Fernández. 0-4. M. 50. Di María. 1-4. M. 52. Schürrle. 2-4. M. 78. Fernández, en propia puerta.

Árbitro. Bjorn Kuipers (Holanda).

Estadio. Esprit Arena de Düsseldorf. Unos 54.000 espectadores.

El jugador, recientemente vendido por el Real Madrid al Manchester United en un traspaso que generó mucha discusión en Chamartín entre el presidente Florentino Pérez y su vestuario, fue el artífice de la demostración sudamericana. El volante argentino exhibió todo su repertorio de gran clase. Fue el autor de tres asistencias milimétricas, incluso una que dibujó de tiro libre, y anotó un gol de vaselina tras cumplir una carrera de 30 metros, la cual pasó por encima del hombro de Weindenfeller, que había tomado cinco minutos antes el relevo de Neuer en la portería con la misión de apagar las llamas que había encendido en el primer período el propio Di María.

Di María se convirtió en un verdugo ácido que amargó la multitudinaria fiesta alemana y redujo a Mario Götze, el héroe del Maracaná y autor de uno de los dos goles de la Mannschaft, en un muñeco de cartón. Se lo quemó también. Nada podía detener al Fideo, que destacó más que de sobra durante el encuentro también debido a la fuerte remodelación que dio Joachim Löw, el seleccionador alemán, a su once titular. Löw experimentó una defensa con tres jugadores, Grosskreutz, Ginter y Durm, que no disputaron ningún partido en el Mundial. Solo Höwedes había jugado en Brasil. Löw experimentó y también se quemó. Así lo había decidido Di María, que estropeó la fiesta alemana.

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