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El Infante Felipe se declara atlético

El 11 de enero de 1976 fue escogido por la Familia Real para acudir por primera vez a un espectáculo deportivo

Don Juan Carlos y Don Felipe, en su primer partido. Ampliar foto
Don Juan Carlos y Don Felipe, en su primer partido. El País

El 11 de enero de 1976 se enfrentaron el Atlético y el Madrid en el Manzanares. El Madrid era el líder. Era la jornada diecisiete, última de la primera vuelta. Se trataba de la primera Liga de la Transición. Franco había muerto el noviembre del año anterior. Aquel partido fue escogido por la Familia Real para acudir por primera vez a un espectáculo deportivo. En realidad, para asistir por primera vez a un gran evento público. Acudieron el flamante Rey, Don Juan Carlos, su esposa, Doña Sofía, y el hijo varón, Felipe. Hoy Felipe VI, Rey de España. Entonces, un niño al que le faltaban tres semanas para cumplir los ocho años.

Fue un partido apasionante, ganado por el Atlético por 1-0, gol de Leal. Para situar mejor al aficionado en la época, estas fueron las alineaciones:

Atlético: Reina; Capón, Eusebio, Pereira, Panadero Díaz; Marcelino (Bermejo, 45'), Alberto, Leal; Leivinha, Gárate (Aguilar, 85') y Ayala.

Madrid: Miguel Ángel; Uría, Benito, Pirri, Camacho; Del Bosque, Velázquez, Netzer; Amancio, Santillana y Roberto Martínez.

As tenía entonces una pareja de reporteros, Heras Lobato con la pluma y Antonio Alcoba con la cámara, que hacían una página de ambiente, con entrevistas en el palco y en las gradas, muy seguida. Se publicaba en la última el día siguiente al partido bajo el epígrafe Show en las Gradas. Ese día, Heras Lobato entendió que lo suyo era ir a por la Familia Real:

Al partido acudió Felipe VI, hoy Rey de España. Entonces, un niño al que le faltaban tres semanas para cumplir los ocho años

—Pedimos permiso, claro, y Santos Campano, el vicepresidente, preguntó a alguien y nos dijeron que sí. Nos sorprendió la poca bulla que había en torno al Rey. Me refiero a acompañantes, seguridad y todo eso. Mucho menos que Franco, que iba a las finales de Copa mucho más custodiado y rodeado. ¡Y Juan Carlos ya era el Rey!

Juan Carlos les vaciló cariñosamente. Falseó la voz, les dijo que estaba afónico, y les encaminó hacia su hijo. Y ahí se produjo la revelación que tanto dio que hablar en adelante.

Lo que sigue es la reproducción del tramo del reportaje en el que el protagonista es Felipe, tal como se publicó el día siguiente, 12 de enero de 1976:

"—Mira, estos señores quieren hablar contigo.

El príncipe sonrió y dijo que 'bueno'.

—¿Has visto muchos partidos?

—No.

El Rey aclaró:

—Es el primero que ve en el campo.

—¿Le está gustando?

El Príncipe, un poco cohibido, respondió:

—Mucho.

—¿De qué equipo es?

No lo dudó un instante:

—Del Atlético.

El padre sonrió. Todos sonreímos. El Príncipe se hizo el amo por el desparpajo con que dio la respuesta. Alguna mujer hasta le dijo un piropo al niño. Y luego comentó: 'Es sólo una criatura y se ha ganado a España".

—¿De qué equipo es?-— preguntaron los periodistas. El chico no lo dudó un instante: —Del Atlético

La victoria colocó como líder al Atlético. Aunque al final esa Liga la ganaría el Madrid, el Atlético sería campeón de Copa, con un 1-0 sobre el Zaragoza. Marcó Gárate y aquel fue su último gol. Una prematura y rara lesión pudo con él. Aunque aún se llamó Copa del Generalísimo, porque Franco vivía cuando empezó la temporada futbolística, la entregó el Rey Juan Carlos. A su lado, el niño Felipe sonreía feliz en las fotos. Algunas radios captaron sus palabras ese día y de nuevo se manifestó Atlético.

Al Atlético, que entonces presidía Calderón, le alegró mucho aquella inclinación atlética de Felipe y la cultivó. Le hicieron padrino de los actos del LXXV Aniversario, que culminaron con un Atlético-Brasil como cierre de una tarde-noche festiva en la que Rafaella Carra cantó embutida en cuero negro aquello de que para hacer bien el amor había que venir al Sur, enloqueciendo a la parroquia. Los hijos del vicepresidente, Salvador Santos, hicieron amistad con él y la familia visitaba con frecuencia La Zarzuela, en muchas ocasiones con Vicente Calderón. Mientras los chicos jugaban, Juan Carlos aprovechaba para que ellos le comentaran cosas de la calle.

Al Madrid, de clara tradición monárquica (lleva el título de Real y la corona por concesión de Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI) aquello le gustó a medias. Raimundo Saporta, en sus encuentros off de record con periodistas en su chalé de la calle Serrano, solía deslizar que no era tan así, que como era bien sabida la filiación madridista del padre, se había lanzado la especie de que Felipe era del Atlético para compensar. Un poco para no alarmar demasiado a Cataluña, decía.

Al Madrid, de clara tradición monárquica (lleva el título de Real y la corona por concesión de Alfonso XIII), aquello le gustó a medias

El Atlético manejó la relación a través de Santos Campano, por un lado, y Antonio Villacieros, Jefe de Protocolo de la Casa Real, por otro. Casi cada año le regalaban una equipación. También le enviaron reproducciones de los trofeos y algún regalo más. De todas esas cosas ha hecho donación ahora, convertido ya en Felipe VI, y el Atlético las exhibe en su museo (muy recomendable, por otra parte, una gran obra de Pablo Ornaque) situado en los bajos del estadio. También Cerezo, actual presidente, cuidó esa relación. En un simpático acto regaló a Felipe y Letizia unos patucos del Atlético para el primer bebé que viniera.

Con todo, hay gente que lo pone en duda. Los que han tratado al nuevo rey le encuentran más bien escéptico con el fútbol. Los atléticos se sintieron decepcionados cuando al besamanos en La Zarzuela no invitó a Cerezo y sí a Florentino, pero la invitación a éste no fue hecha como presidente del Madrid, sino de ACS.

Curiosamente, esta Supercopa enfrenta a doble partido al Madrid y al Atlético y el partido de vuelta será en el Manzanares. El mismo partido en el que debutó como aficionado e hizo su declaración atlética. Aún no se sabe si acudirá ni si hará la entrega. La Supercopa la suele entregar Villar.

Pero al cabo de los años, Heras Lobato no tiene dudas:

—Mira, no sé si ahora es o no es, si le gusta o no el fútbol. Pero aquel niño era del Atleti, seguro. Se le veía en la mirada, en la sonrisa, en lo contento que estaba.