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El grande fue el juvenil

Munir, futbolista del filial, firma dos goles y participa en otro para impulsar al Barcelona ante un Helsinki simplón

Rafinha (12) felicita a Munir e Iniesta a Sergi Roberto. Ampliar foto
Rafinha (12) felicita a Munir e Iniesta a Sergi Roberto. AFP

Hace cuatro meses, el 14 de abril, el día en el que el Barcelona juvenil ganó por primera vez la Champions frente al Benfica (0-3), el nombre de Munir El Haddadi (Madrid; 1995) se hizo eco en el Camp Nou. El delantero soltó un zapatazo desde su propio campo para marcar un gol de aúpa, de esos que se guardan en la memoria colectiva. También firmó otra diana y con eso le alcanzó para cobrarse un puesto de titular en el filial en detrimento de Dongou, desterrado también Sanabria porque en diciembre decidió firmar con Roma, que lo cedió al Sassuolo. “Tiene una gran proyección, da pasos muy grandes. Estamos encantados porque cuando juega siempre aporta”, le elogió Eusebio, entrenador del Barça B. Lo mismo ha apreciado Luis Enrique en esta pretemporada porque siempre le ha dado carrete, como ayer ante el Helsinki (0-6).

HJK HELSINKI, 0 – BARCELONA, 6

HJK Helsinki: Törnes (Eriksson, m. 25); Baah (Lehtinen, m. 70), Viitikko (Heikkila. M. 70), Heikkinen (Morsa, m. 60), Lampi (Moren, m. 60); Alho (Lassas, m. 46), Schüller (Mannstrom, m. 46), Perovuo (Lod, m. 70), Savage (Zeneli, m. 46); Kandji (Konan, m. 70) y Väyrynen. No utilizados: Forsell y Grönroos.

Barcelona: Masip; Montoya, Piqué (Ié, m. 46), Bartra, Jordi Alba (Grimaldo, m. 60); Sergi Roberto (Deulofeu, m. 60), Busquets (Samper, m. 60), Iniesta (Rakitic, m. 46); Munir (Sandro, m. 60), Rafinha (Halilovic, m. 60) y Pedro. No utilizados: Bravo y Ter Stegen.

Árbitro: Mattias Gestranius (Finlandia).

Goles: 0-1. M. 6. Munir. 0-2. M. 9. Sergi Roberto. 0-3. M. 17. Munir. 0-4. M. 25. Piqué. 0-5. M. 50. Bartra. 0-6. M. 83. Sandro.

Estadio Olímpico de Helsinki. 40.352 espectadores.

Persistió Luis Enrique en la alineación que utilizó frente al Nápoles, con los retoques de Masip bajo los palos, empeñado como está en repartir las oportunidades y los minutos entre los porteros antes que de afianzar a uno, y de Sergi Roberto en el eje por Rakitic. Un once que evidencia la apuesta de la dirección deportiva, pues todos estaban formados en La Masia. Y todos eran del primer equipo menos un juvenil que fue el grande, Munir.

Ocurría que hasta ahora el extremo, habitual ariete en el filial, no daba el punto y seguido a sus desmarques, sensacionales por la arrancada y por la intencionalidad. Falló ante el Niza y el Nápoles cuatro envites con los porteros, una fatalidad extendida en el equipo porque hasta la fecha contaba dos goles en tres partidos, uno de Joan Román y otro de Xavi de penalti (forzado, eso sí, por Munir). Pero el Helsinki no era un rival de altura, equipo sin capacidad ni aspiración por tener el esférico, encerrado en su área a verlas venir. Y a Munir no lo vieron. Tampoco a Iniesta.

Disfruta el 8 con la pizarra de Luis Enrique, que al sacar la pelota desde atrás utiliza a Busquets de tercer central para correr por los costados, el 3-5-2 que desde hace varios años se usa en el calcio y que potenció Van Gaal en el Mundial, entre otros. Todo un abanico de líneas de pase para Iniesta: bien a la carrera de los carrileros; bien al punta; bien a las rupturas de los extremo por el interior. Así, probó dos asistencias infructuosas a Rafinha y Munir, pero a la tercera, de cuchara y a lo Laudrup, volvió a conectar con Munir, que la cazó al vuelo con el empeine y la envió a la red. Repitió después, tras el quiebro de Pedro y el swing delicado de Rafinha, que puso el balón al punto de penalti, donde el punta se despegó del rival con un paso lateral y puso la cabeza para estampar el balón en el palo y a la red.

Pero Munir siguió a lo suyo, pues le devolvió a Sergi Roberto una pared que acabó en gol. A la fiesta se sumaron los centrales Piqué y Bartra, y resuelta la contienda el Barça desaceleró porque era un homenaje al exjugador azulgrana Litmanen. También se dio la rueda de cambios, tiempo para subrayar la facilidad en la composición de Rakitic, la desenvoltura de Deulofeu para descontar rivales y la potencia de Sandro, que remató la goleada.

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