El Wimbledon de los miedos

Pese a sus problemas de espalda, Nadal "arriesga" con el saque, igual que Djokovic afronta el torneo con malas sensaciones en una muñeca y Murray con la presión de defender el título

Rafael Nadal, durante la exhibición de Hurlingham.
Rafael Nadal, durante la exhibición de Hurlingham. Justin Setterfield (Getty Images)

Rafael Nadal se entrena solo. No le acompaña ningún tenista que le dé réplica desde el lado contrario de la pista. No hay ningún entrenador que le guíe. Con la única compañía de Rafael Maymò, su fisioterapeuta, el número uno mundial pisa la hierba de Wimbledon y bajo el sol se dedica durante casi una hora a un ejercicio que subraya qué le preocupa antes de que el torneo arranque el lunes: el campeón de 14 grandes saca, saca y saca en solitario, solo hacia un lado de la pista, y aumentando progresivamente la velocidad del servicio, como si valorara el estado de su espalda, que tantos problemas le ha dado desde que en enero se inclinó en la final del Abierto de Australia. Que el dos veces ganador en Londres (2008 y 2010) prepare así su debut del martes, contra el eslovaco Klizan, refleja lo que les espera este año a los favoritos en la catedral del tenis. Este es un Wimbledon para valientes, porque también es el Wimbledon del miedo. Un torneo al que las raquetas más prestigiosas llegan rodeadas de preguntas y de dudas.

Roger Federer posa con el cuadro en el que sus compañeros le agradecen su paso por la presidencia del Consejo de Jugadores, que deja ahora.
Roger Federer posa con el cuadro en el que sus compañeros le agradecen su paso por la presidencia del Consejo de Jugadores, que deja ahora.Tom Dulat (Getty Images)

Nadal y la espalda. "Estoy entrenándome más horas de las que suelo, y lo positivo es que la rodilla [izquierda] me está dando esa oportunidad", explicó el mallorquín, que el viernes ganó en la exhibición del Hurlingham a Robredo y que se siente mucho mejor preparado para afrontar la hierba que en 2012 (derrota en segunda ronda) y 2013 (primera). "Este es el torneo más peligroso del año. Al principio, las sensaciones en pista son un poco extrañas y los partidos se deciden en unas pocas bolas. Hay que convertir esas pequeñas oportunidades. Me siento mejor este año que los anteriores: me muevo con más libertad, no estoy tan asustado con la rodilla", se sinceró el mallorquín. "¿Que hay un poco de miedo siempre con la espalda...? Sí, pero en lo que pienso es en cómo jugar bien en Wimbledon. Eso pasa por sacar y arriesgar un poco, y si pasa, habrá pasado".

Djokovic y la muñeca. Perdida la final de Roland Garros, el grande que más ambiciona, porque es el único que le falta, Novak Djokovic llega a Wimbledon pendiente de la muñeca derecha: "Los primeros días, con el cambio de superficie, tuve sensaciones extrañas", explicó sobre los dolores que ya le hicieron ausentarse del Mutua Madrid Open en primavera. "Pasar de la superficie más lenta [tierra] a la pista más rápida [hierba] requiere tiempo y grandes ajustes", argumentó el serbio, que dedica meticulosos mimos a su antebrazo antes de cada práctica, y que en el último minuto se dio de baja en la exhibición donde se iba a probar sobre césped. "No siento dolor ahora mismo, espero que siga así".

Federer y la edad. "Según cumples años aprecias más las cosas. Sé que ya no me quedan 15 Wimbledons por delante", admitió Roger Federer, el heptacampeón, que celebró en la edición de 2012 su último grande. Camino de los 33 años, la raqueta del genio suizo ha perdido peso en el circuito, pese a que acaba de celebrar sobre césped el título de Halle. "Este año estoy más relajado mentalmente, porque todo está funcionando como quería", dijo cuando le preguntaron por las diferencias entre cómo se siente ahora y en 2013, cuando cedió en segunda ronda contra Stakhovsky. "Estoy en paz conmigo mismo", cerró el número cuatro mundial, que conoce un dato preocupante para sus intereses: en las últimas 42 temporadas nadie celebró un grande pasada la frontera de las 33 primaveras.

Murray y la presión. El lunes, a las 14.00, hora de España, Andy Murray pisará el césped de la central de Wimbledon. Ese es el turno reservado para el campeón defensor del título. El último coletazo de su triunfo de 2013, que fue el primero de un tenista británico en 77 años (Fred Perry). Todas las miradas se dirigen hacia el escocés: suya es la presión de competir en casa cargando con la presión de su condición de favorito, la novedad de una nueva entrenadora (Amelie Mauresmo) y las dudas que despierta su juego desde que a finales del curso pasado se operó de la espalda.

Sobre la firma

J. J. M.

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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