FUERA DE JUEGO
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Abucheos

La protesta de una parte del público contra la presidenta de Brasil en el partido inaugural inflamó las redes sociales e incendió la precampaña de las elecciones de octubre

 Los presidentes de Brasil, Dilma Rousseff; Paraguay, Horacio Cartes; Ecuador, Rafael Correa; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon (i), y el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, entre otros, asisten al partido inaugural del Mundial.
Los presidentes de Brasil, Dilma Rousseff; Paraguay, Horacio Cartes; Ecuador, Rafael Correa; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon (i), y el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, entre otros, asisten al partido inaugural del Mundial. SEBASTIÃO MOREIRA (EFE)

El fútbol comenzó a jugarse en Brasil entre finales del XIX y principios del siglo pasado. Llegó de manos de ingleses o de familias pudientes de origen inglés, por lo general relacionadas con los negocios cafeteros de la época o con la construcción de vías férreas en un país inmenso que empezaba a despertar para la industria. Así, el fútbol fue, en principio, una cosa de finolis que, sobre todo, se vanagloriaban de su fair-play. Hasta el punto de que en un partido jugado en 1889 en São Paulo, un defensa exagerado advirtió al árbitro de que no había pitado un penalti que acababa de cometer. No se registraron las caras de sus compañeros, aunque tal vez estuvieran de acuerdo con el gesto. No sé qué pasaría con ese defensa si se le ocurriera hacer lo mismo en cualquier partido de este Campeonato del Mundo.

Pero volvamos a los tiempos de esa caballerosidad algo afectada, que, por otra parte, no podía durar demasiado. Pronto, además de las élites que acudían a ver los partidos sin increparse para luego tomarse un vinito caro todos juntos, se acercó a los campos la gente normal, un signo de la poderosa atracción popular de este deporte. Algunos veían el juego subidos a los tejados o a los árboles. Enseguida hubo quien se declaró seguidor de un equipo o de otro, de un jugador o de otro, y comenzaron los silbidos cuando el árbitro, cuando las faltas, cuando el delantero no la mete o el defensa no la despeja, en fin, qué les voy a contar. Pero ¡ah! aquellos eran (todavía) otros tiempos y hubo intentos para detener lo imposible: en 1904, un redactor del Jornal do Commercio de São Paulo escribía: "Antes de acabar esta noticia, tenemos que hacer una gran objeción a gran parte de los espectadores (…) que abuchearon a los jugadores y al árbitro por algún hecho ocurrido en el terreno de juego que no fue de su agrado. (…) Esperemos que estos actos tan reprobables no se repitan".

Se repitieron, claro. Y de qué manera. Hasta hoy. En el partido inaugural, en São Paulo, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff fue abucheada por los espectadores (la mayoría de clase media-alta) e insultada. La misma Rousseff, un día después, quitó hierro al asunto. A una periodista de la revista Istoe , el mismo día del partido, sonriendo, le dijo, quitando importancia al hecho: "Ay, querida, esto es la vida misma". Pero la cosa inflamó las redes sociales, en un sentido y en otro, incendió la precampaña electoral de las elecciones de octubre e hizo reaccionar a los líderes de todos los partidos políticos brasileños.

Uno daría un brazo por saber lo que habría escrito el educadísimo (y algo tiquismiquis) redactor del Jornal do Commercio de haber presenciado la escena.

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Sobre la firma

Antonio Jiménez Barca

Es reportero de EL PAÍS y escritor. Fue corresponsal en París, Lisboa y São Paulo. También subdirector de Fin de semana. Ha escrito dos novelas, 'Deudas pendientes' (Premio Novela Negra de Gijón), y 'La botella del náufrago', y un libro de no ficción ('Así fue la dictadura'), firmado junto a su compañero y amigo Pablo Ordaz.

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