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Mundial de fúlbol Brasil 2014

Los superhéroes de Italia 90 que enamoraron a Costa Rica

Una selección casi artesanal inspira una película que recoge el inicio del fútbol profesional en el país centroamericano

Stefan Schwarz y Hernán Medford, en Italia 90.
Stefan Schwarz y Hernán Medford, en Italia 90.

Miguel Gómez era un niño de 7 años el 11 de junio de 1990, cuando la selección mayor de fútbol de su país, un equipo casi artesanal, debutaba en una Copa Mundial contra Escocia. Vivía en el centro de San José y ese lunes era día de asueto por decreto del Gobierno. Se había duchado temprano para hacer lo mismo que casi todos en este país centroamericano: sentarse frente al televisor a ver cómo los tercermundistas futbolistas ticos se comportaban frente a los escoceses. Miguel, que combinó ese juego con el suyo propio en el parque al lado de su casa porque era probable la derrota, se aprestaba a conocer a sus futuros héroes y los de muchos de los 3 millones de pobladores de entonces. Costa Rica derrotó a Escocia un gol a cero.

18 años después, Miguel había terminado sus estudios de cine en Los Ángeles y trabajaba en la película Iron Man cuando pensó que sería bueno hacer una película de los súper héroes de su país. Se preguntó quiénes habían sido sus ídolos de la niñez y supo entonces que algún día haría una película sobre la selección de fútbol de Italia 90, con aquellos ‘cenicientos’ que hincaron a Escocia por un gol, cayeron por la mínima con el Brasil de Careca y vencieron a Suecia para clasificarse a la segunda fase. Entonces Checoslovaquia aplastó a Costa Rica (4-1) y la dejó en la posición 13 de 24 selecciones, pero ya ese verano italiano era imborrable en la memoria de este país de pocos triunfos deportivos.

Y en este 2014, con Costa Rica a punto de participar en su cuarto Mundial de Fútbol, Miguel estrena su película con una alta expectativa nacional en un país que tampoco es de hacer cine. Los jugadores de Italia 90 siguen siendo ídolos incluso para quienes nacieron después; para la afición costarricense ellos representan el coraje y la humildad que deben adoptar los seleccionados actuales ahora que se encaminan a competir en Brasil contra tres campeones mundiales. Italia, Inglaterra y Uruguay son los rivales (y los temores) de Costa Rica. El logro de Italia 90, de avanzar a una segunda ronda, no lo lograron en Japón-Corea 2002 ni en Alemania 2006.

“La selección tica en Italia 90 fue un hito en el fútbol, pero va más allá de fútbol. Habla del carácter de los costarricense, de una hazaña lograda por los jugadores que no se lo creían, pero sí lo querían”, dijo Miguel a este periódico, a sus 31 años. Es consciente de que su película, al margen del coste de 210.000 dólares y el rodaje de apenas unas semanas, va más por llegar a las fibras profundas del sentimiento futbolero en un país donde la mayoría suspira por la canción grabada por los jugadores de la época con el lema “lo daremos todo”.

Salir al mundo

Gómez halló actores no profesionales que se parecieran a sus ídolos. Era difícil caracterizar a personajes que siguen vigentes en los medios, en las promociones publicitarias, en los banquillos de los dos principales clubes del país (Saprissa y Alajuelense) o las incontables repeticiones de las jugadas de aquellos melenudos que pusieron a Costa Rica en el mapa de la FIFA. Antes, el máximo logro futbolístico se remontaba a los años 50 con una generación de futbolistas cuyo apodo no da para grandezas: “Los Chaparritos de Oro”.

“En el mundo nos confundían con Puerto Rico, antes no venían tantos turistas ni inversiones”, se atreve a señalar ahora el defensor central y capitán del equipo, Róger Flores, a quien aún muchos le llaman hoy Il capitano.

Flores jugaba en la liga nacional, como el resto de compañeros. El fogueo internacional para ellos era cosa rara. Solo uno "medio hablaba" inglés. Unos mezclaban los entrenamientos con trabajos de taller y otros tenían sus propios ‘camarones, como se le llama en Costa Rica a los pequeños trabajos para ganarse un dinero extra. Algunos de ellos los siguen haciendo; algunos no alcanzaron más que fama, no fueron directores técnicos ni lograron conectarse a los equipos de segunda línea europeos. A Héctor Marchena, un recio defensor del momento, se le recuerda no más que por una jugada contra Brasil en la que encaró al gran Careca.

Aún circulan por las calles dos de los taxis que el Gobierno de entonces ofreció de premio a cada uno de ellos, para que se aseguraran los alimentos. Otros no lo necesitaron. El exmediocampista Alexandre Guimarães, costarricense de origen brasileño, dirigió en Sudáfrica 2010 a la selección de Panamá y ha tomado el mando de clubes en seis países; Hernán Medford jugó en clubes de otros seis países después de Italia 90 y ha presidido el banquillo en equipos de Guatemala y México. El defensor Ronald González y el creativo Óscar Ramírez dirigen a los principales clubes locales y se acaban de enfrentar en la final del fútbol local desde los banquillos. Luis Gabelo Conejo es ahora entrenador de guardametas de la Selección, después de triunfar en el Albacete español. A su cargo tiene a Keylor Navas, sensación de la Liga Española.

Ahora varios de ellos tienen mundo, pero en junio de 1990 dependían de su director técnico Velibor Bora Milutinovic. La federación lo contrató a las puertas de la Copa Mundial para que fuera más allá del fútbol. Era más que "el profe" estratega o "el míster" que buscaba el equilibrio psicológico; era casi un guía cultural para ellos, un instructor de etiqueta, un consejero de vida y el traductor, recuerdan. “Él conocía ese mundo [había dirigido a México en el mundial de 1986]. Nada lo impresionaba y, aunque respetándonos, nos enseñó muchas cosas. En Europa nos ponían vino con la comida y, para nosotros eso era como veneno, algo que inducía a excesos, pero Bora nos decía, ‘muchachos, esta es la cultura de Europa y si quieren vino, tranquilos’”, recuerda Róger Flores al entrevistarse con este diario.

Jugar y disfrutar

Era el 1-0; era de noche en Génova y la mañana en San José. Las calles se atiborraron de aficionados incrédulos. La derrota 0-1 contra Brasil se festejó también (los más optimistas predecían 3) y el 2-1 contra Suecia, el acabose. Ahí tenían clasificada a la selección de jóvenes que participaban para disfrutar la aventura, pero espoleados por el manejo astuto de Bora y por el orgullo propio. “No teníamos nada qué perder, pero hubo un compromiso honesto de todos”, admite Cayasso a EL PAÍS.

Guimarães, cuyo hijo Celso participará en el campeonato en Brasil, recuerda el Mundial de Italia como “una locura colectiva” y reconoce la presión para los seleccionados posteriores. “Yo lo viví como director técnico en el 2002. Lo que para es que lo de Italia pareció muy sencillo […] En Italia fuimos un equipo muy unido, una buena familia con enormes seres humanos que fuimos más allá de nuestra meta. Lo que le he dicho a Celso [casualmente ahora jugador del AIK Estocolmo, de Suecia], es que a un Mundial hay que llegar a disfrutar, aunque la presión de Italia 90 es muy alta”.

Eso fue lo que dijo Bora a sus jugadores, según la película. “Disfruten, que estando aquí ya ganaron”, pronuncia en el filme. El hito estaba por conseguirse. “Milutinovic mentalizó al humilde pero ilusionado grupo de pupilos para rendir en el más alto nivel, dio a conocer al país en el mapa futbolístico y provocó su inesperada clasificación a la segunda ronda de octavos de final. A partir de ahí, el país futbolero enloqueció de emoción por aquellos futbolistas que rompieron paradigmas y abrieron puertas en el extranjero”, reseñó el periodista e historiador deportivo Rodrigo Calvo. El seleccionado actual está formado en su mayoría por jugadores de clubes extranjeros y en la planilla titular habrá, con suerte, tres espacios para quienes juegan en Costa Rica.

El director del diario deportivo Al Día, Antonio Alfaro, se atreve a usar las siglas “AI” y “DI”: antes de Italia y después de Italia. “Es un punto de identificación para todos los costarricenses, incluso para quienes no habían nacido entonces o para quienes no disfrutan del fútbol. Va más allá de once tipos pateando la pelota […] es orgullo nacional, como las heroicas batallas que suelen incluirse en los libros de historia: el triunfo de un país pequeño”. Para el joven Miguel Gómez, es una historia de super héroes.

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