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Los cambios resuelven la final

Simeone gastó una sustitución a los ocho minutos para relevar al lesionado Costa y luego la echó en falta con los calambres de Juanfran ● Ancelotti encuentra la luz con Isco y Marcelo

Ancelotti da instrucciones a Isco en presencia de Marcelo Ampliar foto
Ancelotti da instrucciones a Isco en presencia de Marcelo AFP

La 59ª final de la Copa de Europa era la primera que enfrentaba a dos equipos de la misma ciudad y pasará a la historia como un derbi descomunal que, entre la emoción y la épica, coronó al Madrid con la Décima. Un duelo resuelto en el movimiento de fichas, en el cambió que gastó Simeone a los ocho minutos para sustituir a Diego Costa y luego echó de menos con la lesión de Juanfran en la prórroga, y en los revulsivos que encontró Ancelotti con Isco y Marcelo.

Casillas. El remate de Godín en el primer gol del partido le cogió a contrapié. Su media salida quedó retratada con un remate arqueado del central uruguayo inalcanzable para su estirada postrera. La jugada, sin embargo, no acabó con su ángel en las finales. Ha ganado 12 de las 14 que ha disputado y no pierde una desde el año 2000. No tuvo mucho más trabajo el resto de la noche, salvo levantar la Décima al cielo de Lisboa.

Courtois. Una parada y un despeje a sendos lanzamientos de falta de Cristiano fueron sus únicas intervenciones en los 90 minutos de tiempo reglamentario. Sobrio y seguro como durante toda la temporada, el belga no alcanzó sin embargo el ajustado cabezazo de Ramos en el descuento y tampoco pudo evitar el remate de Bale que rompió la final. Ahí se vino abajo el muro del Atlético y acabó goleado en el tramo final.

Carvajal y Marcelo. Generoso en el despliegue, el canterano madridista ensanchó el campo y sujetó las salidas de su par, Filipe Luis, que apenas superó la línea de medio campo durante el partido. Pero con el paso de los minutos, comenzó a sufrir para contener a Adrián y junto a Coentrão se perdió en la presión rojiblanca. Ancelotti apostó entonces por Marcelo para desatascar el partido por el costado izquierdo y encontró un filón. El brasileño agitó la final y, favorecido por el desplome físico de los de Simeone en la prórroga, sacó brillo a su desborde.

Juanfran. A los cinco minutos de la prórroga cayó al suelo acalambrado y encendió las alarmas en el Atlético. Simeone ya había realizado los tres cambios y la perspectiva de sujetar la embestida de Marcelo y Di María por ese costado se convirtió en un reto descomunal. El partido se volcó hacia su carril y los rojiblancos se descosieron hasta sucumbir.

Sergio Ramos. Sin Pepe a su lado, su pareja de baile habitual, se mostró impreciso y sobreexcitado en el comienzo del partido. Tras un mal despeje con el que concedió un córner se ganó la cartulina amarilla por protestar de forma airada una entrada de Raúl García a Di María que ya había sido sancionada por el árbitro. Sin embargo, en la carga final del Madrid encontró el premio del empate en el minuto 93. El central se vistió de Schwarzenbeck y reenganchó a los blancos a la final cuando estaban a dos minutos de despeñarse por el precipicio convirtiéndose en el héroe de la Décima.

Miranda y Godín. Protagonistas en las conquistas recientes del Atlético, los dos centrales rojiblancos agigantaron su figura en Lisboa. Impecables al cruce, inalcanzables por alto y rocosos por dentro, fueron los pilares que sostuvieron a su equipo, pero la fortaleza se les vino abajo cuando tocaban la gloria. El gol del uruguayo tuvo réplica con el de Ramos, que dio paso a la prórroga y decantó la final para el Madrid.

Khedira. Tras recuperarse en tiempo récord de la lesión de ligamentos que sufrió en noviembre en un amistoso con Alemania, con apenas un mes de entrenamientos con el grupo y con tan solo 122 minutos de juego repartidos en dos partidos oficiales en su expediente, Ancelotti le reclutó para la final ante la desconfianza que le generaba Illarramendi. Intentó dar cobertura a Modric pero se vio superado por el dinamismo y la intensidad del centro del campo rojiblanco. El depósito apenas le aguantó una hora cuando dio el testigo a Isco.

Gabi. Inmenso en la contención y clarividente en la gestión del juego. El capitán rojiblanco gobernó el partido liderando la presión febril del Atlético y se comió a todos los centrocampistas rivales. Pero el empate in extremis y los 30 minutos de tiempo reglamentario desarmaron su brega por la extenuación física de todo su equipo.

Isco. Fue reclutado por Ancelotti a los 59 minutos para la complicada misión de encontrar alguna rendija en el dique de contención del Atlético y acabó siendo determinante para su equipo. Su calidad y dinamismo lideraron la carga final del Madrid en busca del empate. Pase a pase enhebró la ofensiva de los blancos e hilvanó la reacción que les dio el título.

Koke y Raúl García. Hormigonaron el plan de Simeone en el medio y estiraron su aliento hasta el umbral de los 90 minutos. Pero la perspectiva de la prórroga desdibujó su trabajo y se vieron desbordados por la clase de Isco.

Modric y Di María. Inconstantes pero afilados, los volantes del Madrid alternaron momentos de lucidez y meritoria agitación con lagunas en la contención y en la creación. Sin embargo, la salida de Isco ancló la posición del croata, desató el despliegue del argentino, afiló el ataque blanco y recompuso a los de Ancelotti hasta hacerlos campeones. Su desborde ante Juanfran y Miranda en la jugada del 2-1 que culminó Bale acabó por romper al Atlético. El Fideo fue elegido el mejor jugador de la final.

Cristiano. El máximo goleador de la competición con 17 goles comenzó ansioso y desasistido en la banda izquierda del ataque madridista, pero no paró de buscar su cuota de protagonismo. Propuso varios cambios de banda a Bale y bajó a buscar la pelota al centro del campo. Sin su punto de explosividad habitual sus carreras se perdieron muchas veces en el entramado defensivo del Atlético, pero con varios disparos lejanos comenzó a inquietar a Courtois. Su gol de penalti culminó la goleada y la conquista de la Décima.

Bale y Benzema. Intrascendentes durante la mayor parte de la final. El galés desaprovechó una clara ocasión de gol a la media hora de partido y con 0-0 en el marcador tras una absurda pérdida de balón de Tiago y después estuvo igual de fallón en las tentativas de los blancos en la segunda mitad. Sin embargo, encontró el 2-1 culminando con un remate de cabeza un gran jugada de Marcelo. El francés, duda hasta última hora por unos problemas musculares, estuvo desconectado del juego y romo de cara a puerta. Acabó siendo sustituido por Morata en el minuto 79.

Diego Costa. El milagro del enigmático tratamiento a base de placenta de yegua duró exactamente 8m 53s y en su arriesgada decisión estuvo la final. Diego Costa se marchó al trote del césped y fue sustituido por Adrián antes de acumular alguna acción digna de relevancia en su expediente. El hispanobrasileño no pudo superar sus problemas musculares en la pierna derecha, de los que recayó hace una semana en el Camp Nou, y protagonizó el cambio más rápido en una final de la Copa de Europa desde hace 29 años, el tercero más tempranero de la historia de la competición. Un cambio que echó en falta Simeone cuando Juanfran cayó lesionado en la prórroga. El Madrid rompió la final por ese costado.

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