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Mundial de fúlbol Brasil 2014

Y España tocó el cielo

Tuvieron que celebrarse 18 campeonatos del Mundo para que el continente africano albergase un torneo. Sudáfrica fue la sede del 19º, un torneo que estrenaba también dueño, el octavo en toda sus historia. Un gol para la eternidad de Iniesta, en la segunda parte de la prórroga en la final ante Holanda, selló el triunfo definitivo de los de Del Bosque, el culmen de una obra iniciada dos años antes con la Eurocopa. Por el camino dejó a una de las grandes favoritas, la Alemania de Joaquim Löw, a la que ya había vencido en la final de Viena. Una selección que contó con el máximo goleador del torneo, Thomas Müller. El premio para el mejor jugador del torneo (Diego Forlán), supuso también un reconocimiento a una de las sorpresas, la Uruguay que alcanzó las semifinales. Entre los Casillas, Ramos, Xavis e Iniestas, en el vestuario de España destacaba un jugador que cultiva un perfil bajo lejos de la pelota, pero respetado. Para sus compañeros, Carlos Marchena era el pater.

Marchena levanta la copa del mundo. Ampliar foto
Marchena levanta la copa del mundo.

ENTREVISTA A MARCHENA | Campeón del mundo en 2010

"Esta generación no tiene miedos ni complejos como antes"

Apenas participó unos minutos en tres de los siete partidos disputados por la selección en Sudáfrica, pero nadie discute la influencia de Carlos Marchena López (Las Cabezas de San Juan, 1979) en el grupo que alzó la Copa del Mundo en Johannesburgo. Para sus compañeros era el páter, un tipo que cultiva un perfil bajo lejos de la pelota, pero al que se le escucha intramuros. “Me gusta hablar con la gente, entiendo que hay que arropar y estar atento para facilitar la convivencia fomentando buenos valores”, argumenta.

Pregunta. ¿Cuáles son los buenos valores en el fútbol?

Respuesta. Ser compañero, solidario, humilde. Nada diferente a otros oficios, pero sabiendo que ser futbolista de élite es algo peculiar y hay unos códigos distintos. Intento darle valor a mi trabajo, hacer las cosas bien, manejarme con corrección. Tengo la suerte de que me ha costado mucho llegar a donde estoy y por eso le doy valor a lo que disfruto. Y entre eso está haber ganado un Mundial, claro.

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ESPAÑA, 0; SUIZA, 1

P. ¿Es más difícil cultivar esos valores en una selección en la que se agrupan 23 futbolistas que son importantes en sus equipos todo el año? Al final son bastantes los que apenas participan.

R. Tienes que saber encajarlo y aceptar tu papel, echar el ego a un lado.

P. Usted pasó de ser campeón y titular en la Eurocopa a tener un rol más secundario en el Mundial, apenas dos años después.

R. Pero me veo tan involucrado en un campeonato como en otro porque no hablamos solo de noventa minutos, o de varios partidos, sino de más de un mes de concentración, de entrenamientos y convivencia, de un año pensando y hablando sobre esa cita. Evidentemente me molestó salir del once, pero sabía que tenía que seguir contribuyendo y mirar hacia delante. Ahí están los frutos.

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ESPAÑA, 2; HONDURAS, 0

P. ¿Cuál es la imagen que le queda del Mundial?

R. Afortunadamente la película que tengo en la cabeza es mucho más extensa que un fotograma. Recuerdo muchos momentos y con intensidad. Viví aquello las 24 horas todos los días, pero es cierto que el instante del gol de Iniesta fue mágico. Y el pitido final, la gloria, la gran alegría. Detrás hay también momentos no tan buenos, más íntimos.

P. ¿Qué hizo cuando marcó Iniesta?

R. Estaba en el banquillo y fui de los que no se marchó corriendo hacia el córner sino que salí hacia el medio a animar a Iker y a Sergio Ramos.

P. ¿El Mundial se empezó a ganar mucho antes?

R. Seguro que sí. Fuimos forjando un colectivo a partir de esos valores que comentaba y empezamos a ser un equipo más que una selección durante la preparación para la anterior Eurocopa. Había que dar un paso muy grande y se dio en ese momento.

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CHILE, 1; ESPAÑA, 2

P. Había salido Raúl del equipo y arreciaban las críticas.

R. Porque era impensable que saliera. Era el símbolo, la bandera de la selección y fue una decisión muy difícil dejarle fuera. No soy quien para decir si adecuada o no, pero desde dentro se vivió como algo muy complicado y seguro que para él también fue desagradable tanta polémica. Pero poco a poco la gente se dio cuenta de que había que tirar hacia delante. Él era el capitán, pero había un entrenador que había tomado una decisión.

P. Tras la Eurocopa se habló del espíritu de Neustift, ¿pervivió en Sudáfrica?

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ESPAÑA, 1; PORTUGAL, 0

R. Sí, pero aquella de Austria fue una concentración especial, veníamos de críticas tremendas, el entorno no ayudaba. Ibas a la selección, defendías los colores de tu país y veías que la gente, los aficionados, no estaban contentos. En Neustift hicimos piña y vimos que era una gran oportunidad para cambiar la historia. Fue algo precioso de vivir. Luego la transición hacia el Mundial fue ejemplar, se hizo poco a poco con cambios quizás muy suaves. Del Bosque es una persona con buena mano para no romper nada sino para aprovechar esa inercia que llevábamos. Rejuveneció el equipo, pero no tocó nada de su esencia, así que el espíritu siguió vivo.

P. ¿La derrota inicial ante Suiza convirtió el torneo en algo menos divertido?

R. Sí, el nerviosismo entró a flor de piel. Veníamos de una Eurocopa y una fase de clasificación rodadas para caer en el primer partido ante un rival que nadie lo esperaba y sin jugar mal. Entraron las dudas. Tuvimos que seguir sin margen para el error.

P. Y respondieron como lo haría un equipo maduro.

PARAGUAY, 0; ESPAÑA, 1 ampliar foto
PARAGUAY, 0; ESPAÑA, 1

R. Tiramos de unión y sacrificio y salió bien. Pero también puedo salir mal.

P. En ese sentido se recuerda y se pondera al grupo ganador, pero igual hubo antes otras selecciones muy cohesionadas que cayeron y no llevan esa fama.

R. Y ahí hay que volver a la referencia de Raúl, que lo ganó todo con su equipo y en la selección no pudo hacerlo. Gente como él ha aportado su grano de arena a estos triunfos actuales. Luego entran aspectos como la apuesta concreta de un entrenador por un estilo de juego, la comunión entre jugadores y técnico, tener una buena generación en la edad idónea, unos buenos cruces en las eliminatorias. En momentos puntuales también influye la fortuna. Así se arman los grupos. Y también es evidente que ganar fomenta la buena convivencia.

P. Y también fomenta el elogio a posteriori.

R. Sí, pero eso a veces hasta viene mal. Tampoco es fundamental el elogio para crecer. Nosotros hicimos una buena comunión a partir de las críticas.

P. ¿Cómo paladeó el triunfo?

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ALEMANIA, 0; ESPAÑA, 1

R. Fue algo caótico y esa es una espina que todavía llevo clavada porque en poco tiempo recibes muchos estímulos y muestras de agradecimiento y creo que ni el cuerpo ni la mente las van asimilado. Ojalá todo hubiera sido más pausado para saborearlo más y poder dar más cariño a las personas que durante tiempo preparaban un detalle para homenajearte. ¡Todo pasó tan rápido! Acabas la final y con la tensión te subes al avión. No duermes, llegas a Madrid sin pegar ojo y te suben en un autobús para ir a la Moncloa, a la Zarzuela, saludas y apenas te da tiempo a darle importancia como quien dice. Luego el recibimiento de la gente en la calle, llegas a tu pueblo y siguen los homenajes y al final te da la sensación de ir a mil y que no disfrutas de tanto cariño que sí que sientes. Eché de menos algo más de tiempo para poder estar más con la gente y celebrar el triunfo.

P. ¿Le costó volver a retomar el trabajo? ¿Sintió que había llegado a una cima?

R. Para nada. Ser campeón del mundo me lo tomo como un logro importante y fantástico, pero también asumo la responsabilidad de serlo. Quieras que no a partir de ahí todo lo que haces tiene una repercusión mayor y hay que manejarla sin desviarte del camino, saber que la vida sigue, que ha pasado algo muy bonito, pero que tienes que demostrar que no has llegado a campeón por casualidad.

P. Este verano cumplirá 35 años y en el Deportivo se le ha visto estas dos últimas temporadas muy cerca de los más jóvenes. ¿Le preguntan por la selección?

HOLANDA, 0; ESPAÑA, 1 ampliar foto
HOLANDA, 0; ESPAÑA, 1

R. Sí, tienen esa curiosidad.

P. Y también ejerce de páter, claro.

R. Intento ayudarles. Tengo ese punto de sensibilidad hacia ellos y trato de aportar algo para que no se equivoquen en aquello que yo siento que pude haber hecho mejor cuando tenía su edad. Simplemente se trata de hablar con ellos. Luego ya está en su inteligencia saber manejar esa información que les ofreces.

P. ¿Qué espera que ocurra en Brasil?

R. Aguardo un buen papel y que el equipo esté cerca de ganar. Que al menos si no lo consigue sí que llegue muy lejos y se sienta bien. Los sambenitos han quedado atrás. Esta generación no tiene miedos ni complejos como antes, que llegabas a cuartos y no pasabas.

P. ¿Usted sintió esos complejos?

R. Durante años ibas a la selección pensando que ibas a superar esa frontera, pero el entorno te marcaba. Era difícil de superar. No sé si afectaba psicológicamente, el caso es que no pasábamos. Pero al final lo conseguimos.

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