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El Athletic da el do de pecho

En el pórtico de su semana más intensa, el cuadro de Valverde golea en El Sadar a un Osasuna en descomposición (1-5)

Aduriz dispara para firmar su primer gol. AFP

La diferencia entre el acierto y el error, entre el éxito y el fracaso tiene, muchas veces, el grosor del cable por el que transita un funambulista. Y de ese alambre se cayeron en el Sadar varios, muchos futbolistas, con algo más que daños colaterales. Vamos, que se dieron de bruces contra el suelo. El que más sangró fue el francés Loties, que escenificó con notables aspavientos los daños que padecía. Por momentos, sus gestos de tristeza movían a la compasión, no a Aduriz que le buscaba con ansiedad y le robaba una y otra vez la cartera. Y un central nervioso es como un funambulista con el baile de San Vito: un cartel de "Peligro, obras" en una carretera sin iluminar.

Su martirio, que fue el de Osasuna, comenzó muy pronto, en el minuto 3 cuando Aduriz le tambaleó del alambre robándole el balón y poniéndolo en el pie de derecho de Susaeta, que lo incrustó en la red en un visto y no visto: de su pie a la red apenas transcurrió una décima de segundo. La ecuación fue sencilla: acierto (de Aduriz)-error (Loties)-acierto (Susaeta) y en cierto modo esa ecuación definió el partido. De esa jugada jamás se levantó Loties por más que quiso circular sobre el alambre. Tampoco Osasuna supo qué hacer con su vida. Ni siquiera cuando en el minuto 10 Armenteros le dio el empate en un libre directo. La ecuación volvía a ser acierto (del argentino)-error (de Iraizoz) porque el portero rojiblanco cometió la chiquillada de dar un paso hacia el tapón visual de la barrera y el balón entró por su lado, por el que nunca debe entrar, salvo que estalle el obús, que no era el caso.

Y no fue el caso por dos razones. Porque el Athletic había tomado El Sadar como quien toma un castillo y coloca vigías en todos los pasillos. Lo vigilaba en el centro del campo Iturraspe, que eleva el don de la ubicuidad a la capacidad de estar no en dos sino en siete sitios a la vez, con dos ingenieros jefes por delante, Herrera y Susaeta, y un lanzador de cuchillos en el área con los ojos bien abiertos. La segunda razón fue fiel a las ecuaciones de partido. En el minuto 16, cuando Osasuna soñaba con volver a nacer tras el empate, Herrera cabeceó de forma esplendorosa y plástica un centro de Iturraspe, al que respondió magníficamente Andrés Fernández. Acierto por partida doble... pero faltaba el error y entre el portero y... Loties le dejaron el balón a un metro del gol a... Aduriz, que la empujó desde el suelo. La verdad, en este caso quien más erró fue Andrés Fernández, al que se le resbaló por los guantes esa cosa redonda y amarilla que unos segundos antes había alejado de su red.

OSASUNA, 1- ATHLETIC, 5

Osasuna: Andrés Fernández; Marc Bertrán, Loties, Arribas, Damiá; Silva (Roberto Torres, m. 80), Lolo (Puñal, m. 67); Cejudo (Acuña, m. 35), De las Cuevas, Armenteros; y Oriol Riera. No utilizados: Asier Riesgo, Miguel Flaño, Oier y Lobato.

Athletic: Iraizoz; De Marcos, Gurpegui, San José, Balenziaga; Iturraspe (Laporte, m. 74); Susaeta (Ibai Gómez, m. 79), Herrera, Mikel Rico, Muniain; y Aduriz (Kike Sola, m. 85). No utilizados: Herrerín, Iraola, Beñat y Erik Morán.

Goles: 0-1. M. 3. Susaeta. 1-1. M. 10. Armenteros, de libre directo. 1-2. M. 16. Aduriz. 1-3. M. 61. Aduriz. 1-4. M. 83. Ibai Gómez. 1-5. M. 87. Kike Sola.

Árbitro: Velasco Carballo. Expulsó a Arribas (m. 75) por doble amonestación. Mostró tarjetas amarillas a Iturraspe, Loties, Silva, Acuña, Aduriz y Balenziaga.

Unos 16.000 espectadores en El Sadar.

A partir de ahí, más allá de las actuaciones científicas, el Athletic no solo se adueñó del castillo sino que lo amuebló a su gusto. Cada vez que el Athletic superaba el centro del campo osasunista, cosa que ocurría con facilidad y asiduidad, el área rojilla se incendiaba. Definitivamente, el lanzador de cuchillos, o sea Aduriz, tenía el cargamento lleno. Su partido fue una lectura, con puntos y comas, del manual clásico del delantero centro: pertinaz, ágil, móvil, jugando de frente y de espaldas, arrancando goles y tarjetas a sus oponentes (Arribas, desquiciado, fue expulsado en la segunda mitad y Loties añadió a su tembleque una amarilla que le incrementó el vértigo).

El tercer gol del Athletic fue la culminación de cuando se combinan el arte y el oficio. Herrera pinchó el balón como si en vez de uñas tuviese garfios y se lo puso a Aduriz en la cabeza. El delantero guipuzcoano se mantuvo unos instantes en el aire antes de golpear el balón con la cabeza junto al poste. En vez de cuello, parecía tener las extensiones flexibles del inspector Gadget.

Osasuna solo dejó la noticia de una gran jugada de Marc Bertrán, que prefirió la violencia a la sutileza para batir a Iraizoz, y un par de disparos francos desde la frontal cuando ya apelaba más a la genética que a la inteligencia. En el tramo final cayeron otros dos goles: uno de Ibai Gómez, fiel a su cita juegue los minutos que juegue (ayer no llegaron a 15) y de Kike Sola, el exosasunista, que como buen hijo pródigo dejó un recado en casa aunque no lo festejó. Disfrutado el castillo, lo abandonó en silencio, en espera de su semana intensa de Copa (frente al Atlético) y de Liga (frente al Real Madrid), y con un colchón de cinco puntos para la Liga de Campeones.

 

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