El Chelsea puede con el fútbol

El equipo de Mourinho, escudado en una defensa imperial y unos contragolpes ocasionales, logra firmar las tablas a cero con un Arsenal escaso de juego e ingenio

Cech despeja ante Özil y la mirada de Terry.
Cech despeja ante Özil y la mirada de Terry.ADRIAN DENNIS (AFP)

El Arsenal es el líder de la Premier junto al Liverpool pero no lo parece. Sobre todo porque se ha diluido en el último mes, con unas tablas ante el Everton, un batacazo contra el Nápoles en Europa y una expresiva derrota frente al City (6-3). Pero es un mal endémico el del conjunto de Wenger, que pierde su efervescencia cuando alcanza diciembre, siempre tan atildado en su propuesta como anémico cuando se le exige ser competitivo, amén de los Invencibles de 2004, con Henry, Bergkamp, Vieira y Pires. Se le presumía a este Arsenal, sin embargo, más rotundidad, sobre todo porque Özil ponía la magia y Ramsey y Giroud los remates. Pero ha perdido el paso y frente al Chelsea de Mourinho también la identidad, toda vez que los blues, rácanos y felices con su propuesta, cerraron huecos y espacios para firmar un duelo de escaso fútbol y menos remates, ningún gol.

ARSENAL, 0 – CHELSEA, 0

Arsenal: Szczesny; Sagna, Mertesacker, Vermaelen, Gibbs; Arteta, Ramsey; Walcott, Özil, Rosicky; y Giroud. No utilizados: Fabianski; Monreal, Jenkinson, Flamini, Cazorla, Bendtner y Podolski.

Chelsea: Cech; Ivanovic, Cahill, Terry, Azpilicueta; Ramires, Mikel, Lampard; Willian (Oscar, m. 77), Torres (David Luiz, m. 87) y Hazard (Schurrle, m. 73). No utilizados: Schwarzer; Cole, Mata y Eto'o.

Árbitro: Mike Dean. Mostró la cartulina amarilla a Ramires, Walcott y Rosicky.

Emirates Stadium. 60.000 espectadores.

Aunque el Chelsea, a petición y gusto del presidente Abramovich ha perseguido el toque en el inicio del curso, Mourinho ha regresado a los orígenes, con la contra como bandera y el toque de aliño. Así lo argumentó en el Emirates, donde sentó a Oscar y Mata para anteponer el músculo y la brega sobre el pase. Tres mediocentros que no entienden de filigranas, pero que actúan de palanca y punto final, cada uno a su estilo. Mikel se apoya en los costados; Lampard filtra pases en profundidad; y Ramires se anima con la conducción y galopadas titánicas. Y con su fe y convicción, piernas poderosas para pisar el área, les alcanza para amedrentar a cualquiera. Como en esa contra impulsada por Ramires, prolongada por Willian e Ivanovic, y finiquitada por el mismo Ramires, testarazo torcido.

No podía pedir más de inicio el Chelsea, que contó incluso con la permisividad colegial, toda vez que Mike Dean utilizó más la charla que el silbato, ausente ante la terrible entrada de Mikel sobre Arteta (con los tacos por delante y al tobillo) o la patada a destiempo de Azpilicueta sobre Ramsey. No tuvo, sin embargo, doble rasero porque también hizo caso omiso a la sucia patada de Rosicky sobre Azpilicueta. Más puntapiés que fútbol en la medular, pecado capital para un Arsenal formado para bailes de salón y no melés. No jugó Özil, tampoco lo hizo Ramsey, y ni la tocaron Walcott ni Giroud.

Özil, abrumado por tantas sombras, recogía el balón demasiado lejos para soltar el pase definitivo

Sí que probó el Arsenal, en cualquier caso, la mezcla, con Arteta imperial en la raíz del juego, siempre con pases que descontaban una línea de presión. El problema es que, atosigado por tantas sombras, la recogía Özil demasiado lejos para soltar el pase concluyente. Asociaciones estériles que se descomponían en el balcón del área rival, desatendidas las rupturas desde la segunda línea de Ramsey y anulado entre los centrales Giroud, que parece haber recogido el gafe de Benzema el mismo día que le quitó la titularidad con Francia. Solo la profundidad de Gibbs por el flanco izquierdo aireaba a los gunners. Pero sus centros, desatinados, no encontraron continuidad, más allá de unos córners donde se relamían las torres del Chelsea.

Lo contrario expresó el equipo de Mourinho, exigente en terminar las jugadas, siempre a la carrera y sin pausa con Hazard como el mejor crupier. Suya fue la asistencia a Lampard, que soltó una volea con el empeine escupida por el larguero, y suya fue esa contra que enlazó con Willian, torpe en la definición cuando, un poco escorado, solo le quedaba batir a Szczesny. También Torres pidió su turno al bajar un pelotazo de 60 metros para Lampard, que engatilló con mala baba hasta que Szczesny la atajó.

Pero se le acabó las fuerzas al Chelsea y pidió protagonismo el Arsenal, convencido de que su fútbol merecía más. El error fue que Giroud no se lo creyó, con dos oportunidades claras y dos disparos desviados que firmaron la paz. Nada para uno; nada para el otro. Y todo para una Premier que tiene al líder y al quinto separados por dos puntos.

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