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La violencia mancha al país del fútbol

A las puertas del Mundial, Brasil se avergüenza de los enfrentamientos entre los ultras en los estadios, que dejan 30 muertos este año

Dilma Rousseff pide una “cárcel del aficionado”

Agentes policiales disparan mientras uno de ellos sujeta a un aficionado del Paranaense
Agentes policiales disparan mientras uno de ellos sujeta a un aficionado del Paranaense REUTERS

A seis meses del Mundial, Brasil vuelve a lamentar la imagen que exporta al resto del planeta. Esta vez después de los graves enfrentamientos entre hinchas del Paranaense y el Vasco de Gama (5-1) el domingo, con cuatro heridos, seis detenidos y decenas de aficionados enfrentándose en las gradas del estadio. “Esta violencia va contra todo lo que creemos que es el fútbol, un deporte de pasión, pero también de tolerancia”, aseguró ayer la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, acerca de una lacra que se repite de manera cíclica en los campos brasileños. Hasta la FIFA tuvo que salir al paso para asegurar que durante el Mundial no se repetirán hechos así. “Está en marcha un concepto muy amplio de seguridad, una operación integrada por responsables públicos y privados, para asegurar la seguridad de aficionados, jugadores y otros participantes”, explicó el máximo organismo del fútbol mundial.

Las piedras en el camino mundialista

Las obras en el estadio de São Paulo, en el que fallecieron dos obreros.
Las obras en el estadio de São Paulo, en el que fallecieron dos obreros.

Cuatro trabajadores pierden la vida en las obras

Dos trabajadores fallecieron en noviembre al desplomarse una grúa que estaba colocando una estructura metálica en el Arena Corinthians (São Paulo). Otros dos trabajadores ya habían muerto en las obras de otros estadios del campeonato: un obrero pereció en junio de 2012 al caer de una altura de 30 metros en el estadio Mané Garrincha (Brasilia), y otro falleció en marzo de este año al precipitarse desde una altura de cinco metros en el Arena Amazônia, en Manaos.

El gasto se dispara

Brasil ya ha superado la suma que Sudáfrica y Alemania desembolsaron, juntas, para los dos últimos Mundiales. El gasto para la reforma o construcción de los 12 estadios alcanza los 2.500 millones de euros. Alemania gastó 1.100 para el mismo número de estadios. En Sudáfrica, en 2010, la inversión fue de cerca de 1.000 millones de euros para 10 estadios.

Batalla campal con cuatro heridos

Un enfrentamiento entre los hinchas radicales de Paranaense y Vasco de Gama deja cuatro heridos en el Arena Joinville del Estado de Santa Catarina, en el sur del país

El país que se prepara para albergar la Copa del Mundo asistió atónito al apaleamiento colectivo que llevó a que el partido quedase suspendido durante una hora. En la pelea, los aficionados fueron agredidos, golpeados con barras de hierro y se pisotearon los unos a los otros, lo que dio lugar a imágenes sangrientas y a la entrada de un helicóptero sobre el césped. “El estadio no es seguro”, comentó Alessandro, portero del Vasco. “Los responsables deben ser identificados y castigados”, pidió ayer el Ministro de Deporte de Brasil, Aldo Rebelo. “Es muy triste. A seis meses del Mundial, esto es muy feo para el país. Todas las naciones saben lo que sucedió”, lamentó Jonas, delantero brasileño del Valencia. Y Mauricio Murad, sociólogo y autor del libro Cómo entender la violencia en el fútbol, apuntó: “Algo ha cambiado, y para peor. En los últimos cinco o seis años, la violencia estaba controlada dentro de los estadios y solo se veían disturbios fuera. Lo que hemos visto los últimos fines de semana es una vuelta a la violencia dentro de los estadios”.

El balance final fue de seis detenidos, tres de ellos en libertad desde el mismo domingo y otros tres que permanecían detenidos ayer. Además, cuatro aficionados —dos de cada equipo— fueron hospitalizados, aunque ayer solo uno continuaba ingresado en el Centro Hospitalario Unimed, en Joinville, en el Estado de Santa Catarina, a causa de un traumatismo en la cabeza, aunque no se temía por su vida. Los otros tres recibieron el alta médica.

En ese partido, los goles no eran el único factor que podría tener consecuencias. La violencia era otro. Se estaba sobre aviso. En una nota publicada el 2 de diciembre en la web de la afición del Atlético Paranaense, se convocaba a los aficionados al encuentro y se les informaba de que no se venderían entradas para mujeres y niños “debido al alto riesgo de enfrentamientos”. Esa crónica de una tragedia anunciada siguió como cabía esperar. Incluso bajo el “aviso” de una posible guerra entre las aficiones, el encuentro comenzó sin presencia policial en las gradas, solo seguridad privada. Según el periódico El Estado de São Paulo, las cámaras apenas registraron la presencia de seis guardas de seguridad privados en la línea divisoria entre una afición y otra, antes de los enfrentamientos.

Esto va contra todo lo que creemos que es el deporte”, dice la presidenta

Ayer, la Policía Militar alegó que había destinado a 113 de sus miembros para reforzar la seguridad dentro del campo, pero que, debido a una decisión del Ministerio Público, el Poder Judicial había prohibido la participación de “policías militares”. Es decir, vetaba la participación de este cuerpo en eventos privados y dejaba la responsabilidad de la seguridad en manos de los organizadores del evento.

Ante la barbarie, la FIFA se pronunció, asegurando que este tipo de comportamientos no van a repetirse durante la Copa del Mundo, ya que la seguridad en el Mundial, según la organización, será completamente diferente. En su cuenta de Twitter, la presidenta Dilma Rousseff lamentó lo ocurrido y habló de la creación de una “cárcel para el aficionado”. “En el país del fútbol no podemos convivir con la violencia en los estadios”, escribió. “Es necesaria la presencia policial en los campos, penas de prisión en caso de violencia y la creación de una cárcel del aficionado para que estas escenas no se repitan”, afirmó.

La FIFA asegura que en el torneo habrá “amplia seguridad, pública y privada”

Solo este año, 30 personas han muerto por actos vandálicos en los estadios de fútbol brasileños. Desde 1984, cuando la violencia se convirtió en una moda y comenzó el recuento oficial de víctimas, se han registrado 234 muertos por peleas entre aficionados.

El castigo por estos incidentes es bastante leve. Los equipos envueltos en este tipo de hechos pierden el derecho de jugar en su propio campo durante tres o cuatro partidos. Y de ahí vienen buena parte de las quejas de jugadores y otra parte de los aficionados. La petición de algunos organismos de que los hinchas con antecedentes violentos se presenten en prisión antes de los encuentros ha caído en saco roto.

Lance, el periódico deportivo de mayor tirada en Brasil, escribió en un editorial: “El problema no es la falta de leyes, sino la falta de compromiso y rigor por parte de las autoridades para cumplir las leyes que existen”.

A las puertas del Mundial, la violencia mancha a un país que respira fútbol.

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