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Remontar en el aire, volar en el agua

El Oracle gana al New Zealand el tercer trofeo decidido en la última regata en 34 ediciones

Los catamaranes del Oracle y el New Zealand, el miércoles en la bahía de San Francisco. Ampliar foto
Los catamaranes del Oracle y el New Zealand, el miércoles en la bahía de San Francisco. EFE

Fue la madre de todas las remontadas. El Oracle, que empezó la lucha por la Copa del América sancionado con un -2 por realizar modificaciones ilegales y que perdía 1-8 hace una semana, celebró la noche del miércoles el título por 9-8 ante el New Zealand. Durante 19 carreras, el equipo de James Spithill sintió que competía con “una pistola en la sien”, sin margen de error, a un paso de la derrota. Al cabo de ese trecho, descontados los presupuestos de más de 100 millones de dólares, los cientos de empleados en cada equipo, los 300 sensores que recaban datos en tiempo real en cada embarcación y los veloces pulsos en la Bahía de San Francisco (EE UU), solo quedaron dos cosas: las lágrimas de Dean Barker, el patrón derrotado tras desperdiciar tamaña ventaja, y la euforia de Larry Ellison, el dueño del Oracle, que proclamó el nacimiento de una nueva era para la vela, esperanzado por las audiencias televisivas millonarias, que crecieron atraídas por la promesa de una remontada como no hubo otra. ¿Qué pasó para que se produjera?

“Ajustamos el ala y el hidrodeszilador para encontrar más equilibrio,

Manolo Ruiz Elvira, diseñador español del ganador, tras remontar un 1-8

“Hicimos cambios pequeños. Refinamientos. Nos centramos en el equilibrio”, resume Manolo Ruiz de Elvira, diseñador del Oracle, ingeniero naval y por cuarta vez campeón de la competición. “Aquí, diferencias muy pequeñas se notan y amplifican mucho, y le dan más herramientas al táctico para decidir el riesgo. Ajustamos la manera de distribuir pesos, el trimado [aparejo y perfil] de las velas e hicimos ajustes en el ala”, sigue. “Se compite en un equilibrio inestable en el que hay que ir haciendo ajustes. Eso hicimos en la vela principal, el ala, la rígida: buscamos más profundidad, más curvatura y torsión a lo largo de su envergadura para lograr más equilibrio. Cambiamos la distribución de su curvatura. Por primera vez lo hicimos basándonos en simulacros numéricos, sin hacer un estudio en un túnel del viento o un canal”, añade. “También ajustamos y mejoramos el ángulo de penetración [en el agua] del hidrodeslizador [el patín], para lo que es crítico el reparto de pesos del barco, que marca su tendencia a cabecear: se trata de que cuando esté volando por encima del agua se mueva lo menos posible”.

Y el Oracle voló. Todo quedó resumido en el último cruce. En los 162 años de la competición, que han visto 34 pulsos por la Copa, solo se había llegado dos veces a la última regata. Nada más salir, el Oracle se clavó en medio de la bahía. Dio igual. El catamarán de Spithill ganó la última prueba con 44 segundos de margen. Fue la culminación de una metamorfosis. A partir de la sexta carrera, el grupo estadounidense cambió de táctico (de John Kostecki a Sir Ben Ainslie) y empezó a acunarse en las leyendas de su deporte.

“Cuando llegó el 1-8, fue la tripulación quien lideró el pensamiento de que aún teníamos una opción”, cuenta Ruiz de Elvira. “Ninguno tiró la toalla. Buscaron ejemplos. La defensa del Alinghi en 2007, cuando empezó abajo… y Grant Simmer, nuestro director general, diciéndonos que era una batallita, nos recordó que él fue el navegante a bordo del Australia II que ganó la Copa del América por primera vez [tras 132 años] a los americanos hace justo 30 años menos un día”, continúa. “La diferencia es que aquí era necesario creer bastante tiempo, jornadas seguidas, sabiendo que cualquier día podíamos morir. Fue un sufrimiento considerable y alargado en el tiempo", explica sobre la comparación con remontadas en otros deportes, como la mágica de Europa en la Ryder de 2012.

Levantar el 1-8 no supuso escalar una montaña. Fue enfrentarse al Himalaya. Así se gestó la victoria del Oracle. Con máximos de 46 nudos y medio y de más de 48 para cada uno de los equipos, entre 85 y 90 kilómetros por hora. Al límite de la velocidad, del marcador y la tensión. Escribiendo una página nueva en la historia. Una remontada para siempre.

Los nueve españoles del campeón

  1. Eduardo Aldaz (Diseño de electrónica a bordo y toma de datos)
  2. Rebeca Brandys (Abogada)
  3. Javier Cuevas (Electrónica a bordo, toma y análisis de datos)
  4. Pablo Mataix (Financiero)
  5. Alejandra Mato (Asistente personal de Russell Coutts, director del equipo)
  6. Alejandra Real (Coordinadora de proyectos de la oficina del equipo de diseño)
  7. Manolo Ruiz de Elvira (Diseñador/Ingeniero Naval)
  8. José Luis Vela (Electrónica a bordo, toma y análisis de datos)
  9. Juan Vila (Meteorología y navegación)

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