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Un balance esperanzador

Sergio Rodríguez, en el partido ante Croacia. Ampliar foto
Sergio Rodríguez, en el partido ante Croacia. DIARIO AS

Catapultada por el mejor partido de Llull, al que no habíamos visto todavía en su mejor versión, España destrozó a una Croacia que presentó como único aval la puntería de Bodganovic en los dos primeros cuartos, poca cosa para optar a subirse al podio. Seguimos sumando medallas y aunque el botín no es el deseado, sería injusto despojarle del valor que tiene. En un año complejo, donde por diversas razones dejamos en casa una ingente dosis de talento y liderazgo, no se ha conseguido el sobresaliente, pero deja suficientes buenas noticias como para considerarlo esperanzador. La primera es que la selección sigue siendo un grupo competitivo. Está claro que somos más vulnerables, como bien se ha demostrado en este torneo, pero con todos los peros que se le quiera poner, basados muchos de ellos más en el espléndido pasado que en la realidad presente, hay que recordar que nos hemos quedado a un tiro de jugar la enésima final.

Faltan cosas, el equipo no es tan redondo como nos hemos acostumbrado a tener, se ha echado en falta algún jugador que evite la excesiva Marcdependencia o apuntalar, quién sabe si con gente como Claver, Aguilar o una posible futura presencia de Mirotic, esa posición de cuatro bajo o tres alto tan necesaria en el baloncesto actual. Pero el equipo sigue siendo reconocible en algunos aspectos capitales. Con mayor o menor fortuna su credo es inamovible, basado en una gran conciencia colectiva, una buena capacidad de recuperación anímica que volvió a demostrar ante Croacia, el conocimiento de las mecánicas de los campeonatos y una forma de entender el juego compartida por todos.

Si analizamos el desarrollo del europeo, muchos de los problemas capitales que nos lastraron pueden explicarse desde lo físico. En esos últimos cuartos que nos han condenado hasta en cuatro ocasiones, a España le faltó cuerpo y aliento ante equipos más corpulentos y defensas extremadamente duras. El estilo, tan agresivo en la defensa propia y veloz en la transición hacia la contraria que ha intentado siempre poner en práctica, unido a una no muy profunda y significativa rotación en los hombres clave y el esfuerzo extra que hay que hacer cuando estás en desventaja de centímetros y músculo tampoco ayudó para la necesaria oxigenación que permitiese un buena claridad de ideas en los últimos minutos. El partido ante Francia fue un buen ejemplo de una problemática repetida a la que nunca pudimos poner remedio y que habrá que intentar solucionar en el futuro.

El futuro se mira sin mayor inquietud que la que puede provocar el que después de tantos años de inmortalidad, ahora seamos humanos

Otro de los puntos de interés era el observar los obligados movimientos en la jerarquía del grupo que provocaban las ausencias sobre todo de Pau y Navarro. La orfandad dejada se ha notado, sobre todo en esos finales, y no podía ser de otra forma, pero hay motivos para pensar que el tiempo y la maduración terminen por apuntalar un colectivo que tiene solidez suficiente como para que no cunda el pánico Marc ha cumplido sobradamente en la pista y en la ascendencia, convirtiéndose en el eje de casi todo. Rudy o Calde también ha leído bien las nuevas necesidades, Ricky ha estado mucho más incisivo, Sergio Rodríguez ha confirmado la importancia como revolucionario que tiene en el Madrid, hemos visto por fin a Claver aprovechando su oportunidad y también ha habido buenos apuntes de Aguilar.

En definitiva, que el año crítico se solventó sin cohetes que tirar pero con un resultado y comportamiento general que a la espera de confirmar la definitiva despedida de la generación mágica, hace mirar hacia el futuro sin mayor inquietud que la que puede provocar el que después de tantos años de inmortalidad, ahora seamos humanos. Jugadores, afición y medios de comunicación tendremos que acostumbrarnos.

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