...Y Miki las convirtió en guerreras

“Al principio, no parábamos de llorar”, dicen las jugadoras al recordar sus inicios

Miki Oca da instrucciones a las jugadoras españolas.
Miki Oca da instrucciones a las jugadoras españolas.Alexander Hassenstein (Getty)

Miki Oca mira al sol, abre los brazos, busca energía y la regala, generoso, con lo que le rodea. “En invierno encuentra el rayo de la tarde”, dicen en el equipo. Tiene el don de haber aprendido a saber quién es y compartirlo. “Él nos hizo guerreras”, señalan en el equipo. “Transmite. A Miki te lo crees cada vez que te habla porque te lo dice él y porque al final, tiene razón”, asegura Laura Ester, la portera.

Mito del waterpolo madrileño, una flor en Alcorcón, maduro y fino como un pincel, a Oca le debe Gabinete Caligari una canción. Está feliz y se le nota. Icono de rebeldía, irreverente y valiente, puro corazón, máxima seducción, Oca bebe agua de mar para equilibrar la acidez de su alimentación porque sabe lo que necesita, y transmite energía positiva en cada abrazo. Basta verle nadar entre 13 rosas al sol del CN Montjuïc, donde se recuperan sus chicas del partido contra Hungría para entender porqué las chicas que Oca convirtió en guerreras vencieron en la final del Mundial.

“Trabajar con Miki es un regalo", dicen en su equipo. “Es una buena persona. Muy buena persona. Y sincero”, le definen sus ayudantes, a los que no deja de sorprender. “El otro día, en el tiempo muerto, les agradeció a las chicas su esfuerzo y les dijo que si tenían la cabeza fría y daban lo mejor de sí mismas, ganaban seguro”. Perdían por tres. Ganaron. “Creemos en él”, dice Marta Bach. Ella, como todas, sabe que Oca sacó lo mejor de su persona.

“Al principio, siempre terminábamos llorando”, recuerda Pareja. “Hacíamos juegos psicológicos: ¿qué piensas de mí? Y esas cosas. Nos hizo un equipo”. “Es muy emocional, las hipnotiza; las mima, las exige, ha conseguido sacar lo mejor de cada una”, cuenta uno de sus ayudantes. “Un día nos puso el vídeo del circo de las mariposas. ¡Cómo lloramos!”, confiesa Ortiz. Hizo yoga mucho tiempo, pero últimamente, que se sepa, medita. “Es una de esas personas de las que te precias haber conocido en la vida”, dicen sus excompañeros de equipo, que han pasado por la Picornell cada noche.

Oca, que suele dar una pequeña charla al llegar a hotel después de los partidos, es muy realista. “No habéis ganado nada”, les recordó después de deshacerse de Estados Unidos. Y siempre, siempre, les da las gracias por su conducta. Dice que es muy fácil trabajar con ellas y no le gusta que hablen de él, pero nunca rehúye la cercanía.

Oca es de verdad, como su equipo. “Las buenas son ellas” insiste. Feliz de haberlas conocido, le sobran tantas razones como tienen sus chicas para pensar que nada hubiera sido lo mismo. “Él nos descubrió que éramos buenas. Su tenacidad, su positividad, este equipo tiene mucho de él”, aseguran ellas. “Este equipo son ellas”, se resiste él. “He aprendido más de ellas que ellas de mí”, añade. “El mérito es suyo”, dice el seleccionador. No miente: son sus rosas, él las hizo guerreras.

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