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Tour de Francia

Contador quiere creer

El madrileño, sin grandes sensaciones, añora los Alpes

Valverde, segundo, se recrea en los Pirineos

El líder Froome lo fía todo a la contrarreloj de mañana: “Será mía”

Alberto Contador rueda delante de Chris Froome en la novena etapa del Tour. Ampliar foto
Alberto Contador rueda delante de Chris Froome en la novena etapa del Tour. AFP

En la playa del hotel de Contador, las muchachas en flor huyen de la sombra, felices en la arena quemada al perfume proustiano que impregna todas las playas atlánticas en cuyas terrazas viejos de polo blanco que podrían llamarse Fred Perry encuentran en el Chablis fresco aromas incluso de los viejos fósiles de conchas marinas que siembran las colinas donde nacen los viñedos. Y por el paseo marítimo paralelo al edificio del hotel de nombre ruso (o de viñedo), Hermitage, y de arquitectura chocantemente alsaciana y verde, pasea Contador en cabra y melancólico.

No se sabe quién contagia a quién, los salones alfombrados de lujo decadente del albergue al ciclista o viceversa, pero cuando habla Contador, que busca su tercer Tour, se oye la voz de una persona desanimada que, como quien se come una magdalena y recuerda su pasado, reconoce que no está dónde querría (en la general, tras dos de sus días favorables, sexto, a 1m 51s de Froome), habla de la posibilidad de la tercera semana, que tan bien se le ha dado siempre a él, su fuerte, y dice en alto como para oírse y darse ánimos y creerse que tiene que creer, que quien no cree no va a ningún sitio.

“Pero”, reconoce casi desesperanzado, “la contrarreloj del miércoles [ 33 kilómetros llanos con final en el turístico Mont Saint Michel] me va mal, volveré a perder tiempo con Froome. Sin embargo, en los Alpes, y si Froome vuelve a quedarse aislado, lo probaré, aunque no me encuentro extraordinario”.

Valverde lamenta que Contador no le apoyara más atacando a Froome en los Pirineos

Al aire de la brisa marina, salina y atlántica y bochorno, los árboles lanzan pólenes malignos y las jóvenes hermosas estornudan. Alguien recuerda que la primavera tan lluviosa ha retrasado de abril-mayo a junio-julio la temporada de las alergias, el enemigo histórico de Contador, que no se encuentra y sufre cuando su potencial se ve limitado por factores que no puede controlar.

La posibilidad de volverse a encontrar en un recodo de los Alpes, en el Alpe d’Huez que se visita dos veces, o en el Semnoz novedad, a Froome solo, también la evoca Valverde, cuyo hotel está justamente en la Francia contraria, la Vendée agraria del cereal, y eso también imprime carácter. Como buen agricultor, el murciano maduro y tranquilo (a los 33 años la paz de espíritu le habita y no sufre el Tour como un enemigo traicionero, sino como un espacio de gozo), celebra lo cosechado (es segundo, no mucho mejor de tiempo que Contador, a 1m 25s de Froome, pero es un segundo conquistado, no un primero perdido, aunque también aumentará su desventaja en la contrarreloj) y aspira a cosechar más, pero sin arriesgar el granero. Y lamenta la posibilidad perdida de haber cosechado más. “Si Contador hubiera colaborado el domingo en los Pirineos con nuestro trabajo, el del Movistar, quizás le hubiéramos hecho daño al Froome aislado y no pensaríamos en una oportunidad perdida”, dijo. “No sé si Contador no pudo o no quiso, pero no lo hizo”.

Como Froome se quedó sin equipo el domingo, que como diría Toshack actuó como una banda de pollos sin cabeza, los viejos con memoria que no necesitan comer magdalenas para reavivarla recuerdan que en la historia sólo un ciclista de amarillo ganó el Tour solo, el Greg LeMond del 90. Y, recuerdan los memoriados, una vez cada 100 años es una vez cada 100 años, no todos los años. A ellos, a los que piensan que hay tanto Froome como poco Sky, les dedicó David Brailsford, el patrón del equipo inglés, un show de compañerismo y conjunto en la rueda de prensa, que dieron los ocho supervivientes del team. Y Brailsford prometió: “En la etapa del domingo cometimos graves errores, y no diré cuáles, pero hemos aprendido la lección y no sucederá más”. Y Froome, a su lado, en el sótano más working class del mismo hotel que el de los salones de Contador, carácter impreso también, el de arriba y abajo, asiente y remacha: “Y prometo que la contrarreloj será mía, que aumentaré mi ventaja y que después solo tendremos que defendernos… Y os prometo también que Porte volverá a donde debe, adelante”.

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