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El Valencia, sobrado en Vallecas

El equipo de Valverde golea a un Rayo muy vulnerable y desperdicia un puñado de ocasiones

Soldado celebra uno de sus goles con sus compañeros. AFP

Al Valencia le sobró tiempo e incluso espacio en el pequeño Vallecas porque ha llegado embalado al final de temporada, con un punto de armonía en su juego por el que cada cita es una excusa para divertirse. Muy por encima de la ansiedad de ir recortándole puntos a la Real en la disputa por la próxima Champions. La pelea será ajustada hasta el final. Si la Real ya ganó en Vallecas hace apenas un mes, el Valencia no solo venció sino que sometió al Rayo a una tormenta. Pese al correctivo, Los Bukaneros, detrás de una de las porterías, disfrutaron de la mañana soleada en una juerga permanente. “Re-mon-ta-da”, gritaban a escasos instantes del final. La derrota no va a poder con ellos, por supuesto.

RAYO VALLECANO, 0 - VALENCIA, 4

Rayo Vallecano: Rubén; Arbilla (Perea, m. 53), Amat, Figueras, Casado (Nacho, m. 27); Javi Fuego, Trashorras; José Carlos (Lass, m. 64), Domínguez, Piti; y Delibasic. No utilizados: Dani Giménez, Gálvez, Adrián, Vázquez.

Valencia: Guaita; João Pereira, Ricardo Costa, Mathieu, Guardado; Albelda (Víctor Ruiz, m. 75), Parejo; Feghouli, Ever Banega, Piatti (Cissokho, m. 56); y Soldado (Valdez, m. 81). No utilizados: Diego Alves, Rami, Viera y Bernat.

Goles: 1-0. M. 27. Soldado, de penalti. 0-2. M. 33. Soldado, a pase de Guardado. 0-3. M. 60. Guardado. 0-4. M. 89. Valdez.

Árbitro: Delgado Ferreiro. Amonestó a Figueras, Guardado, Domínguez, Delibasic, Nacho, Pitti y Feghouli.

9.041 espectadores en Vallecas.

El Valencia fue un vendaval en la primera parte. A partir de la presión en cancha contraria, donde el Rayo trataba abnegadamente de salir jugando, con una inocencia en el intento que producía ternura. Perdía el cuero y otra vez en pies de los delanteros de Valverde, aleccionados para morder en la yugular. Y atacar por todas partes, a toda velocidad. Oleadas en muchos casos desperdiciadas por la precipitación de Piatti, con la autoestima tan baja que, en un ataque de tres contra uno (él, Soldado y Banega contra Amat) sí, se la entregó al defensor del Rayo. Aun así su movilidad fue decisiva para derretir a la zaga local, fundida tanto por la debilidad del centro de su defensa como por la de los laterales. Por el izquierdo se coló Feghouli antes de la lesión de Casado y después, cuando fue sustituido por Nacho. El lapso a la sombra pasado por el volante argelino, apartado de la alineación por su bajo rendimiento, lo ha reactivado. Volvió a ser tan incisivo como de antes de la Copa de África.

Y de uno de sus requiebros por el extremo derecho nació el primer gol. Figueras agarró a Parejo para evitar su remate y aunque la jugada acabó en el tanto de Soldado, el árbitro había señalado el penalti. La grada de Los Bukaneros empezó a balancearse a derecha e izquierda para marear al lanzador, agitando los brazos, en un espectáculo visual de primer orden, pero Soldado marcó con la templanza de siempre, raso y al costado contrario de Rubén. Abierta la espita, las llegadas se multiplicaron. Y algunas gestadas desde la zaga valencianista. Guardado lanzó una carga desde el lateral zurdo, tiró la pared con Piatti y, desde el pico del área, envió para que Soldado solo hubiera de embocar.

Desde la media punta, Ever Banega fue indestructible para el Rayo. Acorazado por su técnica y por ese corpachón ahora sí en forma de las últimas jornadas. El conjunto de Jémez apenas existió. Delibasic marcó con la mano simulando haberlo hecho con la cabeza antes del final del primer tiempo. Engañó al linier, pero el árbitro destapó la añagaza.

El Valencia perdió vértigo en el segundo tiempo. Pero Albelda y Parejo mantuvieron la serenidad. Y cuando Valverde retiró a Piatti por Cissokho y adelantó a Guardado, el mexicano se relamió. Después de un largo ataque donde Mathieu, el gran descubrimiento de Valverde como central, pisó con determinación el área rayista. Su perseverancia encontró el gol de Guardado. Y la tranquilidad del Valencia tras el trabajo bien hecho. Todos quieren participar del festín. Y Valdez solo necesitó los últimos cinco minutos para demostrar que nadie como él saca tanto rendimiento de tan poco tiempo.

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