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La efervescencia del talento prematuro

Götze y Reus comandan el fútbol punzante del Borussia, el conjunto que menos posesión de balón tiene de los cuatro

Lewandowski y Blaszczykowski celebran un gol. AFP

Si hay un gol que define esa efervescencia y frescura del Dortmund que tiene a toda Europa hablando de Jurgen Klopp y su equipo es el que supuso el empate a uno en el partido de vuelta ante el Málaga. Robó la pelota e hizo un tanto de cuatro toques. Un pase a Reus, un taconazo de este y una definición impecable de Lewandowski.

PALMARÉS

- Trofeos internacionales:

1965/1966. Copa de la UEFA.
1996/1997. Liga de Campeones.
1997. Supercopa de Europa.
1997. Copa Intercontinental.

- Trofeos nacionales:

Bundesliga: 1955-56, 1956-57, 1962-63, 1994-95, 1995-96, 2001-02, 2010-11 y 2011-12.
Copa de Alemania: 1964-65, 1988-89, 2011-12.
Supercopa de Alemania: 1989, 1995, 1996 y 2008.

De los cuatro semifinalistas, el Dortmund es el que menos posesión de balón tiene: un 46% por partido. Pero, junto al Madrid, es el que más rápido se despliega cuando recupera la pelota. Para ello, Klopp permite que sus jugadores más talentosos se desentiendan a veces del juego defensivo para que puedan descolgarse arriba. Esta temporada se enfrentaron en la fase de grupos y en los dos partidos, sobre topo en el de Alemania, el Dortmund supo buscar y explotar los puntos débiles del Madrid. En una reciente entrevista en este periódico, Klopp explicaba así la victoria (2-1) de su equipo: "Ese día tuvimos la mejor idea porque sabíamos quién tiene problemas cuando domina el balón. Sabíamos dónde enviarían los pases, cómo buscarían a Cristiano. Nuestro plan fue dejar fuera de juego a Xabi (disculpa, Xabi, pero ese era el plan A). Porque si Alonso puede jugar como quiere es imposible defenderse del Madrid. Y Götze lo tapó. Sabíamos que si nuestros laterales, Piszczek y Schmelzer, se movían mucho, la ventaja estaba de nuestro lado con Cristiano. Si bloqueas a Xabi, obligas a Pepe a tener siempre el balón. Y eso supone una diferencia". El partido de Madrid lo igualó Özil en el último minuto con una genialidad en un lanzamiento de falta. Fue una cita muy competida, jugada a un ritmo vertiginoso en muchas fases del encuentro.

Ofensivamente, Klopp pone el primer peldaño en la salida de balón de su central Hummels, que también tiene libertad para traspasar el centro del campo para romper líneas en conducciones con el sello de los clásicos líberos alemanes. El primer pase, en largo o en corto, siempre suele ser suyo. Los dos laterales, Piszczek y Schmelzer, juegan muy adelantados, casi siempre como una opción de pase para intentar progresar. Gundogan, el jugador más importante para Klopp, es la bisagra en el medio. En Alemania sale ganador en la comparación con Schweinsteiger como manija del juego porque su desempeño en la posición es más natural que el del mediocentro del Bayern, que ha evolucionado. Gundogan procura jugar siempre a un toque y a partir de él, el Dortmund trata de acelerar el juego cuando ataca. O busca la velocidad de Kuba a la derecha, las descargas de Lewandowski en el medio o la habilidad a la izquierda de Reus.

Aunque este último y Götze tienen bastante libertad de movimientos. Dice Klopp que “el Barça tiene a Messi para ganar partidos” y que él, al menos, entre Götze y Reus puede sumar el poder para decidir partidos de forma individual. Los dos son encaradores acreditados y a los dos les persigue la misma falta de continuidad en los partidos propia de su juventud. Pueden desaparecer del juego, pero cuando se enchufan a la vez y conectan con Lewandowski la producción ofensiva del Dortmund es abrumadora. Ahí es cuando aparece ese equipo arrollador al que no le importó regalarle la pelota al Madrid en casa para hacerle sufrir con esas rápidas descargas.

A Lewandowski, al que en Alemania conceden el honor de ser el primer fichaje de Guardiola para el Bayern, le gusta vincularse con el juego. Tiene tanto peso en el área, como fuera de ella.

Di Stéfano deja el hospital

"No sabía quién ha tocado, pero el Borussia está bien", dijo el mítico Alfredo Di Stéfano al conocer el rival del Real Madrid en las semifinales justo cuando abandonaba el hospital de La Fe de Valencia, donde ha permanecido ingresado desde el pasado martes para someterse a una revisión periódica de los problemas cardíacos que obligaron a operarle en 2005.

"Le queda para mucho tiempo", dijeron los médicos sobre el corazón del exfutbolista, de 86 años, al que hace ocho años le pusieron cuatro by-passes. José Olage, responsable de la unidad de arritmias del hospital valenciano, ha señalado que en la revisión del mes de enero se le detectó una arritmia auricular que no se ha conseguido controlar con medicación. Olage explicó que Di Stéfano ha sido sometido a una prueba que le ha permitido, a través de la corriente eléctrica, pasar de una situación de arritmia al ritmo normal y que van a seguir con revisiones del marcapasos bicameral cada seis meses,

"Se dijo que había venido para un recambio de la pila, pero no era así, le queda pila para los próximos dieciocho meses", señaló el médico.

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