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Fiesta incompleta para el Atlético

El conjunto rojiblanco derrota al Levante pero pierde dos semanas a Falcao por lesión

Falcao espera en el césped para ser sustituido

Por cómo se organiza atrás el Levante y por cómo ataca , preveía Simeone un partido duro, un duelo de esos que se ganan metro a metro, acción a acción. Intuyó una batalla táctica que desembocaría en un encuentro para destriparlo poco a poco. Así lo hizo el Atlético, un conjunto del que se le medía la capacidad para descifrar a un rival que le iba a ceder el protagonismo desde el inicio. La victoria le coloca a ocho puntos del Barça, lo que deja una buena noticia en términos de emoción para el campeonato. Es complicado ver que el Atlético pueda caerse, salvo lesiones claves como pueda ser la de Falcao, o un inesperado derrumbe anímico. La mayoría de los rivales con los que se ha cruzado han sucumbido a su juego, del que no duda y cada vez parece creer más.

ATLÉTICO, 2 - LEVANTE, 0

Atlético: Courtois; Manquillo, Miranda, Godín, Filipe Luis; Tiago, Gabi (Gabi, m. 65), Koke; Adrián (Arda, m. 71), Falcao (Diego Costa, m. 58) y Cebolla Rodríguez. No utilizados: Asenjo, Cata Díaz, Mario Suárez y Emre.

Levante: Munúa; Pedro López, Ballesteros, Navarro, Lell; Diop, Iborra; El Zhar (Barkero, m. 60), Michel (Juanlu, m. 72), Rubén García (Roger, m. 80); y Martins. No utilizados: Keylor Navas, Rodas, Nikos y Ríos.

Goles: 1-0. M. 31 Adrián remacha a placer un centro de Manquillo. 2-0. M. 60. Koke, de rosca desde fuera del área.

Árbitro: Delgado Ferreiro. Amonestó a Gabi, Pedro López, Míchel y Lell.

Vicente Calderón, unos 35.000 espectadores.

Entregó la pelota el Levante y el dominio territorial como se esperaba. La primera respuesta del Atlético al plan de Juan Ignacio Martínez fue desde la alineación, con Adrián y el Cebolla Rodríguez abiertos para buscar esa profundidad que no tuvo en el partido de la primera vuelta. Se cebó mucho por la izquierda por el peso que suponen Filipe Luis y el Cebolla. A este le da igual ocho que ochenta cuando decide arrancar. No teme, aunque a veces no regule sus explosiones con las medidas del campo, que parece quedársele pequeño. En el otro costado, Adrián se metía más al medio y Manquillo se alargaba. Fue Adrián, por dentro, el que propició la primera gran ocasión en una de las pocas veces que el Levante le concedió al Atlético la oportunidad de robar. Su buen pase no lo aprovechó Falcao, al que se le ve falto de chispa en los últimos metros, y que acabó lesionado en el segundo tiempo. Estará dos semanas de baja por un problema muscular. Manquillo, sin estar brillante, no se rajó, y eso que El Zhar empezó rompiéndole con un cambio de ritmo en el primer envite. Luego, el marroquí se fue a la banda derecha y Manquillo salió siempre ganador de sus duelos con Rubén García.

Obsesionado con el flanco izquierdo, fue una apertura de Tiago a la derecha para Manquillo la que abrió el marcador. El chico centró fuerte y tenso a media altura y el pase lo cazó Adrián casi sin ángulo para hacer cumplir esa rara condición que persigue a algunos delanteros que son capaces de embocar lo complicado y fallar lo fácil.

El tanto, a la media hora, fue un alivio para el Atlético porque el manual del Levante no le dejaba expresarse como acostumbra, con mucho robo en campo contrario. Ordenó JIM saltarse las líneas rojiblancas con el saque largo de Munúa, que cuando lo hace a balón parado envenena mucho la pelota porque saca plano y su equipo está muy preparado para las segundas jugadas. Por esa razón estuvieron Miranda y Godín más exigidos de lo que acostumbran ante el aluvión de balones largos y aéreos a anticipar. En esa batalla dura, otro futbolista del Atlético estuvo imperial. Gabi se presentó en cada disputa por los espacios y por el balón y salió ganador de su función de equilibrista. La grada se lo reconoció jaleándole en pie cuando fue sustituido.

El tanto de Koke, una rosca a la escuadra desde el vértice, sentenció. Una acción que habla de la autoestima que inunda al plantel. Había alternado buenos golpeos a balón parado con otros no tan buenos y algunos errores en el pase. Pero no dudó en darle al balón esa parábola tan imparabale como parece el Atlético, independientemente del pelaje de la pizarra contraria.

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