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Obituarios
Opinión

Liliana Angulo Cortés, el arte como acto de justicia

El pasado 21 de febrero, el mundo artístico sufrió una gran pérdida con la muerte de la directora del Museo Nacional de Colombia. Su aporte a la lucha antirracista, las artes plásticas, la museografía y las memorias negras son invaluables

Liliana Ángulo, en Bogotá, el 11 de abril de 2024. Camila Acosta Alzate

Liliana Ángulo Cortés nació en Bogotá en 1974. Se desempeñó por años como artista plástica, investigadora y curadora, y fue nombrada directora del Museo Nacional de Colombia el 31 de marzo de 2024, la primera mujer afrocolombiana en llegar a ese cargo en sus dos siglos de historia. Liliana tomó esa oportunidad para poner sobre la mesa grandes retos, como el cuestionar al museo como institución colonial y los problemas estructurales que parten de ese origen. No dudó allí en hablar sobre negritudes, mujeres, disidencias, conciencia de clase. Como artista, Liliana experimentó con fotografía, escultura, performance, tejido, entre otras; en cada expresión artística hubo un trabajo intenso respecto a la resignificación y la dignidad de las memorias negras, así como una tarea titánica en la creación y preservación de archivos afrodescendientes. El cuidado que Liliana le puso a su quehacer artístico no solo se ve en la representación que ella mostró de la diáspora africana, siempre heterogénea y múltiple; también lo vemos en su posición política y la manera en que abordó el antirracismo desde conversaciones necesarias e inescapables sobre reparación y justicia en lugares como el Museo Nacional.

El Museo Juan del Corral en Antioquia, como muchas otras entidades, rindió un homenaje a la artista con las palabras exactas: “Liliana trabajó con la imagen como quien abre una herida para limpiarla. Miró el archivo, lo tocó con cuidado, escuchó lo que no estaba dicho y lo cuestionó sin miedo. Liliana fue mujer. Como presencia que decoloniza lo sagrado. Reivindicó las espiritualidades afro como territorios vivos, como saberes que habitan el cuerpo y el museo. Con ella aprendimos que la representación importa. Que cada una imagen puede reparar o puede violentar.”

En varias de sus obras podemos ver esa mirada afrocentrada, en series famosas como Quieto pelo, Mambo negrita y Empoderamiento cromático. Está también Negra menta, una serie fotográfica del 2000, que es una crítica sin tapujos a una caricatura racista llamada Negra Nieves, que dominó los medios tradicionales colombianos durante décadas, estereotipando a una mujer negra vestida de blanco. La serie de fotografías de Liliana dignifica a la mujer vestida de blanco que debe reemplazar a la caricatura, y al mismo tiempo denuncia el racismo que la ha mantenido en un rol de esclavización, desde la colonia al capitalismo tardío.

Liliana realizó en toda su obra punzantes críticas a las formas cotidianas y aparentemente menores del racismo. A través de la ironía, la apropiación de la estética publicitaria y la intervención del archivo cultural, estas series desmantelaron estereotipos que pesan sobre los cuerpos y las subjetividades negras. Un tema que también se repite en su obra hace referencia al control del cabello que, en términos políticos, se ha utilizado para deshumanizar a las personas de la diáspora africana con señalamientos estéticos despectivos. Sin embargo, Liliana no solo habló de la herida colonial; también usó el lenguaje festivo y el humor popular, dejando en su discurso y su arte una denuncia constante en contra del blanqueamiento de las estéticas y expresiones artísticas afrodescendientes. Logró que lo íntimo y lo político se entrecruzaran en un mismo gesto, mientras exhibió las violencias de la vida diaria, sin dejar de exhibir una pedagogía visual de la autoafirmación, donde la piel, el cuerpo y la memoria se convirtieron en herramientas de resistencia.

El 18 de abril de 2024 fue publicada una entrevista que le hicimos en El PAÍS, donde Liliana nos comentó lo que representaba para ella su cargo como directora del museo más emblemático de Colombia: “Para mí es un reconocimiento al trabajo que yo he venido realizando alrededor de la representación de lo afro, también alrededor de la reparación y el antirracismo en los museos”. El tema afro y el antirracismo, como ella mencionó en aquel entonces, fueron ejes centrales en sus propuestas, temas que siempre se propuso visibilizar como directora y trabajó por eso incansablemente. Ella reconocía en las narrativas un camino para exigir espacio, escucha, reparación histórica y participación, todo con una perspectiva antirracista y decolonial. En sus palabras: “Hay una jerarquización del arte que tiene que ver con esa herencia colonial y con esas jerarquías raciales. Entonces, hay unas ideas que plantean que el arte entendido desde la lógica europea es lo que te acerca a lo sublime, que es universal, y lo demás, pues son expresiones menores o es folclor, o es arte popular o es artesanía. El museo debe profundizar en una mirada decolonial y hay muchas apuestas respecto a eso.” Esas apuestas no son menores, son parte del legado de Liliana, de la conversación que abrió y lideró sobre la necesidad de que el arte fuera de fácil acceso a todas las personas, así como la valoración y el respeto por las personas hacedoras de arte que no están dentro de ese esquema de lógica europea.

La obra y la vida de Liliana Angulo Cortés deja una tarea ineludible: no permitir que el silencio vuelva a ocupar los espacios que ella abrió con tanta lucidez y valentía. Su legado no es solo estético ni institucional; su legado es político y ético. Su obra y su vida invitan a seguir pensando críticamente sobre las narrativas que orquestan memorias, historias y representaciones en nuestro país. En tiempos donde el racismo, la exclusión y la violencia simbólica persisten, su trabajo nos recuerda que el arte transforma, repara y dignifica. Liliana nos enseñó a mirar nuestra propia historia con compasión y con agudeza; no esquivar es también amar radicalmente, arraigarse en verdades. Su memoria nos acompaña como un faro, como una voz que insiste, como una presencia que no le teme a la incomodidad, como una mirada que sostiene.

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