“La mayoría sabe entrenar, no motivar”

Tarrés se defiende públicamente dos meses después de no ser renovada por la Federación de natación y ser acusada de maltrato por 15 exnadadoras

Tarrés junto al presidente de la federación española de baloncesto, José Luis Sáez
Tarrés junto al presidente de la federación española de baloncesto, José Luis SáezD. SÁNCHEZ (DIARIO AS)

Dos meses después de que Fernando Carpena, presidente de la Federación, le anunciase por teléfono y de forma inesperada que no le renovarían el contrato en 2013, Anna Tarrés compareció en el foro AS para hablar de la exigencia en el deporte de alto rendimiento. Un marco para que la todavía seleccionadora del equipo español de natación sincronizada defendiese públicamente su método de entrenamiento en la élite como respuesta a la carta publicada a finales de septiembre por 15 exnadadoras que acusaban a Tarrés de maltrato psicológico.

Exigencia y excelencia fueron los dos conceptos más utilizados por la entrenadora durante la hora en la que habló de su larga y prolífica carrera en la natación sincronizada. Tarrés fue tejiendo su discurso entorno a la polémica surgida a raíz de su despido, que por momentos sonó más a justificación que a coloquio. “El éxito de la sincro reside en establecer objetivos ambiciosos, pero reales y en saber motivar a tus nadadoras”, declaró la catalana, sobradamente avalada por las 55 medallas olímpicas, mundiales y europeas que logró en sus 15 años en la élite. Con la misma coletilla invadiendo todas sus frases, la entrenadora barcelonesa describió, a veces titubeante, su método de entrenamiento, un método muy exigente y, a la vez, muy cuidadoso basado en “sacar lo mejor de las nadadoras y ponerlo a disposición del equipo”, sin olvidar “la motivación y la comunicación de la entrenadora con las deportistas” para combatir el “desgaste físico y psicológico” que producen tantas horas en la piscina. “La mayoría de los entrenadores saben entrenar, pero no motivar”, alegó la barcelonesa.

Cuando habla de las medallas logradas, la entrenadora pionera de este deporte en España no disimula su pasión, aunque en la federación ya no cuentan con ella. “No soy imprescindible”, asegura. “Todo el mundo merece una oportunidad”, dice con respecto al nuevo equipo técnico; “los buenos entrenadores requieren su tiempo, y es el tiempo el que pone a cada uno en su lugar”. Habla sin acritud sobre sus sucesoras, entre las que se encuentra Gemma Mengual, y añade: “Los proyectos salen adelante por las personas y da igual si dispones de todos los medios, si al final esas personas no son competentes”.

Busco constantemente la excelencia y alcanzarla cuesta mucho dinero”

La seleccionadora sin cargo no quiso profundizar en los motivos que llevaron a esas exnadadoras a publicar la carta y señaló que competir en la élite “conlleva por momentos un nivel de frustración que no todo el mundo es capaz de asumir”. Para Tarrés el límite en el deporte de alto rendimiento es aquel que está “consensuado por entrenadora y nadadoras”. Lo único de lo que la pueden acusar es de “ser muy pesada a la hora de pedir” y se justifica por ello: “Busco constantemente la excelencia y alcanzarla cuesta mucho dinero”.

Aunque reconoce que en el plano personal le ha afectado muchísimo las acusaciones vertidas en la carta, Tarrés no renunciaría “a ninguna medalla” por no verse salpicada por el escándalo. El próximo lunes se verá las caras en el juzgado con Carpena, a quien ha demandado.

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