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El Sevilla conquista Riazor

El Deportivo tropieza ante un adversario bien construido y se prepara para sufrir

Tropezó el Deportivo justo cuando el calendario se le empina con dos salidas consecutivas a Madrid (Bernabéu y Vallecas), el Barcelona en casa y la visita al eterno rival de Vigo. La derrota y la perspectiva nublan el horizonte en Riazor, hasta la fecha un tanto empalagado con el buenismo futbolístico que predica su técnico y que muestra el equipo: aseado, pero justito para caminar ante rivales como el Sevilla, bien construidos y con importantes y cotizadas individualidades.

No fue un partido bien jugado. A veces ocurren estas cosas porque el tópico es una certeza: el fútbol es de los futbolistas. Y ya les pueden regalar espacios y herramientas los técnicos para que puedan mostrar su talento que sin acierto no hay manera.

Todo fue previsible, el partido se abrió como un abanico, casi sin control en el medio campo, entregado al galope de gente como Cicinho, Navas, Pizzi o Bruno Gama, a las episódicas apariciones de Valerón para poner en carrera a Riki, pero faltó finura. No la tuvo Cicinho para explorar uno de los flancos que más preocupaba en Riazor. Fallón en el pase, el lateral brasileño siempre miró hacia adelante, pero apenas conectó con Navas, que se buscó solo las castañas y a punto estuvo de encontrarlas, por ejemplo con un derechazo que se estrelló con estrépito en la cruceta mediada la primera parte.

Deportivo, 0 - Sevilla, 2

Deportivo: Aranzubía; M. Pablo, Marchena, Aythami, Evaldo; Abel Aguilar, Juan Domínguez (André Santos, m. 86); Bruno Gama, Valerón (Camuñas, m. 77), Pizzi; y Riki (Nelson Oliveira, m. 60). No utilizados: Lux, Zé Castro, Ayoze y Álex Bergantiños.

Sevilla: Palop; Cicinho, Botía, Spahic, Navarro; Medel, Maduro (Campaña, m. 78); Jesús Navas, Rakitic (Kondogbia, m. 86), Trochowski (Manu del Moral, m. 72); y Negredo. No utilizados: Diego López, Fazio, Luna y Diawara.

Goles: 0-1, m. 75, Negredo; 0-2, m. 83, Rakitic

Árbitro: González González. Amonestó a Jesús Navas.

Incidencias: Riazor. Unos 25.000 espectadores

Pugnó bien el extremo internacional, un purasangre, capaz de convertir un córner en contra en una ocasión de gol a favor tras correr noventa metros con la pelota. Tras él unas cuantas camisetas blanquiazules, tampoco todas: el Deportivo padece como pocos en los contragolpes porque está plagado de gente con más querencia para correr hacia la meta rival que a la propia.

Hubo además esa impresión de incertidumbre o sufrimiento porque el cuadro local no acabó de imponer un ritmo. Igual tampoco lo buscó. Se cantan las bondades de un equipo del que se dice que le gusta tener la pelota, pero en bastantes tramos de lo que va de Liga lo que se ha percibido es un Deportivo con más prisa por llegar que por manejar. Impaciente como fue al menos mostró variedad. Y cuando Bruno Gama y Pizzi estuvieron sujetos llegó por el medio con Abel Aguilar, que también envió un remate lejano al palo, o con Valerón cuando consiguió detener el tiempo antes de que se le parara el reloj del todo, justo cuando Negredo aprovechó un centro de Cicinho para escorar un resultado que rubricó Rakitic tras error de Aranzubía.

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