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Plata y estrellas

Las estrellas de la NBA resuelven con solvencia (107-100) la espléndida réplica del equipo liderado por Pau Gasol y Navarro

Marc Gasol protege el balón ante LeBron, Chandler y Bryant. EFE

Lo imposible fue imposible, pero 12 tipos indomables, una generación sensacional de jugadores a lomos de Pau Gasol, dieron vida otra vez al sueño. Por momentos hicieron temblar a la constelación de estrellas de la NBA y a la vez que permitieron gozar de una final maravillosa, con todas las de la ley, una de las citas prime time de los Juegos Olímpicos, junto a las brazadas de Michael Phelps o las zancadas de Usain Bolt. Ganó Estados Unidos, solvente, aplicado, tan consciente de su superioridad, de ser el equipo icono, como de la necesidad de apretar el acelerador a fondo, de actuar como un verdadero grupo cuando enfrente está otro con el carácter combativo de España. El marcador se cerró con un 107-100, una derrota honrosa para el equipo de Scariolo, si es que ese calificativo es compatible con su gen competitivo, demostrado una vez más punto por punto.

EE UU, 107 - ESPAÑA, 100

Estados Unidos (35+24+24+24): Paul (11), Bryant (17), Durant (30), James (19) y Chandler (2) -equipo inicial-. Westbrook (3), Williams (6), Iguodala (0), Love (9), Harden (2), Davis (0) y Anthony (8).

España (27+31+24+18): Calderón, Navarro (21), Rudy Fernández (14), Pau Gasol (24) y Marc Gasol (17) -equipo inicial-. Sergio Rodríguez (7), Reyes (0), San Emeterio (0), Llull (5), Claver (0), Sada (0) e Ibaka (12).

Árbitros: Cristiano Maranho (BRA), Christos Christodoulou (GRE) y Michael Aylen. Rudy Fernández fue eliminado por cinco personales en el minuto 40.

Incidencias: Partido correspondiente a la final del torneo olímpico de baloncesto disputado en el North Greenwich Arena ante 13.514 espectadores.

Reinó Kevin Durant, el mastín de los nuevos tiempos de la NBA, el hombre que les discute el cetro a Kobe Bryant y LeBron James. Pero tan majestuoso resulta el talento y la forma en que son capaces de exprimirlo esta docena de maravillosos jugadores de la NBA, como la réplica valiente, decidida, talentosa de esta selección española que cuajó, sin duda, su partido más espectacular en los Juegos de Londres.

Desde que Estados Unidos perdió su último partido, en el ya lejano septiembre de 2006 en las semifinales de un Mundial ante Grecia, se aplicó en la operación de recuperar su crédito. Desde entonces, junta a sus máximas figuras, al Dream Team de turno. Se redimió en 2008 y ha revalidado en Londres. Pero si España le puso las cosas difíciles en Pekín, volvió a exigirle el 100% de nuevo esta vez, le negó la alfombra roja camino del oro.

Las finales, los enfrentamientos contra Estados Unidos, obran un efecto vigorizante en la mejor generación española y posiblemente una de las mejores de todo el orbe, NBA al margen claro. Volvió a suceder esta vez. Navarro arrancó el partido como un ciclón, el ataque español dejó en evidencia a Chandler y la cambiante defensa en zona equivocó más de la cuenta a Estados Unidos y, de primeras, dejó seco a LeBron.

No bastó el demoledor ejercicio ofensivo de Kevin Durant para abrir una brecha temprana en el marcador. Al contrario, España tomó carrerilla con un par de triples de Navarro (7-12). La puesta en escena de Carmelo Anthony provocó el primer desajuste en la defensa española. Se olvidó USA de la lucha de pívots y acentuó su juego desde el perímetro, con Melo, su teórico cinco, lanzando triples. Perdió pie España con otro triple de Durant (35-25). Scariolo recurrió a un quinteto más liviano pero más relampagueante, con Sergio Rodríguez, con Llull, con Ibaka. Y volvió a igualar el pulso España, que durante muchos minutos cumplió con varias de las premisas que se antojaban imprescindibles: un buen porcentaje de triples, mantener al menos la igualdad en el rebote y no cometer excesivas pérdidas. Se encontró con una dificultad adicional, la rapidez con la que Marc Gasol se cargó con cuatro faltas, cuando no habían transcurrido 15 minutos.

Reinó Durant, el mastín de los nuevos tiempos de la NBA, el hombre que les discute el cetro a Bryant y LeBron

Tras el receso, con un 59-58 en el marcador, el tercer cuarto dio paso a un recital imponente de Pau Gasol. El equipo encontró la veta, explotó a fondo la vulnerabilidad de Estados Unidos en el interior de la zona. Y el gigante español, que había sumado siete puntos en toda la primera parte, anotó 15 en ese tramo. A su lado, Ibaka desplegó sus mejores minutos en un campeonato que no había sido brillante precisamente para él. Bryant y, una vez más Durant, le dieron réplica al mayor de los Gasol.

España afrontó el último acto viva y coleando, con un 83-82. Sergio Scariolo dio descanso a Pau Gasol y a Navarro. Y EE UU confirmó su enorme capacidad para golpear en un abrir y cerrar de ojos. En lo que duró ese minuto y medio de receso de las dos grandes figuras del equipo español, LeBron y Chris Paul abrieron hueco: 90-84. Reaccionó Scariolo. Pero nada más volver a la cancha Pau, se llevó un golpetazo de LeBron. Tuvo que ser atendido en el banquillo. Entre pitos y flautas, cuando volvió a la cancha, otro triple de Kevin Durant y otra canasta de Kobe habían abierto la diferencia a nueve puntos, 95-86.

Quedaban seis minutos, pero Paul manejaba ya el ritmo de juego con solvencia y Kobe y LeBron ejecutaban a favor de viento. Después de una canasta de Rudy en contraataque, un fallo de Pau a poco más de tres minutos para el final y un par de canastas de LeBron abrieron un hueco ya insuperable: 102-93.

Perdió España, que no anotó ni un solo triple en la segunda parte y se quedó en siete frente a los 15 de los estadounidenses, que no pudo con un Kevin Durant demoledor, con 30 puntos y nueve rebotes, ni en los momentos decisivos con LeBron, que acompañó sus 19 puntos con siete rebotes y cuatro asistencias, y tampoco con Kobe Bryant y Chris Paul.

Cantó victoria Estados Unidos cuando faltaban todavía dos minutos. No hubo final dramático, pero sí hubo partido, juego de altos vuelos, competitividad y hasta magia en el North Greenwich de Londres, tanta como para que no suene redundante la demanda de una nueva cita y hora. Nunca cansará esta serie de duelos decisivos entre Estados Unidos y España, un lujo para el baloncesto y para el deporte mundial.

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