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Condenado al cuarto

Como en Pekín 2008, Ander Elosegi se queda a un puesto del podio

Ander Elosegui, durante la final Ampliar foto
Ander Elosegui, durante la final EFE

"Es muy duro quedar cuarto dos veces seguidas en unos Juegos Olímpicos, muy duro”, sentencia Fernando Hueling, apoyado en una barrera, mientras, al otro lado, en chanclas sobre la hierba empapada, Ander Elosegi intenta pasar el primer trago dejando que el poco de agua que se había colado en la canoa le bañe la cara mientras la eleva y la sacude sobre su cabeza invertida para vaciarla. “Estoy triste”; dice luego el palista de Irún. “Estoy triste y rabioso porque cuatro años de trabajo se han quedado en nada por un par de errores. Hace cuatro años, en Pekín, la medalla no era un objetivo, pero aquí, sí”.

A Elosegi, cuyo cuarto puesto final en el eslalon C1 de piragüismo en aguas bravas es la mejor clasificación española hasta el momento en Londres, le superaron un chavalillo de Alemania, Sideris Tasiadis, de 22 años y campeón de Europa, que se llevó la plata, y dos viejos marinos inoxidables, dueños entre ambos de los últimos cinco oros olímpicos: Tony Estanguet, de 34 años, de Pau, quien con su oro de Londres se convierte en el primer francés triple campeón olímpico (Sidney y Atenas también), y el eslovaco Michal Martikan, de 33 años, ya campeón olímpico en Atlanta 96, y bronce en el canal de Lee Valley. Todo ello, claro, ayuda a reflexionar sobre la inevitabilidad del cuarto puesto de Elosegi: dos diplomas que siguen siendo lo mejor del piragüismo bravo español en toda su historia olímpica. “Ya, pero yo esperaba darle un golpe por fin al orden fijo”, dice.

Estoy triste y rabioso porque cuatro años de trabajo se han quedado en nada por un par de errores"

Otros dos palistas españoles de bravas, Samuel Hernanz y Maialen Chourraut, ambos de K1, parten también con posibilidades de medalla en las finales de hoy y mañana, respectivamente. Ambos, como Elosegi, están entrenados por Xabier Etxaniz, el pionero español del eslalon, de los tiempos casi heroicos, uno que empezó bailando olas con la piragua en La Concha y acabó participando en los Juegos de Barcelona 92, uno que ha competido y peleado con Estanguet y Martikan.

“Son dos muy experimentados, dos que saben funcionar muy bien bajo presión, y eso es fundamental en una final olímpica donde el que menos falla es el que gana. Yo fallé y me quedé esperando un fallo que no se produjo”, dice Elosegi, oficialmente un estudiante de informática cuyo mayor lamento no es plenamente el de no haber logrado su objetivo de subir al podio, sino el de no haber descendido bien, que es el primer objetivo de todo deportista, sentir el placer de la casi perfección, al lado del cual palidece el puesto conseguido.

La pena es que no he conseguido en todos los Juegos haber bajado bien de arriba abajo este canal”

“Giré mal para encarar la puerta 15, en la parte intermedia del recorrido, y allí perdí unos segundos”, dice. “La pena es que no he conseguido en todos los Juegos haber bajado bien de arriba abajo este canal”. Con poderosas paletadas, fortísimas, y magníficos y esforzados giros de hombros para palear por ambos costados de la canoa, Elosegi peleó, lo que es sinónimo en su deporte, el de la fluidez y la simbiosis con su elemento, de frustración y error.

La semifinal, disputada hora y media antes de la final, con las puertas situadas en el mismo lugar, la terminó también cuarto, y tampoco salió muy contento de ella Elosegi. En la final repitió prácticamente el mismo tiempo (dos segundos menos pues no sumó penalizaciones esta vez), lo que, pese a ser el mejor tiempo de los cuatro que habían descendido hasta entonces los 250 metros siguiendo las rutas inverosímiles trazadas sobre rulos y torrentes, le señaló inevitablemente el camino de la espera sin esperanza dando vueltas de un lado a otro en su canoa sobre las aguas embalsadas al final del canal. “Errores mínimos siempre hay, en esto es imposible la perfección porque nunca el camino ideal que llevas en la cabeza coincide con el camino real”, reflexiona Elosegi. “Pero para conseguir medalla yo necesitaba que cometieran errores importantes dos de los cuatro que quedaban, y solo falló el esloveno…”

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