Samuel abandona y es duda para Londres

El ciclismo español acapara las desventuras en el Tour con tres de los cinco seleccionados para Londres caídos en combate

C. A.
PORRENTRUY - 08 jul 2012 - 19:35
Samuel Sánchez, con los dos brazos vendados, a su salida del hospital
Samuel Sánchez, con los dos brazos vendados, a su salida del hospitalDANI SANCHEZ (DIARIO AS)

Cada persona es su mundo y cada ciclista su circunstancia, pero cuando los mundos chocan y las circunstancias se repiten también es legítimo sacar conclusiones. Como si sobraran, como si no se hubieran adaptado al cambio de marea del ciclismo (a la new wave anglosajona, a la nouvelle vague francesa), como si nadaran contracorriente, el Tour expulsa a los españoles a golpes, es una circunstancia repetida, una forma de decirles que sobran. Fue Freire el día del apocalipsis, fue Samuel Sánchez ayer, a quien le cayó encima Valverde, al suelo otro día, y se dislocó un hombro, se desvaneció sobre el asfalto muy al estilo dramático Samuel, se rompió el tercer metacarpiano de la mano derecha, la que se usa para frenar, abandonó en ambulancia. “No sé si llegará a Londres”, zanja rápido su director, Gorka Gerrikagoitia, “que es lo único que os interesa [parece olvidar que el casco dorado de Samuel, las líneas de oro en su maillot se deben a que es el campeón olímpico]. Pero la luxación de la clavícula no es importante y lo del metacarpiano es menos que si hubiera sido el escafoides de la muñeca”. Hasta el momento, de los cinco seleccionados, solo es baja segura para Londres Freire, a quien sustituirá Ventoso; Rojas, que abandonó con la clavícula rota, es optimista.

Y a los que no expulsa los maltrata. Valverde, que llevaba tres años sin pasarse por Francia (y dos sin disputar una gran vuelta), ha sido víctima del estrés. No ha tenido ni un día de tranquilidad, ni un día sin miedo, casi ni un día sin caídas o incidentes. Cuando ansiaba la montaña, un pinchazo le hizo subir a contrapié el sábado la Planche des Belles Filles, donde perdió más de dos minutos; al día siguiente, la caída con Samuel (una herida en la tibia), aun contando a su favor con las oraciones de los amigos a los que había pedido que rezaran por él, y aun ocurrida a 100 kilómetros de meta, le perturbó toda la etapa, en la que volvió a perder más de dos minutos. Terminó 28º en la general, a 6m 45s del amarillo Wiggins, a seis minutos del quinto puesto, su aspiración. “Y mañana, tras la contrarreloj, estará a 10 minutos”, dice su director, Eusebio Unzue. “Evidentemente, luchar por la general es imposible, e intentar ganar una etapa, muy difícil”.

El optimismo de Unzue se queda ahí, se niega a generalizar y a aplicarlo al estado del ciclismo español, niega el discurso catastrofista tan apropiado para el día. “Es una cuestión de mala suerte, dice. Y no tiene sentido sacar conclusiones solo de los días de los fracasos”. La conclusión que le desagrada a Unzue, la que no gusta a nadie, es el carácter simbólico de las caídas, de los abandonos, que afectan a la única generación con cara y ojos del actual ciclismo español, la de los que tienen ya más de 30 años. Tampoco quiere que se saquen conclusiones de que solo hay dos españoles en liza para el maillot de mejor joven o de que entre los 30 primeros de la general solo hay tres españoles, Zubeldia (35 años, 5º), Izaguirre (24, 25º), y Valverde (32, 28º), ni por supuesto que se compare este Tour con otros aciagos, como el del 86, en que solo uno, Pino (octavo), terminó entre los 10 primeros. “Pero al año siguiente Perico por poco gana, y ganó dos años después, y luego llegó Indurain, y…”, dice Unzue. Pero cuando se le pide que enumere a los pericos, a los induraines, a los contadores de dentro de unos años, no sale ningún nombre de sus labios.

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Sobre la firma

C. A.

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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