El gran temor a los daños cerebrales

Una nueva muerte aviva el debate en la NFL sobre las consecuencias de la dureza del juego para la salud de los jugadores

Homenaje en San Diego al jugador del equipo local Junior Seau, fallecido esta semana.
Homenaje en San Diego al jugador del equipo local Junior Seau, fallecido esta semana.KENT HORNER / AFP

Junior Seau, una de las estrellas de la Liga Nacional de Fútbol americano, fue encontrado muerto esta semana en su casa de San Diego. Su novia le halló en una habitación de la vivienda con un disparo en el pecho junto a un revólver y, aunque no había rastro de ninguna nota de suicidio, la autopsia ha confirmado que el jugador se quitó la vida, como ya hicieran otros miembros de la NFL, supuestamente abatidos por las consecuencias de las diversas lesiones sufridas a lo largo de su carrera.

El defensa de los Chargers pertenece a la generación de jugadores que llevaron al equipo a la final de la Superbowl en 1995 y se retiró en 2009. Estuvo 13 temporadas en San Diego. Y, como otros siete compañeros que han perdido la vida en los últimos 16 años, Seau falleció antes de alcanzar los 45 años de edad.

Seau se une a una larga lista de veteranos que han perdido la vida a los pocos años de retirarse

Las circunstancias de la muerte de Seau han despertado sospechas sobre la voluntad del jugador para que se preservara su cerebro y que éste sea analizado por expertos. La NFL vive en estos momentos una intensa polémica sobre la protección de los jugadores, el carácter violento del juego, la necesidad de cambiar las reglas para aumentar la seguridad y los problemas de salud que padecen los futbolistas a consecuencia de las conmociones cerebrales que sufren a lo largo de su carrera.

Seau se une así a una larga lista de veteranos de la NFL que han perdido la vida a los pocos años de retirarse y las condiciones de su muerte refuerzan los argumentos de los 170 jugadores que han presentado demandas colectivas en contra de la Liga. Después de varios años de protestas, el colectivo denunció en los tribunales a los responsables de la NFL -la institución deportiva más rentable del país, con 9.000 millones de euros de ingresos anuales- por ocultar a los jugadores la gravedad de las lesiones que pueden sufrir en el campo e impedir el avance de las investigaciones médicas.

A pesar de los indicios, la NFL no reconoció hasta 2009 que existe una conexión entre los traumatismos craneales que padecen los jugadores -el 60% de los jugadores padece uno a lo largo de toda su carrera profesional- y el hecho de que tengan 19 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, el triple de diagnósticos por depresión que un adulto ileso o que padezcan demencia a edades más tempranas.

Crecen las protestas por los graves daños cerebrales que sufren los jugadores durante la competición

El descubrimiento de la Encefalopatía Crónica Traumática (ECT) por parte del neurocirujano Bennet Omalu, de la Universidad de Virginia, acabaría con la dimisión de dos de los responsables médicos de la NFL. La ECT, una enfermedad degenerativa del cerebro que afecta especialmente a los jugadores de fútbol americano, provoca demencia, depresión, ansiedad y síntomas parecidos a los del trastorno bipolar, en un proceso muy similar al que sufren los boxeadores con demencia pugilística.

El defensa Seau padecía además los mismos síntomas que muchos de los jugadores cuyas autopsias han sido realizadas por Omalu y diagnosticados después con ECT. Según sus familiares, el jugador sufría fuertes dolores de cabeza. Gina Seau aseguró a la agencia Associated Press que su exmarido sufrió múltiples conmociones durante las 20 temporadas que jugó en la NFL. "Por supuesto que tenía [contusiones]. Él siempre se recuperó y siguió jugando. Él era un guerrero. Eso no lo detuvo. Era un jugador de fútbol, no un bailarín".

Taylor Twellman, exfutbolista amigo de Seau, también declaró que el exjugador le había reconocido en más de una ocasión sufrir dolores de cabeza, aunque nunca pidió ayuda profesional para solucionarlo. En 2010, el coche de Seau se salió de la carretera, cayendo por un pequeño acantilado. Aunque también se especuló con el intento de suicidio por parte del jugador, la policía concluyó que Seau se había quedado dormido al volante.

Un año después de aquel accidente se produjo una de las muertes que ha marcado un antes y un después en la historia de la NFL. Dave Duerson, exjugador de los Chicago Bears que acabó con su vida disparándose en el pecho, había dejado una nota en la que especificaba que quería donar su cerebro a la ciencia. Duerson pedía, en realidad, que se investigara si padecía ECT como tantos otros jugadores. La autopsia, realizada por el doctor Omalu, confirmó las sospechas del jugador y añadió a Duerson al grupo de 24 veteranos de la NFL diagnosticados con la enfermedad después de morir. Según la agencia Associated Press, el Centro para el Estudio de las Encefalopatías Traumáticas de la Universidad de Boston ya ha pedido el cerebro de Seau para investigarlo.

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