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Un partido de mínimos

El Barça, superado al inicio por Osasuna, remonta con goles de Alexis y Sergi Roberto (1-2).- Se batirá con el Madrid en los cuartos

El Barcelona descerrajó el Reyno de Navarra después de un partido intrascendente de Copa. La goleada del Camp Nou tuvo un peso decisivo en el choque de ayer en Pamplona. No hubo manera de tensionar el encuentro de vuelta. Tampoco le interesó a Osasuna, que se daba por vencido desde la ida (4-0) y anoche se conformó con acabar con la imbatibilidad de Pinto. Los navarros gobernaron hasta el descanso ante una versión muy desmejorada del Barça. Los azulgrana reaccionaron a tiempo y su remonte confirmó su amor propio y capacidad de superación. No es cuestión de dar facilidades, y menos ante la próxima cita copera con el Real Madrid. Los barcelonistas tenían la necesidad, por lo demás, de mejorar su hoja de servicios en campo ajeno, muy mediocre en la Liga.

OSASUNA, 1- BARCELONA, 2

Osasuna: Riesgo; Marc Bertran, Lolo, Miguel Flaño, Satrústegui (Hermosa, m. 72); Puñal, Loe; Cejudo (Postigo, m. 79), Torres (Raúl García, m. 67), Calleja; Lekic. No utilizados: Ricardo, Nekounam, Lamah y Manu Omwu.

Barcelona: Pinto; Montoya, Piqué, Fontàs (Abidal, m. 14), Adriano; Sergi Roberto, Mascherano, Thiago; Pedro (Busquets, m. 69), Alexis (Messi, m. 58) y Cuenca. No utilizados: Valdés, Puyol, Cesc y Xavi.

Goles: 1-0. M. 40. Lekic. 1-1. M. 49. Alexis. 1-2. M. 72. Sergi Roberto.

Árbitro: Velasco Carballo. Mostró tarjeta amarilla a Calleja.

Estadio Reyno de Navarra: 12.498 espectadores.

Aunque al Barcelona siempre se le identifica, independientemente del color de su zamarra, de la cancha de juego y de su propia alineación, anoche no fue fácil reconocer al equipo azulgrana en la niebla el Reyno de Navarra. Imponía tanto el banquillo azulgrana que solo se reparaba en la formación por curiosidad. Ausentes Alves e Iniesta, que ni viajaron a Pamplona, Valdés, Puyol, Cesc, Busquets, Xavi y Messi se sentaron al lado de Guardiola. Jugaban futbolistas diferentes y de distinta condición, poco familiarizados en el campo. A veces no basta con que el equipo sea simétrico, tenga buen gusto y se imponga tener la pelota. Mezclaron muy mal los azulgrana, planos y lentos, nada profundos y, además, especialmente condescendientes, como si el partido fuera una condena más que una oportunidad de reivindicarse para el futuro más inmediato.

El rosario de calamidades azulgrana fue notorio desde que el equipo desfiló al mando del capitán Pinto. Fontàs se lesionó el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha nada más empezar, Adriano extrañó sus tiempos de extremo y no supo ejercer de lateral, Mascherano también perdió el sitio como medio centro y no se hacía caso a Piqué. Nadie tomaba el mando en el Barcelona y Osasuna se arrimó poco a poco hasta Valdés.

Tampoco jugaban los titulares en el bando navarro. Había muchos suplentes y futbolistas del filial. El equipo de Mendilibar, sin embargo, funcionó mucho mejor que el barcelonista y se ganó el área contraria con más constancia y determinación. A nadie le sorprendió el gol de Lekic, que batió a Pinto con un zurdazo muy centrado, porque con anterioridad ya se habían sucedido algunas llegadas en el área del Barça. Mandaba y remataba Osasuna y dejaba hacer el Barça, aflojado, poco competitivo, abandonado al colchón del marcador de la ida. Puede que fuera por momentos uno de los peores partidos de la temporada por parte del Barcelona, incapaz de combinar, especialmente blando. Jamás ganó un balón dividido y, por contra, perdió a menudo el cuero, como en la jugada del tanto de Lekic.

A Guardiola le pareció, en cualquier caso, que los mismos que habían estropeado el partido en la primera parte lo tenían que arreglar en la segunda. Y acertó porque Adriano se corrigió con un centro estupendo desde la banda izquierda que Alexis cabeceó a la red después que la jugada fuera mal defendida por Riesgo. Los azulgrana despabilaron y pasaron a jugar en terreno rojillo después de haber descansado largo rato en el suyo. El partido fue madurando del lado del Barcelona y la entrada de Messi despertó a la hinchada de Osasuna. Hubo mucho jaleo en el Camp Nou con el dolor de panza de la Pulga y el club navarro entendió que le habían tomado el pelo, igual que cuando le pidieron cambiar el orden de los partidos para poder arreglar la hierba del Camp Nou.

A Messi le recibió Leo con un placaje en el campo mientras la afición le pitaba cada vez que tocaba el cuero. Al argentino, sin embargo, no conviene picarle, ni siquiera en los encuentros aparentemente intrascendentes. Messi tomó el balón y encaró de forma reiterada a los zagueros de Osasuna hasta que habilitó a Sergi Roberto, un jugador con muy buena llegada, parecido a veces a Cesc. El volante tiró un buen desmarque, recepcionó bien la pelota y remató a la red de Asier Riesgo.

El gol fue la mejor noticia para el Barcelona después que Pedro tuviera que ser sustituido por una lesión muscular. No acaba de entrar en juego el extremo canario, que se ha pasado más días en la enfermería que en la cancha, y su ausencia sería ahora especialmente sensible si se tiene en cuenta las bajas de Afellay y Villa. Nada tuvo que objetar Osasuna, que se dejó ir hasta el final. Le dio igual perder su primer partido del curso en casa. A los navarros les interesa la Liga.

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