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Japón y el crecimiento de la clase media

La selección asiática mide su mejora en el juego ante Nueva Zelanda, que hace 16 años le metió 145 puntos, récord en un Mundial

Mañana, cuando Nueva Zelanda y Japón (10.00; C+ Deportes) midan sus fuerzas en el césped de Hamilton, se reeditará el partido con más puntos anotados por un equipo en un partido del Mundial. El 4 de junio de 1995, los All Blacks le endosaron a las Flores Valientes un contundente 145-17. Un resultado abrumador que, 16 años después, parece poco probable que se repita, sobre todo, por el crecimiento del rugby japonés y de la llamada clase media de este deporte.

La primera evidencia de que esta selección japonesa ha evolucionado y no es aquella que encajó 145 puntos quedó patente en su estreno en el Mundial, cuando plantó cara e incluso llegó a tutear a la poderosa Francia pese al 47-21 final, favorable a los galos. "Tuvimos una ventana para ganar el partido", reflexiona el seleccionador japonés, el que fuese un all black, John Kirwan; "nos faltó un poco de físico para mantener el ritmo y forzar un golpe de castigo. Si les llegamos a empatar el partido [estuvieron buena parte del partido 21-25] les hubieran entrado las dudas".

Pero ese no ha sido el único resultado sorprendente que se ha dado en esta Copa del Mundo, ya que por primera vez en la historia de los campeonatos, nadie ha encajado más de 50 puntos en su primer partido. Escocia sufrió para ganar a Rumanía y Georgia, e Irlanda solo pudo ganar a Estados Unidos por 22-10. Pablo Tomás García Menéndez, Tomy, que dirigió a la selección española entre 2000 y 2002, lo tiene claro: "No me sorprenden los resultados. Tanto Japón como Georgia llevan muchos años haciendo las cosas bien. Y no hacen más que confirmar el crecimiento de la clase media".

En este sentido, el caso de Japón es paradigmático. Pese a haber participado en todos los Mundiales, en 10 años ha pasado de ser un rival asequible a un equipo con un juego vistoso y difícil de batir. "Sabíamos que eran rápidos. Pero no tan rápidos", exclamó el veterano centro francés Aurelien Rougerie después de su partido. Kirwan tiene la respuesta: "Teníamos que adaptar nuestro rugby a la cultura y el que mejor nos va es el que no pueden practicar los jugadores grandes. Con la velocidad les podemos hacer daño". Por otro camino han optado los equipos de Europa del Este, como Georgia, que paró a Escocia a base de placajes y batalla física. "Son modelos distintos, pero tienen en común el haber pasado del deporte amateur al profesionalismo, con políticas decididas y concretas de desarrollo que atraen la inversión", explica Tomy.

Esa evolución y desarrollo ya ha dado sus frutos en Japón. Este año ha ganado por primera vez la Copa de las Naciones del Pacífico, que disputa frente a Fiji, Samoa y Tonga, y en 2019 organizará el Mundial. Pero, por ahora, se centrarán en complicarle la vida los más posible a los All Blacks. Todo un reto para la emergente "clase media".

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