Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El truco de magia de Stoner

El australiano realiza un espectacular adelantamiento sobre Lorenzo a falta de seis vueltas y se impone en el circuito californiano, donde el propio balear y Pedrosa completan el podio

Refunfuñaba. Negaba con la cabeza. El gesto torcido. La sonrisa esquiva. Casey Stoner no tenía un buen fin de semana. Se quejaba por primera vez de su deliciosa Honda, que parecía por momentos perder facultades, que no tenía suficiente agarre atrás, cuyo tren delantero no ofrecía la confianza deseada... Pero no hay nada como pinchar a un tío tan tozudo como el australiano, duro de sesera, cabezota, de esos que dice con sosiego que las caídas no le afectan lo más mínimo. Stoner siempre vuelve a levantarse. Eso hizo en Laguna Seca, un circuito que ya lo había visto ganar en el año 2007 y cuyo récord lleva su nombre. Sacó su orgullo, herido, para superar primero a un renqueante Dani Pedrosa, exhausto después de esas fatigosas 32 vueltas a un circuito tan exigente físicamente, acribillada como está su espalda y sus hombros tras tantas operaciones en los últimos meses. Y volvió a lucir ese orgullo, herido, para rebasar a Jorge Lorenzo, cojo, dolorido tras su caída en el entrenamiento matinal del sábado.

Arrancó la prueba como era de esperar. Lorenzo en cabeza, defendiendo esa primera posición en la parrilla de salida. Pedrosa segundo, tras una excelente salida, como de costumbre. Y Stoner tras ellos. En pocos giros se deshicieron de Dovizioso y compañía. Y mientras se sucedían las caídas en la cola, con Crutchlow, Bostrom, Bautista e incluso Simoncelli, los tres magníficos (sí, el cuarto, Rossi, andaba peleándose contra su Ducati, tratando de mantener a raya a Spies, sin éxito, y buscando no quedar por detrás de su compañero Hayden) seguían a lo suyo. Fue un monólogo de la Yamaha seguida de esas dos Hondas maravillosas. Una lección de pilotaje a cada paso por meta.

Rebasado el ecuador de la prueba, Stoner, que ya se había olvidado de todos esos pequeños detalles que le hicieron sentirse incómodo durante el fin de semana, se puso las pilas. Recortó distancias con Pedrosa y cuando lo tuvo a tiro, lo cazó sin más. El catalán dio la batalla por perdida en ese mismo instante. Y pronto se descolgó a casi dos segundos de sus dos rivales. Mientras, Lorenzo resistía, haciendo gala del magnífico ritmo exhibido de viernes a sábado. Y, seguramente, mordiéndose la lengua a cada giro, en cada inclinación, cada vez que pasaba por ese Sacacorchos retorcido y fatal para su pierna herida. Empezó a perder fuelle. Y Stoner, tras copiar sus tiempos, le atacó definitivamente a falta de seis vueltas, con un adelantamiento magistral, por fuera, al final de recta, justo antes de tomar la primera curva, a la izquierda, dificilísima. Buscó los límites el australiano. Y obtuvo su recompensa. Lorenzo se rindió. Un segundo puesto después de haber pensado, al menos por instante, que podría haberlo perdido todo, no era un mal resultado.

La imagen del podio hablaba por sí sola. Subía pesaroso, lento, cansado, Pedrosa. Le seguía, pasito a pasito Lorenzo, que tuvo que cambiar la pierna de apoyo para subir al cajón. Tras ellos, feliz, enseñando su prominente dentadura, Stoner. Son los tres reyes magos de MotoGP, los únicos capaces de hacer maravillas cada domingo, tan lejos como quedan ya las hazañas de Valentino Rossi, que ahora cruza la meta a 30 segundos del primero. Son los tres reyes magos, los amos de la categoría reina, los que hacen magia en la pista.

La imagen de la derrota era la de Toni Elías. Sí, se mantuvo a dos ruedas. Se libró del puñado de caídas. Y se libró de la humillación de que un novato monte tu misma moto y termine en mejor lugar que tú. Pero terminó el último, doblado, y, él sí, con el orgullo herido de verdad. Teme por su futuro.

No le ocurre lo mismo a Rossi, que se sabe el mejor, aunque solo sea por su brillante palmarés, por su historia y su carisma. Sin embargo, pese a que alguien podría decir que un quinto puesto, tratándose de la primera Ducati de la clasificación, es un buen final en esta pesadilla que es su poco entendimiento con esa moto salida de Borgo Panigale, él es el primero reconoce que no. Par Rossi terminar a 30 segundos de los chicos con los que se ha peleado por el Mundial en los últimos años, y a quienes tantas veces ha derrotado, de tantas formas y con tantos colores distintos, no es para nada la imagen del éxito. Una pelea, en cualquier caso, que le pilla muy lejos a Stoner, líder del Mundial después de ese fenomenal adelantamiento sobre Lorenzo, de ese truco de magia al alcance de muy pocos.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.