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Sin noticias de Diego Costa

El delantero del Atlético debería haberse presentado el lunes a los entrenamientos, pero nadie sabe dónde está

El Atlético regresó el lunes a los entrenamientos tras las vacaciones, pero Diego Costa, delantero brasileño, aún no ha aparecido. En el club esperan, no obstante, su llegada en las próximas horas. El lunes, no se presentó a las sesiones de la mañana y de la tarde, pero su ausencia se achacó a la posible pérdida del vuelo que le debía llevar a la capital de España. Dos días de ausencia son, sin embargo, demasiado. Gregorio Manzano, entrenador del Atlético, ya dejó caer el lunes en un programa radiofónico que la falta puede tener consecuencias. "Algo habrá que hacer cuando regrese", advirtió.

No es la primera vez que Diego Costa, de 22 años, altera la tranquilidad del Atlético en la vuelta al trabajo tras las vacaciones de verano. El año pasado, sin ir más lejos, regresó completamente fuera de forma. "Vino con siete kilos de sobrepeso. Tapaba el sol. ¡Parecía una pelota de esas con las que se juega en la playa!", recuerda un miembro del cuerpo técnico que presenció su llegada. Luego, sin embargo, perdió peso y tuvo su momento de gloria la temporada pasada pese a que era el tercer delantero de la plantilla por detrás de Forlán y de Agüero. En abril, en un partido frente a Osasuna en el Reyno de Navarra, fue titular y marcó un triplete que dio la victoria a su equipo 2-3. "Este tipo de partidos le vienen bien, ha superado las expectativas", reconoció el entonces técnico, Quique Sánchez Flores. Costa consiguió otros tres goles durante el curso. Disputó 28 partidos, pero casi todos ellos como suplente. Tenía tan claro su papel en el equipo que, un día, preguntado sobre si esperaba jugar contra el Real Madrid, se sorprendió: "¿Quién? ¿Yo?", contestó.

El día que se lució frente a Osasuna, tenía enfrente a José Luis Mendilibar, técnico rojillo, que le conocía bien porque la temporada anterior le había entrenado en el Valladolid. "Es el técnico más duro que he tenido", reconoció en varias ocasiones. Pero luego, él mismo admitía que no es un futbolista fácil de llevar: "Si me dejan a mí aire no entreno bien", soltó. En Pucela, donde estaba cedido por el Atlético, marcó buenos goles, pero no llegó a convencer del todo y, de hecho, la prensa local le llegó a calificar de "delantero anárquico". Al conjunto blanquivioleta llegó después de pasar por el Albacete y el Celta, clubes en los que también estuvo cedido por el Atlético. En Vigo enseñó dos caras: se mostró como un futbolista habilidoso, pero que perdía el control fácilmente. Fingía demasiadas faltas, se enredaba en discusiones con los rivales y llegó a agredir a algún contrario. Por ejemplo, a Welington, del Málaga, le golpeó en la cara con la pierna y le hizo una brecha que necesitó siete puntos de sutura. La afición acabó silbándole en el último partido de la temporada en Balaídos. Ahora, en el Atlético le siguen esperando.

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