Pitos y reventa en Miribilla
El delantero riojano, junto a Laskurain, se impuso con holgura (22-14) a Berasaluce VIII y un desacertado Apraiz
A una semana de la final del campeonato de mano parejas, el frontón Bizkaia ensayó la cita. Lo hizo, además, con guiño incluido a la afición con una combinación de parejas vizcaínas que aseguraban el lleno y el atractivo popular de la entrada a cinco euros. Hubo lleno como ocurrió en su apertura y se repetirá el próximo domingo, pero, sobre todo, queda en el recuerdo la marca histórica que supuso recurrir a la reventa en una función de pelota sin título de por medio. En Miribilla sí es posible.
En la cancha, la tarde, en cambio, fue agridulce para Titín III. El delantero riojano, junto a Laskurain, se impuso con holgura en el estelar (22-14) a Berasaluce VIII y un desacertado Apraiz. Pero la satisfacción por la victoria en su estreno en Bilbao se diluyó ante la interminable sucesión de inesperados silbidos que recibió desde que tomó la carrera del primer saque. En una de las reacciones menos deportivas que se conocen en un frontón, todo hace indicar que a Titín III le empieza a pasar factura en el País Vasco su anunciada decisión de incorporarse a las listas municipales del PP en Logroño. La reprobación no cesó en cada uno de los saques que efectuó, aunque, lógicamente, de paso provocó la reacción con aplausos de quienes se habían sentado sólo para sentir un partido de mano.
Posiblemente la motivación política pueda explicar la razón de los pitos a este veterano pelotari que, sin embargo, eligió la callada respuesta de su profesionalidad para llevarse el partido ya de salida, fortalecido con amplias ventajas en el marcador y dejar el recuerdo de su instinto rematador. Y es que la rivalidad por aquello de tener enfrente a un pelotari vizcaíno en un frontón de la casa apenas se dejó sentir. De hecho, en el primer encuentro no ocurrió. Ongay y Arruti se enfrentaron y perdieron ante los vizcaínos Urrutikoetxea e Iza y nadie les chilló. Quizá la presencia en las gradas de un público pelotazale menos habitual facilitó que se confundieran con Titín III as razones entre el aplauso y la reprobación. Así, entre la reventa y los pitos, Miribilla sigue de moda.

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