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El destino juega con la Real

Zurutuza aporvecha un error de Ballesteros y Del Horno un toque involuntario de Ansotegi

A Zurutuza le apena jugar tanto tiempo de espaldas a la portería, como exige su posición de media punta. Es un muchacho con ambición. A Ballesteros no le gusta salir de su cuarto de estar, allí en el área, donde los años han aplacado aquel volcán que erupcionaba con facilidad. Y ¡zas!, los astros se conjuran. Ballesteros sale de la cueva, mira al cielo desde el centro del campo y cede hacia atrás concediéndole la pelota a Aranburu, un futbolista con toque sutil, y con todo el Levante saliendo de su área. El pase a Zurutuza fue perfecto, diagonal y con el futbolista por fin mirando a la portería rival. Pegadito al poste dejó el balón en la red de Munúa.

Era la primera oportunidad de la Real que se había congelado en Anoeta robándole el Levante la iniciativa, con mejor organización futbolística, mayor actitud y mayor dominio de la pelota. Le faltaba... Caicedo. Stuani es bullicioso, pero le falta área y control del balón. Allí moría el Levante, que jugaba mejor, liderado por Xavi Torres, mientras la Real sobrevivía por el empuje de Rivas y la inteligencia de Zurutuza. Pero el gol no cambió sus extrañas sensaciones, esas que te indican que vas ganando sin mérito, circunstancialmente, que el balón se te ha congelado en las botas.

Le faltaba a la Real hilazón, y sobre todo, ritmo, algo que le ha caracterizado todo el campeonato, ese toque de corneta que suele arrinconar al rival obligándole a pensar en defenderse más que a atacar la portería rival. Así malgastó toda la primera mitad, con un futbol deslavazado, por más que Diego Rivas se multiplicara en la recuperación, pero sin que nadie le acompañara en la creación. Ni Prieto ni Griezmann, renqueantes de sus lesiones se parecían a sí mismos, poco activos, poco dispuestos a asumir riesgos con la pelota, que es lo suyo.

Y al Levante le gusta el balón. No es un equipo corajudo, sino bastante cerebral que prefiere correr con el balón más que tras el balón.

Y como el fútbol es juguetón pues hizo otra jugarreta con una burlona justicia. Un buen disparo de Del Horno, desde fuera del área, tocó lo justo en la cabeza de Ansotegi como para despistar a Bravo. A partir de ahí, vuelta a los rondos del Levante, a los sustos de Ballesteros cuando abandonaba su cuarto de estar (Sutil no aprovechó una magnífica falta centrada que lanzó contra la barrera). El equipo valenciano quería entretener el balón y parar el reloj, y la Real pretendía correr todo lo que caminó en el resto del partido. Vidas cruzadas con el mismo resultado, pero distinto valor.

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