Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Navarro sobrevuela al Baskonia

El alero allana el camino hacia el clásico de un Barça exuberante

En la NBA se buscan antídotos contra LeBron James o contra Kobe Bryant, en la ACB no hay fórmula magistral posible si no incluye una receta contra Navarro. Si es difícil hincarle el diente a un equipo que no deja de admirar por su majestuosidad como es el Regal Barça, hacerlo cuando Navarro está en vena, es una quimera. La persiguió en vano el Caja Laboral, que aguantó algo más de medio partido pero se quedó muy lejos de poder discutirle al Barça de tú a tú. Y la Copa, de manera irremisible, desembocó en la final que se esperaba. El clásico será el que decida el campeón, si el Madrid reverdece laureles o si el Barcelona continúa su dominio abrumador de los tres últimos años.

Oleson, San Emeterio, Sow, las ayudas de los hombres altos, todas las trampas estratégicas de Ivanovic. No hubo manera de que el Caja Laboral encontrara un antídoto contra Navarro. La semifinal dio más de un bandazo a pesar de que el Barcelona dominó de principio a fin. Pero después de su descomunal cabalgada en el primer cuarto (21-11), el Caja Laboral encontró dinamita en su fondo de armario y, por momentos, puso contra las cuerdas al equipo de Xavi Pascual.

El entrenador del Barcelona movió piezas con diligencia y siempre encontró el reprís adecuado cuando la situación era más espinosa. Por ejemplo, cuando Logan entró en vena de aciertos. Junto al alero serbio Bjeliça, inédito en los cuartos de final y poco utilizado esta temporada por Ivanovic, y también junto a Pau Ribas, el escolta americano reavivó el juego exterior del Caja Laboral y eso se tradujo en espacios, algo que agradeció el gigante Barac, y puntos.

El Baskonia llegó a empatar a 34 y mantuvo vivas sus opciones hasta mediado el tercer cuarto (44-43). Fue entonces cuando se acentuó el imparable manejo del juego de Navarro. Tomó el balón y desbordó a la defensa del Caja Laboral al completo. Cuando no se zafaba en el uno contra uno, penetraba como una anguila y soltaba su asombroso tiro por elevación; cuando no, se apoyaba en un bloqueo para pasar y recibir de nuevo; cuando no, frenaba en seco a siete metros de la canasta y endilgaba un triple tras otro. Nadie pudo echarle el lazo. Ivanovic le dio vueltas y vueltas pero no encontró un anti-Navarro. Y el Barcelona lo dejó todo visto para sentencia cuando se disparó en el marcador ya desde el final del tercer cuarto.

El alero del Barça salió del Palacio entre gritos de "¡MVP, MVP!" y la rendida ovación de la afición, incluso de la que no era del Barça, como correspondía a una faena tan admirable, concluida con 26 puntos, tres asistencias, dos recuperaciones y, más allá de datos estadísticos, un dominio magistral de las constantes del juego. Navarro estuvo muy bien apoyado por Ricky Rubio, que cuajó otro partido espléndido, anuló a Marcelinho Huertas y por fin obtuvo buenos porcentajes de tiro, con dos triples, 10 puntos, cuatro rebotes y tres asistencias.

Además de Navarro, y de Ricky, a los que se añadió Anderson, el Barcelona lució una vez más una exuberancia a la que parece muy difícil hacer frente, porque cuando uno no tiene el día o falla en un momento determinado siempre encuentra un relevo que le enmienda la plana. Contra todo eso luchará hoy el Madrid en una final que se adivina apasionante, un reto descomunal para el conjunto de Ettore Messina, y a la vez otra ocasión para el Barcelona de reafirmar su reinado.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.