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Ferrer destruye a Nadal

El superlativo juego del alicantino acaba con el número uno, dolido en una pierna, y que se despide del 'Rafa Slam'

Cuando los fuegos artificiales del día de Australia interrumpen durante diez minutos el partido, cada segundo y cada explosión, cada rimbombante trueno colorido, son un recordatorio de los terribles sufrimientos con los que David Ferrer, el segundero y los dolores en su pierna izquierda someten (6-4, 6-2 y 6-3 en 2h33m) a Rafael Nadal, el número uno del mundo, que acaba al borde del llanto.

El mejor tenista del planeta y el número siete tardan 23 minutos en disputar dos juegos, los que marcan el inicio del encuentro. Ambos los gana Ferrer, que tira con plomo y fuego, durísimo en la pegada, atrevido en la propuesta, dispuesto a jugar rápido, a agredir siempre, consciente de que nunca ganará al maestro imitando su librillo. Nadal asiste a eso sorprendido. Saca a más de 200 kilómetros hora y eso no evita la rotura ante uno de los mejores restadores del planeta (2-0). Recupera inmediatamente la desventaja (2-1 y saque), y nada más lograr el break se marcha con el fisioterapeuta al vestuario. Han pasado 26 minutos. Un suspiro en el reloj, un martirio para el mallorquín en el partido. Cuando Nadal vuelve del vestuario, el muslo izquierdo de su pierna está vendado. Estira y estira en cada cambio. Mira preocupado a su banquillo. Otras tres veces vendrá el fisioterapeuta a la pista; otras tantas escuchará el mallorquín sus consejos; y, mientras tanto, seguirá descontando el reloj segundos, sudores y esfuerzos.

Los dolores no impiden que el número uno rompa el saque de Ferrer cuando este sirve para ganar la primer manga. Han pasado 60 minutos. Una hora en la que Ferrer ataca y Nadal se defiende como si en ello le fuera la vida.

El mallorquín, sin la velocidad y la agilidad que le caracterizan, argumenta su candidatura a base de talento, tiros y genio. Así se las gasta el número uno, por mucho que le duela la pierna: recupera la desventaja inicial de la primera manga, se pone con break de ventaja en la segunda y tiene dos puntos de rotura para recuperar terreno en la tercera. A todo eso responde Ferrer cavando surcos con su derecha de hierro y arriesgando como nunca, hasta el punto de tirar reveses paralelos, un golpe que no está en su libro. Mientras el alicantino va imponiendo su alto ritmo, punzante, fuerte (44 ganadores y 32 errores no forzados), el mallorquín deja escenas de tristeza, llorosos los ojos, inútiles los consejos de su banquillo, mientras se apaga el sueño de ser el primer hombre que gana cuatro grandes seguidos desde Rod Laver en 1969.

Ferrer jugará ahora las semifinales contra el británico Andy Murray, que apeó al ucranio Dolgopolov. Es la segunda vez que llega a esa ronda, tras lograrlo en el Abierto de Estados Unidos 2007. El alicantino jugó contra un rival dolido en la pierna y el alma, lento de movimientos, pero se ganó el sitio a pulso, reventando el partido a base de tiros. Nadal no le regaló nada. Peleó punto a punto, bola a bola, con toda su panoplia de recursos. No fue suficiente. Ferrer había dado un paso al frente...y que pase el siguiente.

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