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MUNDIAL BALONCESTO | ESPAÑA 101 - NUEVA ZELANDA 84

Nueva Zelanda da para media sonrisa

España ofrece síntomas de mejora (101-84) y acaba barriendo pese a evidenciar algunas lagunas

España acabó reduciendo a la caricatura a Nueva Zelanda a pesar de que tardó en despegar de manera definitiva. Le cuesta a la selección alcanzar la altura que se espera de su potencial en un Campeonato del Mundo que ya ha consumado dos jornadas, pero al menos varios jugadores empezaron a acercarse algo más al punto de finura imprescindible para que el motor ruja con su potencia acostumbrada en los últimos cuatro años. A la derrota ante Francia, le siguió un triunfo tranquilizador desde el punto de vista clasificatorio y alcanzado a través de un juego que repara algunas de las deficiencias observadas, aunque no todas ni mucho menos.

El partido dio para que se abriera media sonrisa en la cara cariacontecida que dejó en todos los españoles la derrota y el pobre juego desplegado ante los franceses. El despliegue de la selección brilló por momentos, aunque al mismo tiempo se apagó demasiado rápido. El ánimo con el que el equipo español encaró el partido pareció radicalmente distinto al estado de nervios y precipitación que acabó traicionándole ante Francia. Los mismos jugadores que un día antes fallaban los tiros libres con una reiteración desesperante (17 de 32), los anotaron con una rutina funcionarial (21-25). Más aún, con los triples sucedió dos cuartos de lo mismo: 10 de 20.

España 101 - Nueva Zelanda 84

España (28+20+29+24): Rudy (12), Ricky Rubio (8), Navarro (18), Garbajosa (14) y Gasol (22) -equipo inicial-, Reyes (10), Raúl (7), Claver (1), Vázquez (5), Llull, Mumbrú y San Emeterio (4).

Nueva Zelanda (19+25+19+21): Penny (21), Vukona (6), Jones (15), Kench y Pledger (4) -equipo inicial-, Tait (5), Fitchett (3), Abercrombie (19), Cameron (3), Anthony (1), Frank (7) y Bradshaw.

Árbitros: Jorge Vázquez (PUR), Borys Ryzhyk (UKR) y Heros Avanesian (IRI). Sin eliminados.

Incidencias: Partido correspondiente a la segunda jornada del grupo D, con sede en Esmirna, del Mundial de baloncesto que se está disputando en Turquía y que concentró en el pabellón Halkapinar a 7.200 espectadores. Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte presenció el partido junto al presidente de la FEB José Luis Sáez en el palco.

Los nervios, las prisas, la adopción de decisiones equivocadas desaparecieron casi por completo. Y eso permitió que empezaran a observarse las virtudes técnicas, individuales y colectivas de sus jugadores. Navarro se soltó el pelo con los triples (4 de 7), Garbajosa dos cuartos de lo mismo (4 sin fallo alguno), Ricky Rubio repartió nada menos que 11 asistencias y robó algún balón de forma asombrosa y se asoció con Marc Gasol para que este impusiera su ley bajo los aros. El pívot de los Grizzlies exhibió algunos retazos de la intimidación y contundencia que se le demanda para no echar de menos a su hermano.

Lo peor para el equipo español fue la discontinuidad que evidenció en su juego. Lo mismo se ponía 13 puntos arriba (18-5) que bajaba su producción y su defensa y permitía que los neozelandeses se acercaran peligrosamente (48-44).

El acelerón en el tercer cuarto pareció ya definitivo (77-63), pero de manera inexplicable volvió a bajar la diferencia (77-68). Las rotaciones de Scariolo, que esta vez contó con San Emeterio con la clara misión de que frenara a Kirk Penney, el cañonero y sostén de su equipo, no parecen todavía todo lo engrasadas que sería de desear. En especial algunos de los suplentes denotan en exceso lo mucho que les cuesta adquirir el ritmo de juego de los titulares, caso de Llull o Mumbrú.

Tuvo más problemas en las alas España cuando compareció Abercrombie, pero Rudy Fernández acabó siendo el claro dominador de la situación con 12 puntos y otros tantos rebotes en su haber y una forma de proceder mucho más galvanizada e inteligente que el día anterior.

De cualquier forma, España, pese a ser superada en el rebote, fue imponiendo su superioridad en todas las facetas a medida que iba reduciendo los daños que le había causado su rival en ataque. Cinco minutos antes del final lo dejó todo resuelto (87-68) en un partido que alivia su situación anímica después del revés sufrido ante Francia y le hará más agradable la jornada de descanso en la competición de la que disfrutará hoy, antes de medirse mañana a Lituania.

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