Reportaje:TENIS | WIMBLEDON

¿Cuántos Murray hacen falta para ganar Wimbledon?

La eliminación del escocés en semifinales destapa críticas al tenis base británico y levanta desconfianza sobre un nuevo Fred Perry

Tras una semana intensa de ánimos, predicciones, elogios y buenas vibraciones, la trayectoria de Andy Murray en Wimbledon quedó destrozada como un cojín de plumas a cañonazos. La esperanza que toda Inglaterra había depositado sobre el escocés se ha tornado en incredulidad tras caer con Andy Roddick en las semifinales del torneo londinense, y solo el gesto de lamento del número uno británico en la rueda de prensa, junto con sus declaraciones, en las que aseguró que volvería para ganar, pueden devolver un poco de ilusión a los miles de seguidores que le han arropado en la pista central del All England Club. Por ahora, tendrán que esperar recordando a Fred Perry; o a Bunny Austin, el último finalista británico en el grande de las islas.

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6-4, 4-6, 7-6, 7-6 fue el resultado de su agonía con el cañonero de Nebraska. La victoria en el torneo de Queen?s hace dos semanas y la buena andadura en Wimbledon auguraba una de las noticias más esperadas por la prensa anglosajona, pero, tal y como reconoció Murray tras el partido, "es muy difícil batir a alguien que mantiene un nivel de saques de 200 kilómetros por hora en una pista tan rápida como ésta". Las cabeceras, sin embargo, lo achacan a una "jornada de inspiración" para Roddick y se preguntan por qué no llegan más Andy Murray si se tiene el talento y las facilidades necesarias para crear campeones. Laura Robson, última campeona en la categoría junior, es la única. Pero, ¿y los demás?

La primera semana de Wimbledon dejó fuera a nueve de los 11 representantes ingleses en el torneo. Algo falla. Murray emigró a España con 15 años para hacerse grande, algo que hará de forma inminente Tom Farquharson, la nueva promesa del tenis británico. Más dinero, mejores entrenadores y una meteorología más agradable parece ser la fórmula mágica. El talento viene por descontado.

Mientras todas estas hipótesis se hacen realidad, la resignación es la tónica dominante en la opinión pública anglosajona. Tal es así que el Times abre las crónicas deportivas con una pregunta inusual: "¿pagaría usted una buena cantidad de dinero por ver a Andy Murray en la final de Wimbledon el domingo?" a Andy Murray en la final de Wimbledon el domingo?" La pregunta puede sorprender, pero otra cuestión lanzada por el periodista Simon Barnes la explica: "Murray es admirable, pero ¿podremos aprender a quererlo?" El carácter del jugador no incita a la empatía, pero ante tantos años de sequía, el debate oscila entre querer a un jugador adorable pero mediocre o mostrarse escéptico ante alguien que gana pero se muestra inaccesible, intocable, para sus fans.

La próxima final tendrá que esperar un año, pero el panorama pinta difícil para el escocés. En un escenario exento de lesiones, 2010 será el año en que Federer, si gana mañana, intentará ampliar su ya histórico palmarés o pugnará, si pierde ante Roddick en la final, por hacer realidad su objetivo deportivo. También estará Rafa Nadal, el gran ausente en la Centre Court, luchando contra todos para defender (o reafirmar) su condición de número uno; y presionando a coro, una grada que ansía ver a su ídolo en lo más alto. Inglaterra no quiere más Bunnys Austin. La sombra de Perry es demasiado grande, pero ¿inalcanzable para Murray?

El tenista escocés, durante la rueda de prensa posterior a su derrota con Roddick
El tenista escocés, durante la rueda de prensa posterior a su derrota con RoddickEFE

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