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LIGA | ATHLETIC 2 - RACING 1

19 tarjetas por un par de patadas

Athletic y Racing acaban con nueve y ocho jugadores por decisión inexplicable del árbitro

Y no pasó nada. Ni un codazo al mentón, ni una patada a la rodilla, ni un insulto (que se sepa) ni una llegada tarde al tackling. Faltas, algún agarrón, un par de penaltis de los de toda la vida (los dos absurdos por cierto), y ¡zas! 17 tarjetas, seis rojas (incluido un miembro del banquillo del Racing), nueve contra ocho al final y 2-1 en el marcador. Y Bernardino González Vázquez no se sabe si enorgullecido o avergonzado por su desmesura. Un par de patadas se convirtieron en 17 tarjetas, en el récord de la Liga en un partido insulso, uno más del campeonato a pesar de lo que había en juego.

Alguien le aleccionó mal a Bernardino. Le avisó de un derbi bronco, jugándose buena parte del futuro, de un partido de alto riesgo. Y no supo ver que los futbolistas se comportaban con la rutina de un día laborable, de nubes y claros, en busca del final de la jornada. Se comportaba así la defensa del Racing a la que parece que Muñiz eligió por altura para frenar a Llorente. Garay y Marcano, con 189 centímetros cada uno, no se distinguen precisamente por el juego aéreo. Y se notó. Tan blanditos fueron que Llorente les sacó un gol de cabeza y de paso un penalti a Lacen para tocar todas las teclas. Y el árbitro, cual cuáquero exigente, expulsó a Marcano y amonestó a Garay y Lacen. Y a todos los demás porque le dio el tembleque.

Athletic Club 2 - Racing 1

Athletic: Iraizoz; Iraola (Etxeberria, min.87), Etxeita (Murillo, 78), Amorebieta, Koikili; Susaeta, Orbaiz, Yeste, David López (Eneko Bóveda, min.72); Toquero y Llorente.

Racing Club: Coltorti; Pinillos, Garay, Marcano, Sepsi (Toni Moral, min.81); Munitis, Moratón (Colsa, min.46), Lacen, Serrano (Jonathan Pereira, min.46); Tchité y Zigic.

Goles: 1-0, min.21: Llorente. 2-0, min.42: David López, de penalti. 2-1, min.55: Pinillos, de penalti.

Árbitro: González Vázquez (Colegio Gallego). Mostró 17 tarjetas amarillas y 6 rojas, una de ellas directa. También pitó dos penaltis. Expulsó por dos amarillas a Yeste en el minuto 55, a Marcano en el 63, a Pinillos en el 82 y a Jonathan Pereira en el 95. También expulsó a Orbaiz con roja directa, en el 94, y a un miembro del banquillo del Racing. Además, amonestó mostró a los locales David López, Murillo y Toquero, y a los visitantes Garay, Moratón, Munitis, Lacen, Sepsi y Zigic.

Incidencias: Unos 35.000 espectadores en San Mamés. Tarde algo lluviosa y fresca al principio, y luego más soleada. Terreno de juego en buenas condiciones. Trigésimo tercera jornada de liga.

Y se animó. Y era incapaz de ver que el partido era tranquilo, tan tranquilo como lo afrontó un Racing timorato, encajonado, asustadizo que le concedió la pelota y el campo a un Athletic que lo arrolló como una apisonadora asfalta la autopista. No se lo esperaba Caparrós, ni Llorente, Ni Toquero, ni Orbaiz. No se esperaban un partido tan plácido en un duelo históricamente tan tenso como algún malvado le había explicado a Bernardino González Vázquez. Así que marcó Llorente en un cabezazo precioso y luego le sacó un penalti a Lacen tan inteligente como absurdo porque en el fútbol interviene dos y lo bueno de uno es lo malo del otro. Ponga dos tíos altos para eso. Fije todo el entramado defensivo para frenar a Llorente para eso, sin haber asomado ni una sola vez a la portería de Iraizoz, a pesar de jugar con dos delanteros.

Para entonces, Bernardino ya había sacado la metralleta, especialmente contra el Racing (seis tarjetas por faltitas) aunque el primero en irse a la ducha (como acostumbra) fue Fran Yeste: a su tercera acción defensiva cometió penalti. Hasta ahói llegó la lógica. Tarjetas, más tarjetas, expulsiones, más expulsiones. 17 tarjetas marillas suponen, no menos de 34 minutos de parón, entre pitos y flautas. Seis tarjetas rojas vienen a descontar otros 12 ó 15 minutos. ¿Se puede jugar así al fútbol? Imposible. El partido con el 2-1 recuperó la vida en la misma medidas que alteró el corazón de los banquillos.

Caparrós, en sus insospechadas decisiones decidió seguir jugando con dos delanteros y casi, casi, sin medio campo, cuando Muñiz, en el descanso, ya le había alterado los planes al Athletic. Nadie en el equipo rojiblanco pareció darse cuenta de que había entrado Colsa. Nadie le vio, y nadie le persiguió. Tampoco Caparrós que se tranquilizó con la expulsión de Marcano y mantuvo el equipo inicial, ya roto, desorientado y en algunos casos cansado. El Racing le dominó, pero la tartamudez del partido, la insolencia de los banquillos, lo inesperado de las decisiones arbitrales impedía dar tres pases seguidos. Y cayó Marcano, porque estaba cantado. Y luego Pinillos, y Jonathan Pereira. Y Orbaiz.

Al Racing le penara su apatía inicial y al Athletic su desorganización final. Pero ganó el Athletic porque aprovechó los escasos minutos en los que se pudo jugar al fútbol. Y porque Llorente pareció demasiado grande para la defensa del Racing. Y porque Muñiz prescindió de Colsa y Jonatan Pereira, durante 45 minutos, los dos futbolistas a los que más temía San Mamés. Y porque Bernardino, alumno obediente de algún malísimo consejero, se fió más de él que del partido.

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