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Reportaje:UN CASO DE SUPERACIÓN

"La vida curte"

La tenista María José Martínez, proyecto de estrella a los 18 años, vuelve a la élite tras superar la pérdida de un hijo

'La vida curte' es un reportaje del suplemento 'Domingo' del 1 de marzo de 2009

Es 2001, y María José Martínez, tenista, parece estar escalando derechita hacia la cima del mundo. Pepa, sin embargo, se asoma y duda. Ha dejado atrás la pelea con la báscula, vivida a la baja. Recién cumplidos los 18, ya se codea con las 55 mejores del mundo. Y, de repente, se hunde. Puesta frente a la presión de la élite, en 2002, descubre que no está "preparada mentalmente". En 2003 empieza a jugar cada vez menos y a perder cada vez más. Abre 2004 felizmente embarazada y lo cierra sin hijo. Es la crisis total. El naufragio. Y la tentación de anunciar el adiós definitivo traducida en meses sin jugar, en tres temporadas durísimas intentando volver a las pistas, en un 2008 que la confirma de nuevo entre las mejores y la deja exactamente en el mismo sitio en el que acabó el año 2001: 92ª del mundo. "Es que 2003 y 2004 fueron dos años perdidos", dice Martínez coronada la semana pasada en Bogotá, donde ganó el primer título de su vida, con 26 años, y puso un punto y aparte a una biografía como una ruleta rusa, dura, fuerte y apta sólo para supervivientes.

"Si las cosas no salen, te desesperas. Dudas. Lo mío es el triunfo de la perseverancia", razona la jugadora

"La dimos por perdida. Ha superado obstáculos con los que muchas no habrían podido", dice el seleccionador Margets

"Empecé en serio en esto del tenis a los 14 años, y fue complicado", explica la tenista murciana desde Acapulco, México. "Me fui becada a Barcelona por la federación. Al principio, irme, despegarme de la familia, estar sola, se me hizo difícil. Fue duro". Martínez, una tenista echada para adelante, la más alta de las españolas con sus 176 centímetros, una que juega siempre con riesgo, siempre para arriba, empezó a pensar, cuentan, que a aquel cuerpo le sobraban kilos, y de ahí nació la especulación del principio de anorexia. "Nunca constatamos una alteración de ese tipo", defienden desde la federación de tenis. "Debía perder peso, porque se había descuidado un poquito". Martínez no pone palabras a los demonios. Habla con silencios y sigilo. "La vida te va curtiendo", dice. "Muchas veces haces bien las cosas, pero no salen, y te desesperas, dudas, y no sabes si seguir, si no..., hasta que comprendes que la vida te pone donde te mereces".

"Llegamos a darla por perdida", resume Miguel Margets, seleccionador femenino, que conoce a la jugadora desde que apareció por Barcelona. "Dos años fuera de la alta competición es mucho tiempo. Si María José está donde está es porque es una gran competidora que ha superado una serie de obstáculos, una serie de adversidades, que muchas no habrían podido superar. Es una mujer capaz de hacer cosas que muchas no son capaces ni de intentar. Es muy decidida. No tiene miedo al riesgo. Es una valiente".

Aquí, las pruebas. Enero de 2001. Venus Williams, jugadora temible de terribles músculos, toda una número uno, se pasea por el alambre de los tres sets contra una niña de 18 años en el abierto de Australia. Pepa Martínez. Junio de 2008. Williams, que va camino del título, se sorprende ante el nombre de su rival de la tercera ronda de Wimbledon, porque le toca jugar contra un fantasma y en un sitio con maleficio: la pista dos de Wimbledon, el cementerio de los campeones. Allí le espera, allí pelea, allí pierde de nuevo, Pepa Martínez, la desaparecida.

"¡Volver me ha costado casi tres años! Ha sido el triunfo a la perseverancia y la constancia que he tenido durante años", resume sobre su regreso a los grandes escenarios. "El mejor consejo que me han dado es ser alegre siempre, ser feliz siempre, sonreír. 'Haz todo lo que esté en tus manos, que seguramente llegará tu sueño', me dicen", continúa la tenista, que sigue en Barcelona con sus amigas del grupo de entrenamiento 40-15. "La filosofía es trabajar. En mi vida he tenido muchos altibajos. Cuando estuve fuera del tenis, me di cuenta de lo mucho que me faltaba. Ahora quiero aprovechar el poco tiempo que me queda. Cómo lo haga estos años marcará cómo pueda vivir luego".

¿Qué ha sido lo más difícil? "Recuperar el ritmo, el nivel, eso es lo que más cuesta al volver", responde. "Lo que me ayuda ahora es la experiencia, la madurez como persona. Antes, a veces, cuando me decían algo, dudaba. Ahora me doy más cuenta de las cosas, no tengo tantos líos, voy más directa a lo que hay, me dedico a la faena", prosigue. "Cuando estás fuera del tenis, ves la realidad de la vida. El tenis es duro, muy sacrificado, pero somos unos privilegiados. Cuando lo tienes no lo valoras".

La número 53 del mundo ha hecho de su vida un ejercicio de superación, un intento de recuperar el terreno perdido y un esforzarse continuo por adaptarse a la vida y sus baches. "Está a punto para dar el salto", apuesta Margets, el seleccionador. "Disfruta compitiendo. Se encontró muy joven muy metida en el tenis, y cuando salió del ámbito de la federación, donde estaba protegida, se perdió. Mentalmente no estaba preparada. Perdió la confianza en todos sus golpes, y pegó un bajón".

"Tantos problemas personales, tanto sufrimiento en la pista, tanto esperar para lograr el primer título... ¡Qué historia más chunga!", le dicen al técnico. "¿Chunga? Chunga, no. No, porque lo chungo hubiera sido que se perdiera un talento como el suyo. No, porque ha vuelto. Y no, porque está teniendo un final feliz".

'La vida curte' es un reportaje del suplemento 'Domingo' del 1 de marzo de 2009

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