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Crónica:Alemania 2006

La 'roja' engancha

España sabe corregirse sobre la marcha y con los cambios de Luis remonta ante Túnez y se mete en octavos

La roja engancha en Alemania. Nada más y nada menos que en la Copa del Mundo. Hay mucho gentío y alegría alrededor de un equipo divertido en la cancha. A una grandiosa actuación en Leipzig, abundante en juego y goles, siguió un épico remonte en Stuttgart. Un error de bulto la condenó a un partido de mil demonios por dificultoso y áspero ante un contrario, Túnez, que pinta poco en el fútbol y, sin embargo, parecía el más complicado de todos. Le redimió a la selección su perseverancia y la perfecta lectura que Luis Aragonés hizo del encuentro.

España supo corregirse sobre la marcha y firmó su clasificación para los octavos de final con un gol del capitán, Raúl, y dos de Torres. El mejor final después de un preocupante inicio. Ya no hay titulares ni suplentes, sino que todos cuentan y son necesarios ante los partidos que se avecinan. Nada mejor para tomar carrerilla y ganar confianza que superarse ante la adversidad, como anoche ante Las Águilas de Cartago.

El mismo plan contra Ucrania no funcionó contra Túnez. Marró Villa un remate franco nada más empezar y, acto seguido, marcó Mnari en una jugada en la que se sucedieron las contrariedades. Perdió Luis García la pelota en la zona de los medios y, por más que intervinieron, Puyol, Pablo, Pernía y Casillas no evitaron el doble remate del centrocampista del Núremberg. Eliminado Xavi por la marca implacable de Bouazizi, el juego pasaba demasiadas veces por Luis García, que tiene gol, pero, por el contrario, carece de control y, a veces, de pase. Jugaba la selección muy alborotada, espantada por el gol, ofuscada, fuera del partido que más le convenía.

Muy prieta, Túnez respiraba por el extremo derecho, mal defendido por Pernía, que no encontró ayuda en los centrales, sorprendentemente vulnerables. Puyol tomó incluso una tarjeta amarilla a la media hora, síntoma de su mal estar, sobre todo porque no acostumbra a conceder faltas. El tartamudear español estimuló al plantel de Lemerre, que se encontró ante el escenario soñado por un técnico al que le gusta llevar la contraria. Túnez es sobre todo un equipo muy bien trabajado y organizado. Tiene físico y él le ha dado oficio. Defendían tan estupendamente sus centrocampistas que los españoles no hallaban líneas de pases ni por las bandas ni por el centro.

El partido se convirtió en la pesadilla que había pronosticado Luis. Túnez era un rival ciertamente competitivo y España no era el equipo fiable que se suponía desde el partido con Ucrania. No subían los laterales, no tiraban desmarques los dos delanteros y no conectaban los medios. Los defensas se vencieron y cayeron de manera reverencial en la jugada del gol y no hubo manera de que Villa y Torres se ganaran remates ante Boumnijel, un portero de 40 años que sólo fue exigido en las jugadas de estrategia. Túnez trabó mucho el juego y, cuando no le quedó más remedio, insistió en las faltas tácticas. Aunque la lluvia ayudaba en la buena circulación del balón, el ataque español quedó reducido a un surtido de córners y libres directos e indirectos que no encontraron la portería.

La contienda demandaba la intervención de Luis, que recurrió a Raúl y al versátil Cesc tras el descanso y que, al poco, metió a Joaquín para que abriera el campo en detrimento de Villa. Terapia de choque para una selección que se había puesto nerviosa, que actuaba con precipitación, que no daba con la tecla para penetrar. Muy fuertes físicamente y bien puestos, los tunecinos se agrandaban con el paso del tiempo. Funcionaba su línea de presión y achicaba la zaga. Pese a que no había un agujero por el que meter la pelota, nunca desfalleció y encontró la recompensa en una jugada de manual que avaló los cambios de Luis: Joaquín encaró por la derecha, se tragó el amague el defensor, cedió para la llegada de Cesc, remató el volante y el rechace del portero lo recogió Raúl.

Todo viró descaradamente a favor del bando español. Espléndida en la defensa de su portería, Túnez carece de ataque. A la que el equipo de Lemerre dio un paso al frente, quedó a merced del pase de Cesc y de la velocidad de Torres. Cesc estuvo espléndido en los goles, una prueba evidente de su polivalencia y efectividad, porque en una pegó muy bien a la pelota y en la otra habilitó la carrera del ariete. El tercer tanto fue de propina para un equipo que no desfalleció ni con el encuentro cuesta abajo.

Ha resuelto España dos partidos opuestos, con el viento a favor y en contra, signo de que la idea futbolística es buena y merece medirse ante partidos de ida y vuelta, ante las grandes eliminatorias del Mundial.

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