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Crónica:Fútbol | 26ª jornada de Liga

El Atlético le echa una mano al Madrid

El equipo blanco consigue sobrevivir sin apenas fútbol ante un rival que regresó a su perfil más plano

Un mal derby concedió una buena victoria al Madrid, cuya mejor virtud fue aprovechar sus ocasiones. Tuvo menos que el Atlético, pero ganó un partido crucial en el inestable clima que afecta al club. Venció con el poco convincente fútbol de los equipos lastimados, con guerras abiertas en los despachos y en el vestuario, con un entrenador más atento al politiqueo que a erigirse en el líder de la plantilla. Pero ganó. Se lo permitió el Atlético, que regresó al perfil plano que le ha caracterizado durante casi toda la temporada. Sus laterales entregaron la victoria al Madrid. Sus centrocampistas no tuvieron ideas. Y Torres fracasó de nuevo.

Por encima de cualquier otra cosa, destacó la inconsistencia de los dos equipos, empeñados en complicarse el partido. Les abrumó cualquier situación ventajosa, lo que explica mejor los defectos del Madrid y del Atlético que sus cualidades. No se sintieron preparados para aprovechar las evidentes ventajas que cada equipo encontró durante el encuentro, que resultó más entretenido que bueno. Fue entretenido porque el descontrol permitió bastantes remates, algunas ocasiones y un juego racheado. Pero ninguno pasó el control de calidad. Algunos jugadores se elevaron sobre la mediocridad general, especialmente Guti, y todos se entregaron sin reservas en la batalla. Lo que faltó fue criterio, poderío y sensación de control.

El Madrid apareció sin la mayoría de los brasileños, detalle que tiene una lectura política. López Caro equilibró la cuota nacional con el ingreso de Salgado y Helguera. El hombre hizo toda clase de piruetas para agradar a todo el mundo. Alineó a varios de la vieja guardia, entregó la cabeza de Ronaldo a la hinchada y no alineó entre los titulares a Raúl. Todo un compendio de equilibrios que difícilmente se sostendrá durante toda la temporada. El Madrid ganó, tuvo abnegación en el esfuerzo y alegró a los aficionados. Sin embargo, el equipo manifestó unas carencias que difícilmente desaprovecharán sus rivales. Los rivales competentes, se entiende. El Atlético no lo fue. Le pesaron las ausencias de Ibagaza y Maxi, sufrió las miserias de Velasco y Antonio López en los laterales, acusó la clamorosa ausencia de Fernando Torres. Venía precedido de una buena fama en los últimos partidos, pero no la justificó casi nunca.

Se impuso el Madrid porque aprovechó mejor sus ocasiones. La primera fue gol. Antes de que los hinchas del Atlético aparecieran en el palomar, Zidane entregó el balón a Roberto Carlos, que irrumpió como un obús por la banda izquierda, totalmente descubierta. El brasileño recordó sus tiempos gloriosos y superó al aterrorizado Velasco, un peso mosca durante todo el encuentro. Roberto Carlos no sólo destrozó a la defensa del Atlético en la jugada, sino que la cerró con un centro sensacional, rematado con mucha sutileza por Cassano. Un golazo del Madrid. Un desastre defensivo del Atlético. No es novedad.

El gol retrató el paisaje del primer tiempo. Lejos de sentirse cómodo con la ventaja, el Madrid evidenció su poca confianza en el juego. Se replegó, permitió la crecida del Atlético y lo pagó en el gol del empate: una apoteosis de errores defensivos. Helguera se equivocó en el despeje de cabeza, Beckham se resbaló y Michel Salgado se durmió en el primer palo. El caso es que remató Luccin y Kezman desvió con el tacón. El típico gol del oportunista. Como jugador es muy poca cosa. Tuvo el segundo gol en un mano a mano con Casillas, pero había que pensar. Demasiado para Kezman. Remató alto y sin estilo. Tampoco le ayudó Fernando Torres, inédito de nuevo frente al Madrid. Su caso es más que preocupante. Se le espera y casi nunca llega.

El Madrid funcionó mejor en la adversidad. Sólo Guti resultó influyente en la elaboración del juego. Le ayudó Roberto Carlos en alguna internada y Cassano con la picardía que le caracteriza. En Guti, el Madrid encontró el pasador que el Atlético no tuvo en ningún momento. Guti comenzó la imprevista jugada del segundo gol. Helguera, nervioso durante todo el partido, cometió un nuevo error que obligó a Guti a maniobrar peligrosamente en el área. Salió del laberinto con un pase magnífico a Zidane, que montó con rapidez el contragolpe. Beckham apareció por la derecha, superó el desesperado tackle de Luccin y envió el balón al primer palo. Llegaron Cassano y y Baptista. Marcó Baptista.

El encuentro se fue al garete desde el gol. De repente se observó la mediocridad general. El Atlético podía transportar la pelota, pero no pasarla. Algún apunte de Galletti y poco más. A su alrededor, nada. Al fiasco de Petrov se agregó la decepcionante actuación de Torres. Sin jugadores de clase, sin Ibagaza ni Maxi, sin pasadores, sin la contribución de su estrella, el Atlético se limitó a jugar con entusiasmo. Ideas no tuvo. Desaprovechó una ocasión clamorosa para superar al Real Madrid, que hizo de la resistencia su mejor cualidad. Resistencia sin demasiado orden. Por bueno que fue el resultado, el Madrid no invitó al optimismo. Jugó mal, acabó encerrado y sólo sobrevivió por la mediocridad de su rival. No es lo habitual en el fútbol.

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