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Crónica:FÚTBOL | Liga de Campeones

El Madrid B, tampoco

El equipo blanco cae en el debut de López Caro ante un Olympiakos en el que resolvió Rivaldo

El partido no tenía nada y lo tenía todo. Se jugaba los dineros el Olympiakos, eliminado como estaba desde el sorteo, dado que sus argumentos empiezan y acaban en el fútbol que pueda desarrollar la sombra de Rivaldo, que no es una sombra cualquiera, y se jugaba el Madrid un buen número de asuntos tan serios como intangibles, empezando por el prestigio, y acabando por el amor propio de un club que entre bandazo y bandazo necesita empezar a quererse, futbolísticamente hablando, que ya se adora de sobra a nivel institucional. En pleno terremoto le llegaba al equipo un partido trampa, sin puntos en juego, en el que un triunfo era lo menos que se podía pedir y una derrota no hacía sino certificar que el equipo, con los habituales y sin ellos, con Luxemburgo y sin él, está enfermo.

No era un buen momento para dar la cara. Pero la dieron quienes se asomaron al césped para caer, no sin dignidad, y esto ya es una novedad, ante un Olyimpiakos que no sabía lo que era ganar. Hasta que se vio ante el Madrid. O ante esa especie de Madrid B que López Caro, por herencia de Luxemburgo, tuvo que poner en liza. Un equipo con un solo indiscutible, Sergio Ramos, con dos brasileños que por uno u otro motivo viven en el alambre, Baptista y Robinho, con el que siempre está, Pavón, con los que hasta ahora contaban poco, Diogo, Gravesen y Raúl Bravo, y con cuatro niños del filial. Un equipo, en fin, irreconocible, con un entrenador al que cuesta ponerle rostro en un equipo en el que hasta hace dos días se oía el verbo de Luxemburgo y se sacaba brillo a la fama de Sacchi.

Ese equipo, en fin, cosido de mala manera, tuvo un comportamiento dignísimo en territorio de un Olympiakos que no es nada, lo que bien poco importa a su público que, amén de llenar el estadio, no cesa de vociferar como si de la final de la Champions se tratara.

En ese escenario, el Madrid se vio superior durante muchos minutos. Logró un gol, en una falta que puso Raúl Bravo y Sergio Ramos cabeceó de cine. Se supone que la acción no estaría ensayada. Porque si a López Caro le ha dado tiempo a preparar, con tamaña precisión, esa jugada en la hora y media que entrenó el lunes al equipo significaría que el hombre es un fenómeno. Se manejó con enorme criterio el Madrid en el primer acto, pese a las carencias de Gravesen, al que se le podría justificar por aquello de que no juega en su puesto —algún día se sabrá dónde— y de Balboa, un chico que cogió fama gracias al par de bicicletas que hizo en un partido con el filial. Eran tiempos en los que las bicicletas, en este club, daban puntos.

Acumuló ocasiones el Madrid hasta que empezó a apocarse. Sin noticias de Baptista y con Robinho amagando, se encontró con un zambombazo de Bulut que se fue dentro. De inmediato entró en escena Rivaldo, que falló un gol que no falla ni dormido antes de marcar en plena caída en picado del Madrid. Lo hizo como si de un dominó se tratara, con Gravesen intentando tapar los huecos que él mismo creaba. El Madrid mixto que ayer se asomó a Atenas dio la cara, con las mismas consecuencias que cuando no la da.

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