‘El año del hambre en Madrid’: recorra el cuadro que encumbró a Aparicio por encima de Goya para después ser desterrado al olvido
El Prado presenta una exposición en torno a esta pieza monumental que sirvió de artefacto político durante el reinado de Fernando VII. Fue jaleada en la prensa, multiplicada en estampas, celebrada en canciones y poemas, hasta acabar destinada a mera decoración de pasillo
- Autor: José Aparicio
- Título: ‘El año del hambre en Madrid'
- Lugar: Exposición en el Museo del Prado hasta el 13 de septiembre
- Fecha: 1818
- Analizado por: Carlos G. Navarro, comisario y conservador del departamento de Pintura del Siglo XIX; y Celia Guilarte, comisaria y conservadora de museos.
Es un cuadro monumental, más grande que 'Las meninas' de Velázquez. Supera los cuatro metros de ancho y los tres de alto. Sus dimensiones refuerzan su importancia política en la época fernandina.
Se pinta en 1818, se lleva al Prado en su inauguración en 1819 y se cuelga en la sala tercera, el corazón del museo, junto a los retratos reales y otros cuadros de mensaje político.
En la columna aparece una inscripción en letras capitales doradas: "Constancia española. Año del hambre de 1811 y 12. Nada sin Fernando". Es un mensaje que forma parte de la propaganda política en un momento en el que rey Fernando VII era “el deseado”. Una persona extremadamente amada por los madrileños por haberlos liberado de la invasión francesa.
La escena sucede en los soportales de la plazuela de la Provincia, frente a la Plaza Mayor, cuya construcción con el paso del tiempo ha desaparecido. En este lugar el pueblo llano podía ver en persona a los reyes.
Uno de los tres soldados franceses ofrece pan a un hombre moribundo que lo rechaza. Tras la crisis alimentaria entre 1811 y 1812, este alimento representaba el 80% de la dieta de un madrileño. Ante la escasez, el ayuntamiento llegó a autorizar ingredientes no habituales en el pan como la patata.
La familia en el centro de la escena simboliza todas las fases del hambre: la hija y el bebé muertos, el padre y otra mujer moribundos y el yerno que rechaza el sustento de los invasores. Los niños funcionan como símbolo de la inocencia sacrificada, similar a la iconografía de la Revolución Francesa.
Este personaje come restos vegetales del suelo (coles, raíces abandonadas). Una de sus piernas está visiblemente hinchada y deformada, aludiendo a las enfermedades crónicas que dejó la hambruna años después.
El tazón dado la vuelta es otro símbolo de la escasez y el hambre.
La mujer que agarra a un bebé trata de impedir que la figura del majo madrileño, tocado con un sombrero de medio queso, agreda a los franceses.
En la familia central se concentran varios aspectos que le otorgaron especial modernidad a la pieza y al autor: el gesto del yerno inspirado en la pintura 'Marius en Minturno', del pintor Drouais, discípulo predilecto de Jacques-Louis David.
Los colores de las vestimentas que aparecieron con la restauración de la pieza (pardo, anaranjado, amarillo y encarnado) son los mismos que los del cuadro 'La muerte de Viriato' de Madrazo, ambos expuestos juntos en la Academia en 1818.
Antonio Gisbert, de ideología liberal, retiró este cuadro cuando llegó a la dirección del Prado en 1872 y lo almacenó por sus referencias a la monarquía absoluta.
La obra pasa de ícono popular al olvido y comienza un periplo por el Ministerio de Fomento, el pasillo del Senado, el Museo de Arte Moderno (en los bajos de la Biblioteca Nacional), donde el director Pedro de Madrazo, hijo del rival de Aparicio, lo mantiene sin visibilidad. En 1927 finalmente fue depositado en el Museo de Historia de Madrid, donde permanece hasta hoy.