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UN CUADRO AL DÍA

Jenny Saville y la mujer desnuda

Los museos han cerrado sus puertas, pero la contemplación del arte sigue abierta. Cada día, recordamos la historia de una obra que visitamos a distancia. Hoy: ‘Propped’, de la artista británica

'Propped' (1992), de Jenny Saville.
'Propped' (1992), de Jenny Saville.

El cuerpo de la mujer ha sido una conquista que los artistas han ejecutado en nombre de la pintura. Cuando hablamos de “desnudos gratuitos” disimulamos el alto precio que supone que sus cuerpos hayan estado callados y sometidos a los deseos masculinos. Durante siglos, los han construido a imagen y semejanza de su objeto de deseo. Los han reducido a su apetito sexual, con la excusa de la belleza, listos para ser consumidos. Por eso la irrupción de Jenny Saville cayó como una bomba en el canon que excluye a las mujeres: la pintora británica les expropió los desnudos en 1992, cuando presentó en sociedad Propped (Apoyada), un lienzo de dos metros de alto, protagonizado por una mujer de cuerpo desbordante, ajeno a la domesticación y al espanto de la idealización. Todo lo políticamente modélico fue sustituido por lo políticamente audaz, y se vetó el paso al machismo y a la sexualización. No fue una victoria baladí, porque como escribe Gilles Lipovetsky, el arte no ha sido nunca un entretenimiento puro, sino que “ha desempeñado un papel mayor en el orden imaginario y simbólico de las sociedades”.

El poder de Saville fue despertar las sospechas en los hechos consumados y sembrarlas en los demás. Quizá esa sea el objetivo del artista, hacerse un hueco en la mente del que mira. También se lo hizo en las cuentas del mercado, cuando en octubre de 2018 la pintura salió a subasta en Sotheby’s y reventó los precios la misma noche en la que Banksy montó el número del cuadro que se tritura después de venderse, que lejos de destruir nada o denunciar algo creó una obra cuyo valor se multiplicó después del espectáculo. Propped se vendió por 10,8 millones de euros (más del doble de lo esperado) y se convirtió en el precio más alto jamás pagado en subasta —hasta hoy— por una artista viva. La obra no se había vuelto a ver en público desde la mítica exposición Sensation, celebrada en 1997, en la Royal Academy of Arts, en Londres, cuya inauguración supuso el origen de los Young British Artists, los artistas canallas protegidos por el magnate de la publicidad Charles Saatchi.

La pintora siempre ha reconocido en Rembrandt (como en Velázquez, Lucian Freud y Francis Bacon) una referencia para “subir el volumen” de sus retratos, con pinceladas abstractas y cargadas de pintura, contrapuestas con las más austeras. Aprendió de Tiziano y de Tintoretto, de los maestros antiguos con su tío, y un día, cursando sus estudios artísticos, se preguntó: “¿Dónde están todas las mujeres en el pasado del arte?”. “Solo entonces, cuando se desveló la verdad, empecé a sentirme cabreada”, ha dicho Saville. Si como escribe Marta Sanz, en el lúcido Monstruas y centauras (Anagrama), “representar sea siempre una forma de usurpar”, Saville rescata y libera el cuerpo femenino del control masculino.

Visita virtual: Propped (1992), de Jenny Saville, se conserva en la Saatchi Gallery de Londres.